Francia

El niño: Misterio y desolación

Julio Andrade Lago

jueves, 28 de diciembre de 2000
París, viernes, 22 de diciembre de 2000. Théâtre du Châtelet. Estreno mundial de 'El Niño, la Nativité' de John Adams. Deutsches Symphonie-Orchester Berlin. Kent Nagano. Dawn Upshaw, soprano; Lorraine Hunt Lieberson, mezzo-soprano; Willard White, barítono; The Theater of voices: Daniel Bubeck, Brian Cummings y Steven Rickards, contratenores; The London Voices. Puesta en escena de Peter Sellars
John Adams nos presenta una visión original de la Natividad. Tanto su música como la puesta en escena de Sellars se debaten entre misterio y realidad. Todo a lo largo de la obra, ejemplo de lo que se ha dado en llamar música repetitiva, Adams opone un canto tonal a una orquesta atonal y Sellars, la presencia de cantantes y actores vestidos de calle a una proyección abstracta o, por lo menos, enigmática sobre una pantalla en el fondo del escenario.La elección de los textos, en la que también participó Sellars, se halla marcada por el contraste entre elementos bíblicos y profanos, entre lo imaginario y lo real, entre el consciente y el subconsciente freudianos.Conviven en el libreto fragmentos de los evangelios con textos de la poeta mejicana Rosario Castellanos, de los chilenos Vicente Huidobro y Gabriela Mistral, de Sor Juana Inés de la Cruz o de Rubén Darío.No es casual que los poetas sean representativos de pueblos sudamericanos en cuyo inconsciente colectivo se hallan presentes todavía los caracteres dualistas propios de los cultos precolombinos¿Es suficiente una visión del nacimiento exenta de sufrimiento y de todo amor terrenal?. ¿Es acaso ilícito que la mujer se debata entre sentimientos de ternura y odio hacia el fruto de sus entrañas, concebido en el amor y expulsado en el sufrimiento?.Para Adams, la respuesta es evidente.¿Cómo explicar, si no, la coexistencia en el mismo libreto de la anunciación bíblica y del desgarrador texto de Rosario Castellanos Se habla de Gabriel?"Como todos los huéspedes, mi hijo me estorbaba / ocupando un lugar que era mi lugar, / existiendo a deshora, / haciéndome partir en dos cada bocado"."Fea enferma aburrida / lo sentía crecer a mis expensas, / robarle su color a mi sangre, / añadir un peso y un volumen clandestinos / a mi modo de estar sobre la tierra"."Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso, / darle un sitio en el mundo, / la provisión de tiempo necesaria a su historia"."Consentí. Y por la herida en que partió, / por esa hemorragia de su desprendimiento / se fue también lo último que tuve / de soledad, de yo mirando tras de un vidrio"."Quedé abierta, ofrecida / a las visitaciones, al viento, a la presencia".El Niño de Adams es Dios: milagro,imagen, irrealidad, pero es también un fenómeno meteorológico devastador y absolutamente real. Sólo el carácter misterioso de la génesis de ambos , La nativité, es común.El Niño, de Adams, es absolutamente antagónico: tonal y atonal, real e imaginario. Imaginario, en el tratamiento instrumental; y real, en el de las voces.El tratamiento orquestal, consiste en un acompañamiento repetitivo, casi obsesivo, aplicado a figuras características (trémolos, trinos, pizzicatos de las cuerdas...) que confiere a los tiempos rápidos un carácter de movimiento perpetuo (In the day of the great slaughter) y produce,en los lentos, una atmósfera ensoñadora (Se habla de Gabriel).Adams se sirve de elementos melódicos de la tradición sinfónica, amplifica la dimensión temporal y dinámica de los mismos, y los vacía de contenidos temáticos (Magnificat) o bien se inspira de modelos rítmicos extremadamente simples (For with God no thing shall be impossible) o populares (La Anunciación, Woe unto them that call evil good).La orquesta tradicional (cuarteto de cuerdas, maderas a dos, trío de trompas...) se ve reforzada por un piano, dos guitarras, un sintetizador e importantes medios de percusión (gong, metalófono, campanas, cencerros, etc) cuya utilización es puntual, sin intervenir a penas en el esquema repetitivo del conjunto. Sólo el sintetizador, en celesta, parece tener un lugar destacado en el planteamiento instrumental.El tratamiento de los coros y voces solistas es tonal, homorrítmico; en contrapunto con respecto al acompañamiento repetitivo orquestal y sobre todo silábico, lo que hace asumir a la voz una función de recitativo (Shake the Heavens) o tal vez de arioso, pero en ningún caso cantabile.Cabe destacar la importancia del elemento coral en la obra de Adams que exige la presencia de un coro mixto, un coro femenino o infantil y un conjunto masculino, valga la cursiva, integrado por tres contratenores, única voz masculina hasta la séptima escena en que aparece el barítono.Las voces solistas son principalmente femeninas,agudas. Adams no utiliza el registro bajo de la mezzo más que para subrayar el elemento dramático de alguna escena, pero en ningún caso como base expresiva.La obra comienza con el coro, María y los tres contratenores dispuestos de forma geométrica sobre un cuadrado marcado en el suelo del escenario. Sobre los pizzicati de la cuerda aguda y los trémolos de las violas, se interpreta I sing of a maiden, texto de adoración a la Virgen de autor inglés anónimo. La orquesta, crescendo desde el pianissimo inicial, culmina en un dramático y estridente fortissimo del tutti.La segunda escena, Hail, Mary, Gracious!, representa una primera anunciación. La Virgen, sentada sobre el escenario dialoga con el Angel Gabriel encarnado por los tres contratenores en la visión idealista del misterio de Wakefield.Sin transición, la anunciación se prosigue en la tercera escena Anunciación aunque de manera diferente.Interpretado por la mezzo, el poema de Rosario Castellanos, se reviste de un profundo sentimiento de soledad, de ternura, pero es también misterioso y onírico por el tratamiento musical. Registro grave de la voz sobre un ritmo sincopado y monótono de la cuerda. El arpa y el sintetizador se utilizan como elementos perturbadores. La escena se termina en un clímax sobreagudo de orquesta y canto que se prosigue sin interrupción en For with God no thing shall be impossible, Lucas 1: 37, interpretado por el coro dividido en femenino y masculino utilizando la técnica polifónica del hoquetus (oposición de un silencio de una parte a un acorde de la otra) sobre notas tenidas en los metales y trémolos de la cuerda.Al evangelio de Lucas corresponden también los textos de la quinta y sexta escenas: The babe leaped in her womb, recitado por los tres contratenores y Magnificat, practicamente tonal y en el que parece clara la influencia de Berstein (West side story).La séptima escena Now she was sixteen years old significa la entrada en escena del barítono, José, sobre un tratamiento marcato de la cuerda y pinceladas impresionistas de los piccolos. El texto pertenece al protoevangelio de Jaime como el sueño de José: Joseph's Dream y Shake the heavens, que sirven de transición hacia Se habla de Gabriel...La escena, como el texto de Castellanos, es aterradora. El tratamiento orquestal, basado en la repetición de notas disonantes tenidas, contrasta con la expresión más cantabile del elemento vocal interpretado por las dos voces femeninas como si una única y misma persona pudiese ser soprano y mezzo, Virgen y mujer. El barítono concluye la escena: Now, I, Joseph, was walking about.La primera parte culmina con el poema de Gabriela Mistral The Christmas Star con texto traducido al inglés y en el que se interpola O quam preciosa de Hildegard von Bingen, en latín. Allegro muy marcato. La base rítmica repetitiva es confiada primero a los piccolos y después a la cuerda, que tras un pasaje caracterizado por cascadas de notas descendentes, tal vez inspirado por el tercer tiempo del verano de las cuatro estaciones de Vivaldi, culmina en un diminuendo al pianissimo. La duodécima escena Pues mi dios ha nacido a penar de Sor Juana Inés de la Cruz abre la segunda parte.Preciosa escena a cargo de la mezzo y del coro sobre el acompañamiento pianissimo de la cuerda y arpegios del violín solo, como elemento iterativo. El texto es una duda permanente: déjenle velar, déjenle dormir; ¡no le despierten, no!,¡si, le despierten, si!, como un intento por explicar la complejidad de sentimientos de una madre hacia su hijo a través de la inexperiencia. Es evidente que Adams atribuye a la mezzo las características humanas de la Virgen, y a la soprano, lo divino.No menos complejo es el José de Adams, interpretado por el barítono ya que, como en When Herod heard y Woe unto them that call evil good sobre textos bíblicos, la voz masculina encarna personajes diferentes, incluso contrarios. ¿No lleva cada hombre,en su interior, un odio y un amor absolutos hacia su hijo, como lo tuvo hacia su padre?.Adams humaniza la figura de José haciéndole asumir el papel de Herodes. La parte instrumental corre a cargo del piano y el trío de contratenores conserva el elemento recitativo como en And the star went before them y The Three Kings, este último sobre un texto de Rubén Darío.Visión muy particular de la adoración la de Adams, que divide por primera vez el trío con el fin de que cada Rey sea interpretado por un contratenor diferente sobre elementos rítmicos de la guitarra que se funden con el recitativo del coro en And when they were parted, Mateo 2:13.Tal vez con el fin de interpretar musicalmente la última estrofa del poema de Vicente Huidobro Dawn Air Ah, the wind stops for the queen who steps out from her ski el compositor nos propone un tratamiento monocromático (volumen constante y ostinato a cargo del piano y del sintetizador en modo piano) tras el que estalla And he Slew all the children (Y ordenó matar a todos los niños) como un alarido acompañado por la percusión (campanas) y el ostinato de la cuerda.Extraordinaria vigésima escena Memorial de Tlatelolco sobre un texto de Rosario Castellanos en el que la soprano se pregunta "¿Quién es el que mata?, ¿Quiénes los que mueren?" sobre un motivo perpetuo en percusión, el pizziccato de las cuerdas y efectos sonoros producidos por las trompas con sordina. El coro repite hasta la saciedad Recuerdo, recordamos, que desemboca en el presto: In the day of the great Slaughter.El carácter clásico de la escena es interpretado por Sellars a través de una disposición habitual del coro sobre el escenario (leyendo una partitura absolutamente tonal) mientras la orquesta se debate entre dos tonalidades simultaneas. La escena da paso a un movimiento lento pues está tiritando sobre texto de Sor Juana Inés de la Cruz en el que las intervenciones del barítono y de la mezzo, que se preguntan ¿quién le acude?, son entrecortadas por el coro que responde nombrando tres de los cuatro elementos: "aire, agua, fuego, tierra". Es el coro el que asume la misión iterativa acompañado por acordes de guitarra.La obra concluye con dos visiones bíblicas del Evangelio de pseudo-Mateo: Jesus and the Dragons, para soprano, y A palm tree para mezzo y barítono. En ambos casos, la peso recitativo del texto es llevado por el trío de contratenores.La interpolación del texto de Rosario Castellanos Una palmera, interpretado por un coro infantil, así como el acompañamiento en quintas del sintetizador, producen una atmósfera misteriosa, irreal, que, tras un pasaje orquestal dinámico, acaso demasiado impresionista, se pierde como una inocente canción infantil.Tal vez el carácter repetitivo del acompañamiento orquestal haya desmotivado a algún integrante de la Deutsches Symphonie, la orquesta es tecnicamente irreprochable, pero lo cierto es que la interpretación resultó demasiado monótona. Tampoco ayudó Nagano, incapaz de conservar el ritmo sincopado Joseph's Dream y que se debió contagiar del frío reinante en la capital francesa. Fue capaz, todo hay que decirlo, de obtener efectos dinámicos de extraordinaria belleza: crescendo en Joseph's dream, diminuendo al pianissimo en And the star went before them sforzatti en trémolo de I sing of a maiden.Excelentes los solistas con mención especial para Lorraine Hunt Lieberson, dotada de una calidad de voz excepcional, de una técnica exquisita y de una capacidad dinámica admirable incluso en el registro mas grave la Anunciación.Willard White es un barítono-bajo por color de voz y tesitura. Las notas del registro grave son potentes y bien timbradas pero las notas intermedias pierden rapidamente color y potencia. Dawn Upshaw, bien aunque completamente eclipsada por la voz de la mezzo.La puesta en escena de Sellars, quizá demasiado austera, corresponde con la idea general de la obra y si bien el oratorio puede ser representado sin escenografía, parece claro que, dada la extensa colaboración entre Adams y Sellars (Nixon in China, The death of Klinghoffer) y la participación de este último en la elección de los textos, música y escenografía forman un conjunto indisociable.Incomprensible el papel de Gabriel, contratenor, que al margen de interpretar la segunda escena con Mary, se limita a danzar alrededor de los diferentes interpretes, mas como un avión que como un ángel, como cierto Roboflecto en una célebre obra de Mastropiero. No creo acertada la coreografía de Mister Sellars en este punto.Un agradecimiento muy especial para el servicio de prensa del Théâtre du Châtelet que a pesar de las gestiones del editor de esta revista y de este humilde crítico, no creyó oportuno que Mundoclasico.com asistiese al estreno de la obra.

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