España - Aragón

Máxima perfección, total serenidad

Lucía Lahoza

martes, 19 de diciembre de 2000
Zaragoza, miércoles, 13 de diciembre de 2000. Auditorio de Zaragoza. Sala Mozart. Obras de L. v. Beethoven: Sonata para piano nº 12 en La bemol Mayor’, Op. 26, ‘Sonata para piano nº 21 en Do Mayor’, Op. 53 Waldstein; G. Enescu:’Sonata para piano nº 1 en Fa sostenido menor’, Op. 24,1; L. Janacek:’Por los caminos de hierba’, Selección. Pianista: Radu Lupu. III Ciclo de Grandes Maestros del Piano. Aforo: 1992 localidades. Asistencia: 85%
Y se cumplió lo esperado. Radu Lupu demostró su talento y genialidad tal y como el numeroso público asistente en la sala esperaba. Con su habitual silla con respaldo comenzó y terminó el concierto con el mismo autor, el eterno Beethoven. Las dos sonatas que presentaba del genial alemán estaban creadas en diferentes períodos estilísticos de su actividad compositiva. La Sonata en la bemol mayor, la que abrió la velada, fue compuesta entre 1799 y 1801 y se sitúa en el tránsito entre un estilo clásico, aún cercano a las maneras de creadores como Mozart y Haydn y un período en el que la personalidad beethoveniana empieza a manifestarse de una manera más evidente brillando ya la fuerza expresiva que empezaba a marcar el camino de la corriente romántica. Así, dentro de un ambiente totalmente clásico, en esta obra se aprecian unos contrastes dinámicos más propios de obras posteriores del compositor. No obstante, el virtuoso optó por una interpretación de carácter clásico haciendo disfrutar al público de las melodías y temas musicales desde un ambiente de tranquilidad y relajamiento.No ocurrió lo mismo con la Waldstein, sonata con la que cerró el concierto. Ésta, inserta dentro de un desarrollo compositivo más maduro y personal de Beethoven se prestó a una interpretación más radical en lo que a las dinámicas expresivas se refiere y en la que Radu Lupu mostró todo su buen hacer en el paso radical de fuertes a pianos logrando mágicos momentos en los que el timbre y el color del sonido emocionaban más que la propia música, penetrando de modo profundo y delicado.La propuesta de la Sonata en fa sostenido menor, Op. 24,1, del rumano George Enescu, escrita en 1924 y publicada en 1956, fue otro de los puntos culminantes de la noche. Quizá, la proximidad nacional de compositor y pianista se concretó también en una coincidencia de sensibilidades musicales consiguiendo unos momentos, durante su ejecución, llenos de sentimiento y expresividad pero con un talante relajado, exacto y preciso dando forma a cada frase musical de manera maestra, espectacular; cada nota era tocada con la misma precisión y todo ello, a vertiginosa velocidad, sin perder en ningún momento el control. La mezcla de perfección y dominio técnico es tal que Radu Lupu puede parecer poco expresivo, nada más lejos de la realidad. La expresión se encuentra en la propia música que la sitúa en su estado más puro donde motivo, frase y tema están dotados de la máxima expresividad. Es así, que, en la obra del checo Janacek, conocido por su capacidad de musicalizar palabras, una selección de movimientos de su obra Por los caminos de hierba mantuvo la misma línea de genialidad de todo el evento.El éxito fue rotundo y el público respondió con largos aplausos que el intérprete agradeció con dos bises, finalizando con un espectacular cruce de manos de una precisión increíble que no hizo sino corroborar la calidad técnica y expresiva de un pianista que transmitió tranquilidad a la complicación llevando hasta el éxtasis al público asistente.

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