Discos

Los nuevos melódicos

Paco Yáñez
viernes, 7 de julio de 2006
Peter Lieberson: Rilke Songs; The Six Realms; Concierto para trompa. Lorraine Hunt Lieberson, mezzosoprano. Peter Serkin, piano. Michaela Fukacova, violonchelo. William Purvis, trompa. The Odense Symphony Orchestra. Justin Brown y Donald Palma, directores. Becky Starobin, productora ejecutiva. Andrzej Sasin y Hudson Fair, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 63:04 minutos de duración grabado en el Martin Theatre de Chicago (USA) en 2004 y en la sala Carl Nielsen de Odense (Dinamarca) en marzo de 2003 y febrero de 2005. Bridge 9178. Distribuidor en España: Diverdi
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El panorama musical norteamericano ha producido en las últimas décadas una enorme cantidad de compositores, muchos de los cuales son poco conocidos a esta orilla del Atlántico. Entre éstos podríamos citar a Peter Lieberson (New York, 1946), que al llegar a su 60 aniversario ve como el sello Bridge le dedica un monográfico en el cual podemos escuchar y conocer mejor algunas de las líneas maestras que definen su creación en los últimos años, tanto en lo conceptual como en lo musical.

Lieberson estudió Literatura Inglesa en la New York University, decidiendo formarse en composición -después de trabajar como ingeniero de sonido en una emisora de radio de su ciudad- en la Columbia University, donde recibió enseñanzas de Charles Wuorinen. Su catálogo de obras se remonta ya a los años setenta, década en la que comenzó a practicar el budismo, algo que marcaría notablemente su vida y su creación. En los años sucesivos, Lieberson ha creado obras de diversas escalas; composiciones para solista, cámara, orquestal u ópera, con su Ashoka’s Dream (1997), obra que marca una nueva etapa en su estética, en la cual la melodía se convierte en elemento fundamental de sus piezas, como escuchamos en las tres piezas de este disco.

Las Rilke Songs (1997-2001) están compuestas especialmente para su mujer, Lorraine Hunt Lieberson [fallecida el pasado 3 de julio, ver noticia], que canta dichas canciones en este CD acompañada al piano por Peter Serkin, pianista que ya ha colaborado con Lieberson en anteriores obras, como en su Concierto para piano (1983), que estrenó con Ozawa y la Boston Symphony Orchestra. El encuentro con Lorraine Hunt fue, según el propio Lieberson, un hito que cambió no sólo su vida personal, sino la misma concepción de la música que hasta entonces tenía; manifestándose en un interés mayor por la melodía como dimensión primordial en la estructuración musical. Este posicionamiento supone para Lieberson una contraposición con buena parte de los compositores más vanguardistas de los años sesenta y setenta, quienes muchas veces trataban la voz con técnicas más propias de los instrumentos. Lieberson pretende recuperar la articulación del canto de acuerdo a su contenido natural, la palabra, y a partir de ésta desarrollar la melodía en función de las posibilidades rítmicas de sus sílabas.

Desde estas premisas, nos encontramos con unas canciones donde los textos de Rainer Maria Rilke (1875-1926) son auténticos generadores de la articulación musical y de la melodía, llevada en algunos momentos a sus extremos, ya sea casi a la ruptura o a su suspensión, pues la complejidad del ciclo se antoja desigual, con una atmósfera inicial que porta ecos schubertianos, salpicada a cada paso de un parentesco innegable con algunos de los lieder de Schönberg o Berg; una línea en cierto modo cortada con los vieneses tras la Segunda Guerra Mundial (excepciones hechas como las de Aribert Reimann), y que tiene, en cierta medida, un heredero en estilo en la figura de Lieberson, ya en pleno siglo XXI.

Grabación, en vivo, que se me antoja excepcionalmente interpretada por la dedicataria de la obra y por el citado Serkin, que se ajustan a la perfección a los planteamientos de Lieberson y al texto de Rilke, una selección de cinco Sonetos a Orfeo, que aquéllos que estén interesados pueden leer en castellano en la magnífica y clásica traducción de Jaime Ferreiro Alemparte publicada por la Editorial Espasa en la colección Austral.

The Six Realms (1999-2000) está compuesta para violonchelo amplificado y orquesta, a petición de Yo-Yo Ma, dentro del 'Silk Road Project', que pretende unir músicos y músicas de todo el mundo; y de hecho fue el propio chelista norteamericano quien estrenó la obra con la Toronto Symphony Orchestra conducida por Saraste. Peter Lieberson, seguidor del budismo tibetano, no pretende introducir motivos musicales del folclore tibetano en la obra, sino desarrollar en un lenguaje musical occidental los conceptos budistas en sí, en la práctica religiosa del autor, y en concreto el de los “Seis Reinos”, que se corresponden con diversas emociones, en lo que pretende ser un retrato detallado de la conciencia humana.

En esta obra, quizás la de mayor peso específico -musicalmente hablando- del CD, la línea melódica es también protagonista, asociada a un violonchelo que trabaja como generador de motivos que la orquesta desarrolla, según las emociones asociadas a cada uno de los citados “reinos”, ya sean éstas de dolor, soledad, serenidad, o hasta evocadoras de la circularidad de la existencia tan típica del budismo, a través de temas que retornan a su comienzo tras desarrollos intermedios en diversas direcciones.

El Concierto para trompa (1998-99) está compuesto inicialmente para una orquesta de cámara de las dimensiones de la Orpheus Chamber Orchestra, agrupación que realizó el encargo de esta obra y que, con William Purvis (al que escuchamos en esta grabación de Bridge), dio el estreno en 1999 en el Carnegie Hall. En la presente versión la parte instrumental ha sido doblada en lo que a las cuerdas se refiere, lo cual permite ganar un poco en presencia a la orquesta. Lieberson dice sentir una gran filiación con la trompa, especialmente con la trompa francesa, para la cual, como en las Rilke Songs, desarrolla una composición donde la melodía es el eje principal del discurso; una melodía que recorre diversos ambientes en esta pieza, desde los más líricos hasta los humorísticos o festivos, fundamentalmente desarrollados por los instrumentistas de la orquesta, con temas en buena medida de inspiración americana en estilo (en contraposición con las Rilke Songs, de corte marcadamente centroeuropeo). Nos encontramos, así pues, ante una obra sencilla en su construcción, articulada en dos partes, y en la cual Lieberson despliega un lenguaje contemporáneo accesible al gran público, a lo cual ayuda la muy notable interpretación del trompista William Purvis y la Odense Symphony Orchestra, conducida con color, ritmo y contrapunto ejemplar por Donald Palma.

Grabaciones digitales sobresalientes las que nos presenta Bridge, que ayudan mucho a la percepción de estas coloristas partituras, sobre todo las dos orquestales. Libreto muy interesante, con abundante información y fotografías sobre compositor e intérpretes, además de los textos de Rilke en alemán e inglés.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi

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