República Dominicana

Michel Camilo Trío: swing y sabor

Antonio Gómez Sotolongo
miércoles, 26 de abril de 2006
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Santo Domingo, viernes, 7 de abril de 2006. Sala Eduardo Brito del Teatro Nacional. Michel Camilo Trío. Piano: Michel Camilo. Contrabajo: Charles Flores. Batería: Dafnis Prieto. Aforo: 98%
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Eran casi las nueve de la noche cuando salieron a escena y recibieron la primera ovación de una casa abarrotada. Durante la sesión, en la que interpretaron temas propios y ajenos de diferentes épocas, el conjunto hizo la música, los intérpretes pusieron sus voluntades, virtudes y técnicas en función de la emoción, de construir un diálogo elocuente, sin fisuras capaz de infundir éxtasis en las almas. Dos décadas después de su primera presentación en el Carnegie Hall de Nueva York con una formación como esta, no cabe la menor duda de que Michel ha alcanzado la maestría en el estilo, y que es un artista en el ensamblaje de la música para este formato.

Michel produce un universo sonoro en cada una de sus improvisaciones partiendo de la recurrencia a frases o motivos -a veces imperceptibles- que elabora hasta la saciedad. Y en el proceso arduo de engrandecer y recrear esos argumentos no le teme -¿o será ese su deseo consciente?- a encontrarse de pronto ante cualquier tema conocido, propio o ajeno, y citarlo explícitamente. Así, después de muchos rodeos y recreaciones, durante la sesión se topó de frente con Gershwin y sin titubear citó algunos compases de Rhapsody en Blue; llegó a las cercanías del segundo movimiento de su Concierto para Piano y Orquesta, un tema que siempre me suena más a milonga que a blues, y aunque no lo citó rotundamente paseó su espíritu por el auditorio; y para no dejar, después de muchos compases de imaginería sin límites cayó de lleno en Hojas Muertas, y… como quien dice: bueno… claro… es que aquí están, entonces a escucharlas. Es tal la maestría de Michel para controlar el caos de la improvisación, que si nos dispusiéramos a transcribir nota por nota lo que dijo durante la sesión nos encontraríamos con una partitura formalmente perfecta. Por otra parte, cuando el conjunto expone los temas escritos lo hace con toda contundencia, y los bloques son de un virtuosismo musical de altos quilates.

En este mundo de ilusiones Charles Flores, quien milita en el conjunto desde hace unos pocos años, debió emular con su predecesor en el puesto, tuvo que resolver en el extenso diapasón del contrabajo las infinitas piruetas que Michel escribió para interpretar en bloque con un maestro de la guitarra bajo, y si como dice el refrán: “Una cosa es con guitarra y otra con violín”, imaginémonos lo que significa la cosa con un contrabajo. Flores es un contrabajista con dotes excepcionales, reúne la depurada técnica de la mano izquierda, capaz de volar por el diapasón, con un gran sabor timbero. Sus improvisaciones tienen coherencia, se basan tanto en los conceptos universales del jazz clásico o estándar como en las células de la rumba, el mambo o el son cubano, tiene sus raíces tanto en Harlem, el arrabal porteño o el solar habanero.

Dafnis Prieto, quien ocupó la vacante que dejó 'El Negro' Hernández hace un par de años más o menos, lució gran capacidad para engarzar con clave precisa el ensamble. Mostró buen tono y homogeneidad de sonido entre membranófonos e ideófonos en los solos, y construyó el acompañamiento con sabrosura y una lógica muy melódica, casi contrapuntística.

La sorpresa final fue la aparición en escena de Guarionex Aquino, el compadre de Michel Camilo, quien fue muy aplaudido por sus intervenciones con una amplia gama de sonajeros, panderos, campanas, tumbadoras y silbatos.

Sin dudas, la noche del 7 de abril disfrutamos de un espectáculo excepcional y memorable, poco frecuente en las estáticas salas de esta ciudad.

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