Alemania

La música como inspiración

José Luis Ruano
jueves, 15 de junio de 2006
Dresde, viernes, 26 de mayo de 2006. Dresden Kulturpalast. Solista de violín, Mayu Kishima. Orquesta Filarmónica de Japón. Director, Ken-Ichiro Kobayashi. Yasushi Akutagawa, Triticón para orquesta (1953). Felix Mendelssohn Bartholdy, Concierto para violín y orquesta op.64. Igor Stravinsky, Le Sacre du Printemps. Dresdner Musikfestpiele 2006
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En la recién reconstruida y consagrada iglesia de Nuestra Señora de Dresde se inauguró el 25 de mayo pasado una nueva edición de los Dresdner Musikfespiele 2006 con la Segunda sinfonía de Gustav Mahler. ‘Creencia’ es el tema inspirador de este año. La música y el arte en general nos deben ayudar a iluminar las preguntas sobre la fe en un ambiente de tolerancia, comprensión y crítica. Las ideas y raíces religiosas que nos unen nos pueden ayudar a superar sin violencias los dogmatismos fanáticos del mundo actual.

Así se plantea el festival en palabras de su intendente, el director de orquesta Hartmut Haenchen, y para ello se han programado el Meissner Tedeum de Wolfgang Hufschmidt, el estreno de Brecht-Passion con música de Hans Schanderl sobre textos de Bertold Brecht, D. Bonhoeffer y de los Evangelios. Himnos bizantinos, música religiosa japonesa, los géneros musicales religiosos como el coral, el oratorio y requiem componen el programa a seguir con el oratorio Paulus de Felix Mendelssohn Bartholdy como obra de clausura del festival.

Entre las orquestas invitadas se cuentan los filarmónicos berlineses con Sir Simon Rattle, el Concentus Musicus Wien con Nikolaus Harnoncourt, la Orquesta Filarmónica de Japón, London Baroque y Barockensemble L’Arco. En calidad de directores de orquesta invitados vendrán al festival Antonio Pappano y Juka Pekka Saraste, en calidad de solistas Emma Kirby, el pianista Yundi Li, y el renombrado violinista Frank Peter Zimmermann. Otra agrupación de alto nivel internacional es el Hamburg Ballet Neumeier con una representación del Requiem de Mozart con la coreografía del mismo John Neumeier. Naturalmente no faltarán los ‘matadores locales’, es decir, la Sächsische Staatskapelle Dresden y la Dresdner Philarmonie. En la Semperoper se representarán Die Zauberflöte, Tannhäuser, Rheingold y Die Walküre. El Festival lo completan ciclos entorno a la ciudad eterna y sus lazos musicales con Dresden y también en forma de un ciclo cinematográfico sobre Roma. Teatro, obras corales y conciertos de música de órgano y música sacra en las iglesias de los alrededores completan el denso programa de este festival.

Dresden Semperoper

Este concierto fue en verdad una excelente oportunidad de conocer a la Orquesta Filarmónica de Japón en toda su plana con Le Sacre como tarjeta de invitación que dio oportunidad de escuchar en detalle cada uno de los grupos instrumentales y partes solistas del cuerpo sinfónico. Y la impresión es de una orquesta que aunque relativamente joven, se fundó en 1956, tiene un sonido maduro con alto grado de especialización. En sus cincuenta años desde su fundación se ha catapultado como una de las principales orquestas de su país. Como chief conductors ha contado en su podio con Igor Markevitch y Charles Munch, a los que se suma una innumerable lista de directores invitados de rango internacional. La interpretación alcanzó muy buenos momentos de tensión en la primera parte sobre todo, sensacional el grupo de percusionistas pero también habría que mencionar los viento-madera y los excelente metales. En el final faltó algo de esa salvaje invocación pre-civilizatoria que desemboca en un incontrolado paroxismo musical, el final, por tanto, demasiado controlado en la batuta de Kobayashi.

En la primera parte del concierto, una obra tan en las antípodas de un Stravinsky como es el Concierto para violín de Mendelssohn con la jovencísima solista, cuenta con tan sólo veinte años de edad, Mayu Kishima. Japón nos es sólo un exportador de tecnología y electrónica, sino también de talentos musicales. Impresionante el dominio de su instrumento, vibrante y poética su ejecución, pero débil el acento estilístico.

Como obra de apertura el Tripticón para cuerda del compositor nipón Yasuhi Akutagawa (1925-1989), quizás el más conocido compositor japonés de posguerra. Sus influencias musicales se encuentran en la música rusa, sobre todo en la figura de Stravinsky pero también en Shostacovich, Kabalevsky y Serguei Prokofiev a los que conoció personalmente. Akutagawa ha escrito música para el cine, una ópera Orpheus en Hiroshima, música sinfónica y de cámara. El Tripticón fue estrenado por la New York Philharmonic bajo la dirección de Kurt Wöss en 1953 y encontró rápida difusión en lo auditorios de Europa y este europeo. El primer movimiento, ‘Allegro’, está estructurado en forma de rondo y es característicamente rítmico en su línea. El segundo tiempo, un delicioso andante, tiene como título ‘Lied de cuna’. Un pasaje musical lleno de lirismo y ternura. El final es un ‘Presto’ de nuevo en forma de rondo.

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