Discos

Die Meistersinger von Wien

Josep Mª. Rota
jueves, 6 de abril de 2006
Richard Wagner, Die Meistersinger von Nürnberg. Paul Schöffler (Hans Sachs), Gottlob Frick (Veit Pogner), Karl Terkal (Kunz Vogelgesang), Eberhard Waechter (Konrad Nachtigall), Erich Kunz (Sixtus Beckmesser), Hans Braun (Fritz Kothner), Erich Majkut (Balthasar Zorn), Fritz Sperlbauer (Ulrich Eisslinger), William Wernigk (Augustin Moser), Harald Pröglhöf (Hermann Ortel), Adolf Vogel (Hans Schwartz), Ljubomir Pantscheff (Hans Foltz), Hans Beirer, (Walther von Stolzing), Murray Dickie (David), Irmgard Seefried (Eva), Rosette Anday (Magdalene), Frederick Guthrie (Nachtwächter), Chor und Orchester der Wiener Staatsoper; Fritz Reiner, director. Cuatro discos compactos de 258 minutos de duración AAD (monoaural remasterizado); grabado en vivo por la ORF en la Staatsoper de Viena el 14 de noviembre de 1955. Orfeo d’Or C 667 054 L. Distribuidor en España: Diverdi
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Cita Wagner en Mein Leben que los vieneses se ofendieron ante el anuncio del estreno de Die Meistersinger von Nürnberg. ¿Maestros cantores los nuremburgueses? ¿Qué otra ciudad podía ser más musical que Viena? ¡Ellos sí eran auténticos maestros cantores! Durante mucho tiempo, Meistersinger fue la obra de Wagner más popular entre los vienes, como lo era entre los alemanes todos. Después de la guerra se progamó en el Theater an der Wien y, en 1955, en la temporada de reapertura de la Staatsoper en el Ring, de donde proviene esta grabación. Cuenta Gottfried Kraus en las notas que la producción no gustó, como tampoco gustó la dirección de Fritz Reiner. Que no gustara la producción se entiende, pues pretender “desnazificar” las obras de Wagner a base de despojarlas de su contenido poético y emocional acaba pasando factura. ¡Allá los germanos y sus complejos!

Sorprende más que no gustara Reiner, experto maestro de foso. Su lectura está alejada, sin duda, de “la gran tradición”: así, desde los primeros compases de la obertura se aprecia la transparencia, ligereza y claridad de su orquesta; visión polifónica y contrapuntística por encima de todo (contracanto de los violonchelos y contrabajos en la reexposición de la obertura, o el magnífico coro fugado en la pelea del segundo acto, por citar solo un par de ejemplos). Sabe acompañar a los cantantes y destacar los detalles líricos de la inmensa partitura. Los filarmónicos vieneses son puro terciopelo en manos de Reiner. Pero el pulso no decae en ningún momento. En el 'Wach’auf' consigue crear un gran efecto de tensión acumulada. Al final, en la arenga de Sachs, saca toda la artillería y concluye la magna obra de manera espectacular.

Quienes sí gustaron, y mucho, fueron los cantantes, desde el veterano Schöffler al debutante Beirer. El primero fue aplaudido por los vieneses al hacer su entrada en la pradera del concurso de canto; el segundo fue loado por la crítica, que valoró su apuesta presencia y su auténtica voz de tenor heroico. Schöffler ha sido seguramente el ‘Sachs’ por antonomasia de los años 40 y 50, continuador de los ilustres Schorr, Nissen o Bockelmann. Este ‘Sachs’ maduro debe añadirse a los ya conocidos con Abendroth, Böhm y Knappertsbusch y merece ser respetado. Schöffler canta (¡y cómo!) sin atisbo de fatiga durante las cuatro horas y cuarto; reflexiona, aconseja, bromea, se enfada, arenga y, sobre todo, insisto, canta. Uno no puede menos que emocionarse cuando Schöffler se gira (audiblemente) y se dirige a los maestros y al pueblo en defensa de ‘Walther’.

Hans Beirer también gustó a crítica y público. Pero el en todas partes denostado Beirer no se libra tampoco esta vez de los oprobios. El mismo Gottfried Kraus, que informa que Beirer cantó indispuesto, lo califica como el lunar de bulto de la velada. Además de indispuesto, estaba Beirer audiblemente nervioso (confunde el texto en su canción del concurso, cosa que padecen y han padecido otros ilustres, por otra parte). La voz suena, naturalmente, velada y se nota el esfuerzo en los pasajes más tirantes; pero apenas se reserva y canta con arrojo y valentía, mostrando una voz viril y robusta. En nada desmerece Beirer el excelente nivel global de la función.

Kunz es, si no el mejor, de los mejores ‘Beckmesser’ habidos y por haber. Su escribano canta tan bien como ‘Papageno’ y actúa con tanta gracia como el ‘Barón Mirko Zeta’. Una delicia. Y hablando de delicias, la maravillosa Seefried, de voz cristalina, compone una ‘Eva’ enamorada y soñadora. A su lado, el imponente Frick dibuja un respetable orfebre a la vez que bondadoso padre. Bien la pareja cómica, formada por la veterana Rosette Anday y el recién incorporado Murray Dickie. Excelente el conjunto de ‘Maestros’, así como el ‘Sereno’. Entre los habituales Majkut, Wernigk, Pröglhöf y Pantscheff (todos ellos con el mismo papel en la versión de estudio de ‘Kna’, excepto Wernigk -aquí Moser, allí Eisslinger-) destacan los luego famosos Hans Braun y Eberhard Waechter. Los coros, en fin, están al mismo altísimo nivel de orquesta y solistas.

El sonido, monoaural en origen, es sorprendentemente bueno; muy bueno, me atrevería a decir, dada su procedencia. Además de a los anónimos técnicos de la Radio Austríaca (ORF), supongo habrá que dar las gracias a los autores del remasterizado digital. La carpetilla incluye las notas de Gottfried Kraus, y una introducción del actual intendente de la Staatsoper, Ioan Holender, en alemán, inglés y francés; así como fotografías de diversas producciones de Meistersinger.

En resumen, unos Maestros de gran nivel, dignos de codearse con los de Knappertsbusch, Kempe, Furtwängler, Böhm, Abendroth, Jochum o Karajan, y que ningún wagneriano debe obviar.

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