España - Madrid

El hechizo de la sonoridad de un conjunto de vientos

Juan Krakenberger
jueves, 30 de marzo de 2006
Madrid, jueves, 23 de marzo de 2006. Auditorio Nacional / Sala Sinfónica. Jean Françaix, Serenata para pequeña orquesta. Daniel Schnyder, Concierto para trombón bajo y orquesta ‘subZERO’. W. A. Mozart, Serenata en si bemol mayor K 361 ‘Gran Partita’. Solista trombón: Stefan Schulz. Ensemble Madrid Berlin: Solistas de la Filarmónica de Berlin / Factum Cámara. Director: Michael Hasel. XV Ciclo de Conciertos de la Universidad Politécnica de Madrid. Aforo: 65%
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Cualquier melómano madrileño que se enteró que se podía oír la Gran Partita de Mozart en vivo tendría que haberse interesado por presenciar tal evento. Por eso extraña que no haya habido un lleno absoluto. No me consta que esa obra haya sido tocada aquí durante los últimos 20 años, porque reunir a trece músicos que sean capaces de ejecutarla con calidad no es tan fácil, más aún si se necesitan dos corni di basetto (hoy se llaman clarinetes bajos). Hay diversas grabaciones de esta obra en el mercado, pero acústicamente no hacen justicia a esta música, de tan rica sonoridad. Oírla en vivo es casi, casi, indispensable para gozarla plenamente.

El hecho que haya habido inquietud, por parte de un grupo de jóvenes músicos españoles (Factum Cámara) de reunirse con el conocido 'Quinteto de Vientos de la Filarmónica de Berlín' los honra, y que la Universidad Politécnica les haya brindado la ocasión de presentarse en conjunto fue una excelente idea. Ojalá nos visiten de nuevo con otras obras. Porque, a decir verdad, superaron todas mis esperanzas, tanto en calidad técnica como sonora. Esto fue una verdadera fiesta para los oídos.

Aclararé que Factum Cámara está integrado por el Cuarteto Leonor, el Factum Trío, el Quinteto Hyperyón, el Octeto Filarmónico de Madrid, y músicos de la ORTVE y OSM. Michael Hasel es el flautista del Quinteto de la Filarmónica de Berlín, pero no tocó su instrumento sino dirigió a este grupo liderado, en las respectivas filas, por los otros cuatro componentes de ese quinteto. Siendo así, en las diferentes obras tuvieron roles destacados los siguientes músicos: Delphine Caserta (1º violín), Álvaro Huertas (violoncello), Edicson Ruiz (contrabajo), Andreas Wittmann y Ricardo Gassent Balaguer (oboes y corno inglés), Walter Seyfarth y Miguel Pérez (clarinetes), Luis M. Méndez y David López (corni di basetto), Henning Trog (fagot), Fergus Mc William y Luis Morato (trompas I y II), Baltasar Perelló (trombón), Miguel Bernat y Maria Schneider (percusión), y Sebastián Mariné (piano). Como se advierte, mayoría española, lo que es digno de aplauso.

Confieso que tengo una debilidad por los conjuntos de viento de estas características. Hace ahora 50 años tuve la suerte de poder dirigir unos Divertimenti para vientos de Mozart al aire libre en Lima (Perú), donde no se pudo hacer la Gran Partita por falta de esos corni di basetto. Pero vamos al grano..

El concierto se inició con la Serenata para pequeña orquesta de Jean Françaix, compuesta a los 22 años, en 1934. Tiene cuatro breves movimientos, todos de un exuberante buen humor, con ritmos de music-hall a la francesa. Está escrita para cuarteto de cuerdas más contrabajo, flauta, oboe, clarinete, fagote, trompa, trompeta y trombón. Se confirma el gran apego que Françaix siempre demostró por los instrumentos de viento, que tienen la voz cantante casi permanentemente. Las cuerdas contribuyen a dar color: en el segundo movimiento tocan con sordina y no obstante se les oye, por la magnífica orquestación transparente de los vientos, que estuvo en excelentes manos. La obra es una auténtica delicia: muy fina, muy sabrosa y elegante. Michael Hasel la dirigió -no usa batuta- logrando contrastes dinámicos y rítmicos de gran efecto. ¡Excelente!

En segundo lugar, un estreno para España (el programa no lo dice, pero dudo que se haya oído antes aquí), a saber, el Concierto para trombón bajo y orquesta 'subZERO', del suizo Daniel Schnyder, nacido en 1961. Se trata pues de una obra contemporánea, a propósito de la cual el propio compositor manifiesta que pretende que en su música tenga cabida todo lo que hasta ahora haya habido: música clásica, jazz, postmodernismo, Avant Garde. Los tres movimientos se llaman 'subZERO', 'Sama I Taquil', y 'ZOOM OUT'. Lo que más me llamó la atención de la obra es su riqueza rítmica. 2/4, ¾, 4/4, 5/8, 6/8 se alternan constantemente, y no obstante esta música se escucha con interés y agrado. A ello contribuyó la actuación del joven solista Stefan Schulz, que dominó su difícil cometido con total soltura. Esta obra fue un encargo de un conjunto neoyorquino, y data de 1997. Nuevamente tuvieron preponderancia los instrumentos de viento, esta vez reforzados por la percusión y el piano. Me llamó la atención un pasaje unísono entre el trombón solista y el piano, rítmicamente complejo y sin embargo limpio y sonoramente atrayente. Hasel fue un director muy eficaz, dirigiendo con total soltura para hacer frente a estos intrincados ritmos Me enteré que el concierto requirió apenas tres días de ensayos: una proeza que habla muy bien de todos los participantes.

Y después del intermedio, el plato fuerte del concierto: la Gran Partita, Serenata en si bemol mayor, K 361, de Mozart, tocada sin director. Es una obra importante que dura más de tres cuartos de hora, y su magia consiste en la diversidad sonora: la forma como Mozart alterna los tutti con pequeños grupos -cuarteto de clarinetes y corni di basetto, sexteto de oboes, corni y fagotes, con el contrabajo haciendo de percusión, etc., etc.- es genial. Y aquel 'Adagio', el tercer movimiento, que no tiene forma alguna, podría haber sido la idea de un compositor contemporáneo. Esto fluye mágicamente, destacándose algún corto episodio solista de uno de los instrumentos que asoma de vez en cuando: puro sonido y nada más: ¿cómo es posible concebir tanta belleza con tanta sencillez? Son doce instrumentos de viento y contrabajo, que producen esa magia: sendos pares de oboes, clarinetes, corni di basetto, y fagotes, más cuatro trompas. Todos cumplieron con una afinación envidiable, y ante la ausencia de director, las entradas corrieron a cargo del primer oboe y del primer clarinete. Se tocaron todas las repeticiones, lo que es de agradecer, aún si ello provocó el único accidente de la noche: una entrada extemporánea del primer fagote, que se olvidó de una de las repeticiones. Peccata minuta, ante la impecable actuación del mismo, acto seguido, en un pasaje de gran relevancia. Bravos y aplausos premiaron la labor de los músicos, que nos regalaron, como bis, una repetición del '2º Minueto'.

¡Que pena que la sala no se llenó! Para mí fue uno de los conciertos que más satisfacción me han dado en mucho tiempo. ¿Porqué no le ponen la próxima vez un cartel que dice: ¡Reservado para conoscienti! A lo mejor, así atraen a más gente.

El programa de mano, estéticamente muy bonito, con fotos alusivas a músicos, obras, y las biografías del director y solista, trae comentarios escritos por el 2º oboe y corno inglés Ricardo Gassent Balaguer.

¡Que se repita!

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