Entrevistas

El Kronos, o cuando el cuarteto de cuerdas perdió su eurocentrismo

Fernando Peregrín Gutiérrez

martes, 16 de mayo de 2006
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Forman un cuarteto de cuerda muy especial, tal vez único en el mundo. Fundado en 1973, en Seattle, estado de Washington, residen hoy en San Francisco, desde donde eligen con parsimonia y selectividad, para dar sus recitales públicos, de entre las numerosas invitaciones que reciben de todo el mundo, aquellas que más les placen, que mejor cuadran con su repertorio y estilo de hacer música.

Son artistas de los llamados de culto, con fieles y numerosos seguidores que compran una detrás de otra, todas sus grabaciones. En Estados Unidos, en cuanto la sección de clásico de una tienda de discos sea un poco decente, tenga un cierto tamaño, es casi seguro que hay un hueco especial dedicado a las grabaciones del cuarteto Kronos; hasta en un pequeño centro comercial en el borde del desierto, en Colorado, he podido escoger entre varios discos de este grupo, apilados en su correspondiente cajetín.

Este hecho puede explicar las razones de que al Cuarteto Kronos, según nos confiesan, no parece haberle afectado la crisis profunda y galopante en que se haya inmerso el mercado del disco de música clásica. La reciente salida al mercado de su último disco, Drácula, será una buena ocasión para comprobarlo.

Tras el reciente concierto ofrecido este pasado mes de agosto en el Monasterio de Veruela, tuvimos ocasión de hablar con su fundador y primer violín, David Harrington.

Tiene las maneras suaves de un intelectual universitario, con cierto aire postmoderno en el vestir, aunque también podría pasar por un destacado componente, un guitarrista o un vocalista, pongo por caso, de un grupo de música del pop melódico o de la new age.

Mientras nos preparamos para la entrevista y tras comentarle lo mucho que nos había gustado la obra de la joven compositora yugoslava Aleksandra Vrebalov, nos cuenta que ésta, a la que había conocido en San Francisco, se hallaba en su país mientras los americanos lo bombardeaban; y que había estado angustiado por ella, hasta que Aleksandra se puso en contacto con él y le dijo que se encontraba bien y que no había dejado ningún día de escribir, al menos siete notas, para la nueva composición que le había encargado el Cuarteto Kronos. "Estas cosas tan profundamente humanas sólo ocurren en la música", nos confiesa sonriendo.

Pregunta: ¿Por qué fundó el cuarteto Kronos? ¿Tiene algo que ver con los movimientos artísticos y culturales de aquellos años, tanto en California como en otros estados de la costa del Pacífico?

Respuesta (David Harrington): En realidad fue más simple y sencillo que todo eso; fue una respuesta directa a la audición de Black Angels, de George Crumb. Para mí, esa pieza fue como una especie de revulsivo artístico. Yo, desde muy joven, he tocado en un cuarteto, con amigos, y siempre quise dedicarme profesionalmente a ello. Tocábamos la literatura tradicional del cuarteto de cuerdas. Entonces oí Black Angels y cambió toda mi vida. Fue como un mandato, más que un deseo o una intención de dedicarme a ese tipo de música.

M.C.: ¿Desde cuando su interés por la música de diferentes culturas?

D.H.: Desde que era un crío. Noté que había más música de la que se enseñaba formalmente en escuelas y conservatorios, la música de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, etc. Todas esas personas vivieron en la misma ciudad. Si miramos en el mapa, vemos una pequeña área en torno a Viena, donde se hizo prácticamente toda la literatura clásica para cuarteto de cuerdas. Y el mundo es mucho más grande. Y a medida que me iba familiarizando con otros tipos de música, me di cuenta que había muchas cosas, muchos sonidos que no estaban en el repertorio del cuarteto de cuerdas. De manera que, poco a poco, año tras año, empezamos a tocar música de compositores de otras partes del mundo, de otras culturas distintas de la nuestra, la euroamericana. Pero fue un proceso lento, muy lento, que nos requirió mucho tiempo.

M.C.: Cuando encargan una obra a un compositor de una cultura distinta de la llamada euroamericana u occidental, ¿qué van buscando? ¿Qué son ustedes capaces de interpretar eso que se llama música étnica o que pueden conseguir que compositores de otras etnias, de otras culturas, hagan música para la formación más emblemática de la música culta occidental, esto es, el cuarteto de cuerdas?

D.H.: En primer lugar, estoy de acuerdo con usted de que el cuarteto de cuerdas es la agrupación que produce el sonido central de la música que usted y yo amamos; desde luego es el sonido fundamental de mi vida. La razón puede ser el que unos grandes artistas han dedicado a este tipo de agrupación algunos de sus mejores pensamientos musicales; por lo tanto para mí lo importante es eso: que los compositores a los que pedimos una obra den lo mejor de si mismos al componerla. Por lo tanto, para mí lo importante no es de dónde sea, en dónde haya nacido el compositor, sino lo que sea capaz de hacer para un cuarteto de cuerdas.

M.C.: Si no les importa el origen del compositor, ¿por qué entonces lo mencionan siempre que anuncian una obra al público, durante sus recitales, o destacan este hecho en la información que acompaña a sus grabaciones?

D.H.: No es importante, pero es un hecho que compositores nacidos en diversas partes del mundo y procedentes de distintos ambientes pueden ampliar el espectro de experiencias musicales de un cuarteto de cuerdas. ¿Se imagina por un momento si Beethoven hubiese tenido oportunidad de oír música centroafricana? Se hubiese vuelto loco de interés y su música hubiese reflejado eso. Simplemente, no tenía ni idea de que tal música existiese. Ni la música raga de la India, que se estaba componiendo en los mismos días en que Beethoven escribía sus sinfonías y cuartetos. O la ópera china...Si hubiese tenido noticias de estas músicas, le habrían afectado, sin duda alguna. Mire usted, cada uno de nosotros está definido no sólo por lo que sabemos, sino también por lo que no sabemos. Para mí, una de las grandes alegrías, uno de los grandes placeres de ser un músico en este tiempo, es que podemos tener acceso a músicos que se inspiran en todos los tipos de música que se hacen en el mundo.

M.C.: ¿Cree usted en la música como lenguaje universal? ¿Cree que nacemos con unos circuitos neuronales genéticamente programados que nos predisponen para la música, como nacemos, según Noam Chomsky, y parece bastante demostrado a estas alturas, con la habilidad innata para el lenguaje?

D.H.: [Duda, y se queda pensando un buen rato]. No estoy seguro, no lo se. No obstante, soy un entusiasta admirador de Chomsky. Le contestaré de otra manera: fíjese en los niños pequeños, sean de donde sean. Nunca he conocido a un niño que no se emocione con la música. Siempre que hemos tocado para niños, y lo hacemos siempre que podemos, me he quedado admirado y sorprendido de su respuesta, de sus reacciones de placer y satisfacción.

M.C.: En España, la crítica musical establecida, la crítica de los medios especializados y de los grandes diarios nacionales, no parece muy partidaria del Cuarteto Kronos y de su trayectoria. Incluso se ha dicho que es una pena malgastar tanto talento en músicas tan marginales, de autores tan "periféricos" (valga la expresión, ya que estamos hablando desde perspectivas claramente eurocéntricas) y no dedicar la atención a los compositores academicistas y cultos de la contemporaneidad occidental.

D.H.: [Risas y gestos de asentimiento con lo expuesto en la pregunta] ¿Por qué esa gente no escribe de una vez buena música, buenas piezas para cuarteto de cuerdas? Créame, he oído toda esa música a la que usted se refiere. Me mandan grabaciones de todo el mundo. Dedico más de quince horas diarias a estudiar posibles nuevos compositores, a oír todo lo que puedo a fin de ampliar nuestro repertorio. Pero no solo nos pasa eso con compositores españoles: constantemente nos llegan propuestas de todo el mundo, le repito. Estoy esperando a oír algo interesante, algo que me llegue al corazón, algo que me haga emocionarme de verdad. Y nada de eso me ha llegado todavía de España, siento decírselo.

M.C.: ¿Se ha interesado alguna vez por el flamenco?

D.H.: Esta mañana, a las cinco, he estado escuchando algo increíble: La Niña de los Peines. Es una de las mas grandes artistas que haya escuchado. Es como si tuviera un violín dentro de su pecho. ¡Qué sonido tan increíble! Ese es el tipo de músicos que me gusta, ese es el sonido que me gustaría poder incorporar algún día a nuestro repertorio

M.C.: ¿Y por qué, hasta la fecha, no lo han hecho?

D.H.: Lo haría ahora mismo si conociese la gente adecuada para que nos compusiese esa música. Nada de lo que he conocido se acerca lo más mínimo a lo que yo busco. ¿Conocen ustedes a alguien?

[Llegados a este punto, Xoan M. Carreira le apunta un par de nombres de compositores españoles. Nos pide insistentemente que le pongamos en contacto con ellos y que le enviemos ejemplos de sus composiciones relacionadas con el flamenco. Le prometemos complacerle lo antes posible]

D.H.: [Continúa con énfasis] No queremos hacer algo solo por que sí; nos tiene que convencer. Cuando trabajamos con Astor Piazzolla estaba claro que era la persona adecuada, la persona idónea para lo andábamos buscando. Sabía perfectamente lo que hacía y lo que nosotros queríamos. Y si vamos a hacer algo así con la música flamenca, es imprescindible que encontremos la persona precisa. Yo busco la realidad de la música, algo como lo que me ocurrió esta mañana oyendo a La Niña de los Peines, que producía un sonido tan especial...Sé que nosotros, el Cuarteto Kronos podemos reproducir ese sonido, pero necesitamos a alguien que nos traduzca ese sonido y esa pasión tan pura e intensa en música que nosotros podamos interpretar.

M.C.: El Kronos es célebre por haber indagado profundamente en la posibilidades tímbricas del cuarteto de cuerdas tradicional y por haber enriquecido su espectro sonoro: ¿es una pura cuestión de técnica, de muchos ensayos o de disponer de oídos privilegiados?

D.H.: Es una cuestión de deseo de hacerlo, de ganas y voluntad de realizarlo. Cuando trabajas con un compositor, que va buscando un determinado sonido, y te encierras en una habitación con él, e indagas, y buscas, y tienes que encontrar formas nuevas de tocar que produzcan el timbre que vamos buscando, las cosas salen casi sin que sepas bien el por qué. Creo que éste es uno de los mayores beneficios de trabajar muy estrechamente con el compositor y de que éste proceda de culturas que producen sonidos que no forman parte de nuestra tradición euroamericana. Es lo que pensamos hacer si seguimos adelante con el proyecto de la música flamenca. Un gran compositor es un profesor, un gran maestro que nos enseña muchas cosas. Henryk Gorécki, por ejemplo, es un gran maestro, fantástico profesor de música. Cada nota es para él toda una vida, todo un universo, y te lo cuenta con todo, con la mirada, con la expresión...y cuando estas junta a alguien así, tocas de forma diferente, con mayor inspiración. Ese es el tipo de gente con la que quiero trabajar.

M.C.: ¿Qué opina sobre las grabaciones de obras de compositores contemporáneos que se llevan a cabo con subvenciones oficiales, muchas veces sin demasiado interés por parte de los intérpretes y bajo la coartada de "promocionar " la música llamada culta de tal o cual país?

D.H.: No se que contestar. Estoy a favor de las subvenciones, ya que de otro modo no habría seguramente compositores. Pero estoy en contra de los compositores que escriben muchas y muy complicadas notas para hacer creer que su música es más culta, de más nivel, y por tanto, son más inteligentes, saben más y se merece más subvenciones. Eso es un juego absurdo. Y nosotros no entramos en él. Grabamos la música que nos gusta, que nos llega al alma, por así decirlo, y no la que nos encargan.

He oído tantas veces decir de músicas muy bellas y, para mí, muy verdaderas que no son lo suficientemente complicadas o elaboradas, ¡qué no suenan a música moderna! Esto es una tontería. No me preocupan ni la fama ni las recomendaciones a la hora de escoger nuestro repertorio. Lo único en lo que confío es en mi oído. Incluso si Dios me dijese: "Esa es una gran obra", no me lo creería hasta que no la hubiese escuchado yo.

M.C.: Amén.

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