Estados Unidos

El fiasco del MET

Horacio Tomalino
viernes, 5 de mayo de 2006
Nueva York, miércoles, 29 de marzo de 2006. Lincoln Center, Metropolitan Opera House. Luisa Miller, ópera en tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Salvatore Cammarano, basado en la obra de Friedrich Schiller ‘Kubale und Liebe’ (Intriga y Amor, 1784). Estreno: Teatro San Carlo de Nápoles el 8 de diciembre de 1849. Elijah Moshinsky, director escénico. Elenco: Carlos Álvarez (Miller), Verónica Villarroel (Luisa), Tamara Mumford (Laura), Eduardo Vila (Rodolfo), Stephen West (Wurn), James Morris (Conde Walter), Wendy White (Frederica). Orquesta del Metropolitan Opera House. Maurizio Benini, director musical. Temporada 2005-6
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Muchos factores coincidieron para hacer de esta reposición de Luisa Miller el autentico fiasco de la temporada del MET. Primero, la cancelación de Bárbara Frittoli, quien fue reemplazada por una Verónica Villarroel aparentemente enferma. Luego la ausencia del tenor Neil Shicoff en varias de las representaciones, siendo reemplazado por un tenor que en cualquier compañía seria no pasaría de cantar “el sirviente de Amelia de un Ballo in Maschera”. Lo cierto es que si esta “poco feliz” reposición de la ópera verdiana llegó siempre a buen puerto fue por la intachable labor del maestro Maurizio Benini a cargo de la orquesta del MET y por la muy atractiva y conservadora producción firmada por el regista Elijah Moshinsky.

Musicalmente hablando, el director italiano fue el único -con la contada excepción del barítono español Carlos Alvarez- que tenía una idea concreta de lo que estaba haciendo. Su lectura de la partitura ya desde la obertura fue vibrante, precisa y totalmente en estilo verdiano. Desde el podio el director italiano hizo cuanto pudo por coordinar -sin mayores resultados- el trabajo de los cantantes.

El destructivo rol de ‘Luisa Miller’ nunca fue ideal para la soprano chilena. Aun en sus comienzos, el primer acto siempre le ha provocado más de un tropiezo y esta vez no fue la excepción. Su aria de entrada la mostró tirante en los agudos y muchas veces con la voz engolada y calante. En el resto de la opera se la notó fatigada y con tendencia a forzar en los agudos, pero a pesar de ello supo tener su momento de gloria en un ‘Tu punisci…’ muy bien cantado y en el terceto final donde se la vió muy histriónicamente compenetrada con el papel.

Escena del I acto
Fotografía © 2006 by Ken Howard & Metropolitan Opera

Olvidable la caracterización de ‘Rodolfo’ del tenor Eduardo Vila. Más allá de las buenas intenciones y de haber asumido la responsabilidad de reemplazar al tenor Neil Shicoff, su prestación es inaceptable para un teatro de la categoría del MET. No basta dar las notas, sino el modo en como se dan. Vila no tiene línea de canto, sus agudos son forzados y no tiene el menor gusto. Con tales antecedentes, ya el lector puede darse una idea del resultado de ‘Quando le sere al placido’ y qué hablar de la cabaletta ‘Ahime!’

En menor medida, pero también cuestionable, fue Wendy White como la ‘Duquesa Frederica’. Sin los graves requeridos para el rol, y mas cerca del ‘Cherubino’ que de la ‘Duquesa’, White llega con corrección y sin descollar, al final de la ópera.

Nadie es capaz de cuestionar el profesionalismo y los sólidos medios del bajo americano James Morris. En este momento de su carrera no le aporta absolutamente nada el rol del ‘Conde Walter’ y esto es evidente. Su caracterización tiende a ser anodina e inexpresiva. Es como si hubiera bajado un par de horas del Walhalla a este pueblito del Tirol a comer Sacher torte, y de paso pegar una mirada a cómo viven los mortales sin importarle demasiado comprometerse con lo que sucede a su alrededor. Una pena, pues el rol da para mucho más. Reemplazando a último minuto a Phillips Ens, el ‘Wurn’ de Stephen West aportó calidad, superando con solvencia los escollos del malvado personaje.

En medio de este aquelarre, Carlos Alvarez emerge como un autentico paladín justiciero del canto verdiano, seguido aunque a varios kilómetros de distancia por un Stephen West en buena forma. El barítono español posee todas las cualidades que requiere el canto verdiano. Su ‘Miller’ es un regalo para los oídos, tanto por el fraseo como por la calidad del canto y su seguridad técnica. Su ‘Sacra La Scelta…’ y su cabaletta fueron un autentica clase de canto y justificó que el público no reclamara la devolución del valor de las entradas.

Como si se hubiese padecido poco, el coro del Met gritó a más no poder y coronó esta lamentable noche con otra deplorable prestación.

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