Discos

Café con churros

Alfredo López-Vivié Palencia
martes, 3 de octubre de 2006
Vals Café. Miguel Baselga, piano. Anatol Liadov: La Cajita de música; Adolf Schulz-Evler: Concert Arabesque sobre temas de Johann Strauss; Johannes Brahms: Vals nº 15, op. 39; Johann Strauss (arreglo de Ignaz Friedman): Voces de Primavera; Franz Schubert/Franz Liszt: Soirées de Vienne, valses-capricho nºs 6 y 7; Claude Debussy: La plus que lente; Maurice Ravel (arreglo de Miguel Baselga): La Valse. Producción: Columna Música, S.L.; toma de sonido, montaje y masterización: Albert Moraleda. Un disco compacto DDD de 56 minutos de duración, grabado los días 25 a 27 de julio en el Auditorio de Zaragoza. Columna Música 1CM0144. Distribuidor en España: Diverdi
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Sólo después de escuchar este disco reparé en un detalle de la fotografía de la carátula que me había pasado inadvertido visualmente, aunque no ‘inescuchado’: Miguel Baselga (Luxemburgo, 1966) se toma su café con churros. Toda una declaración de intenciones que se confirma en cada una de las estupendas versiones de valses que contiene esta grabación: Baselga no le echa nata al café -es decir, no se toma un café vienés-, sino que lo acompaña con su toque propio, consistente en evitar cualquier empalagamiento sustituyendo el exceso de azúcar con algo más consistente.

En efecto, Baselga se decanta -con buen tino- por una visión más bien introspectiva de estas preciosidades, que huye de pirotecnias gratuitas y favorece -sin atropellos y con lecturas clarísimas- el impulso interior del ritmo ternario. Y eso lo hace de modo irresistible, lejos de todo aburrimiento y con el mejor gusto. Si sirve la referencia -al menos a mí así me lo recordó- Baselga toca estos valses del mismo modo en que imagino que lo haría Esteban Sánchez (no sé si es casualidad o impronta del clima, pero ambos son españoles de tierra adentro: éste extremeño, y Baselga de raíces aragonesas).

El programa no podía estar mejor pensado: la deliciosa Cajita de Música de Liadov es un aperitivo tan breve como suficiente para captar la atención; enseguida, el célebre Concert Arabesque en el que Schulz-Evler peina al Danubio azul con todos los tirabuzones imaginables, y del que Baselga da una versión serena, preciosista -por supuesto-, 'rubateando' lo justo, con dinámicas amplias y siempre diversificando las voces; después otro oportuno intermedio más serio con Brahms (ojalá Baselga haga más Brahms en el futuro), y de nuevo a la vorágine straussiana, saboreando -pero sin regodearse en ellas- las notas del diabólico arreglo de Ignaz Friedman sobre Frühlingsstimmen.

Baselga da muestra de una elegancia innata para traducir las dos Soirées de Vienne, y eso es lo que hace falta para tocar estas piezas (por una vez, a Liszt no se le fue la mano); y tampoco le faltan dotes de seducción en La plus que lente, de modo que el ambiente queda dispuesto para el torbellino final de la famosa Valse raveliana, que Baselga da en arreglo propio. Hablar de ‘reducción’ para piano resulta una insensatez, porque en este trabajo están todas las notas, todos los colores, todos los sabores y todos los vértigos del original.

Un disco así, cuando sale mal sólo se aguanta una vez; éste no sólo tolera sino que incita a múltiples audiciones (la excelente toma de sonido ayuda). No hace falta que uno se ponga trascendente, puede compaginarse la escucha atenta con un café con churros, mientras se leen las muy entretenidas notas de Ricardo Llorca sobre los orígenes y transformaciones del vals.

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