España - Madrid

"En un país del oeste, andan buscando un payaso para sustituir a un dictador"

Maruxa Baliñas
viernes, 1 de septiembre de 2006
Madrid, sábado, 12 de agosto de 2006. Teatro Español. Pablo Sorozábal. Programa doble. 'Adios a la Bohemia', ópera chica en un acto con libreto de Pío Baroja y música de Pablo Sorozábal. Dirección escénica de Mario Gas. Francisco Ariza, iluminación. Antonio Belart, vestuario. Juan Sanz y Miguel Ángel Coso, escenografía. Reparto: Iñaki Fresán (Un vagabundo), Javier Galán (Ramón), María Rey-Joly (Trini), Tony Cruz (Un señor que lee 'El Heraldo'), Francisco Piquer (Un señor de capa), Rafael Núñez (Un mozo), Verónica Luján (Una señora vieja), Irene Escolar (Muchacha 1), Alicia Calot (Muchacha 2), Gustavo Piqué (Un pianista), Juan Mira (un violinista), bohemios, putas y tertulianos. 'Black el Payaso', opereta en un prólogo y tres actos con libreto de F. Serrano Anguita (versión de María José García) y música de Pablo Sorozábal. Dirección escénica de Ignacio García. Francisco Ariza, iluminación. Antonio Belart, vestuario. Juan Sanz y Miguel Ángel Coso, escenografía. Reparto: Javier Galán (Black), Enrique Baquerizo (White), Beatriz Díaz (Princesa Sofía de Surevia), Tony Cruz (Henry Marat), Silvia Luchetti (Catalina Feodorovna), Paco Maestre (El Barón de Orsava), Trinidad Iglesias (La Condesa de Saratov), José Manuel Montero (Carlos Dupont), Emilio Gavira (El Director de escena), Francisco Piquer (Gregorio), miembros del circo, damas, doncellas y mujeres de Orsonia, caballeros, soldados y hombres de Orsonia. Coro y Orquesta del Teatro Español. Manuel Gas, dirección musical. Verano de Lírica.
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En una estupenda entrevista realizada por Juan José Ugalde Fernández, que nació sin pretensiones -fue publicada por el Txsistulari Elkartea, la revista de la asociación de txistularis, el 22 de noviembre de 1985- pero acabó convertida en documento histórico fundamental para conocer la figura de Pablo Sorozábal,  éste contestaba así a su entrevistador: "He vivido de las mujeres, como los chulos. Una princesa, Katiuska, La del Manojo de Rosas y La Tabernera del Puerto. Estas tres hembras me han mantenido y me siguen manteniendo a trancas y barrancas".

Ciertamente su trilogía de los años treinta nunca ha dejado de ser -a pesar de todos los problemas comentados en el artículo que preludió esta crítica- muy popular entre el público. En cambio la suerte corrida por sus obras posteriores a la Guerra Civil fue muy distinta. La difusión de sus últimas obras líricas fue escasa, tanto por la mísera situación económica de la España de los años cuarenta, como por las numerosas trabas políticas que la compañía de Sorozábal encontraba para desarrollar su trabajo, y las reposiciones en las últimas décadas -ya en plena democracia- han brillado igualmente por su ausencia. Sólo el Teatro Español se ha planteado seriamente recuperar estas magníficas obras y así cada año presenta durante la temporada veraniega un nuevo título. Si hace dos años fue La eterna canción (1945), este año le ha tocado el turno a la opereta Black el payaso, un "relato alegórico" estrenado en 1942, y a la obra más querida de Sorozábal, Adiós a la bohemia (1933), escrita en colaboración con Pio Baroja.

Las versiones estrenadas pretenden restaurar la integridad de las obras, libres de aquellos cortes o añadidos que la censura -o la prudencia- impusieron en su momento. En el caso de Adiós a la bohemia las diferencias son mínimas: la más relevante es la reposición sin pacaterías del emocionante coro de prostitutas -llamado "coro de mujeres" en la partitura de 1949- 'Noche triste y enlutada'.

Pero en Black el payaso hay grandes cambios y realmente se debe hablar de "versión de María José García" como anuncia el programa. El más evidente es el cambio en el final de la obra. Si tradicionalmente -y así aparece en la partitura de 1973- 'Black' y 'Sofia' terminan cantando juntos "Mi amor, mi amor", en esta representación del Teatro Español, 'Sofia' renuncia sin especial sufrimiento al amor de 'Black' y el final de la obra se corresponde con unas incendiarias declaraciones políticas de 'Black' y 'White', que acaban marchando nuevamente a la vida errante del circo o a "un lejano país del oeste", donde "andan buscando un payaso para sustituir a un dictador". Me gustaría poder reproducir el texto de la escena final de Serrano Anguita y Sorozábal, pero desgraciadamente el Teatro Español no ha publicado los libretos de la representación de este "relato alegórico".

Mario Gas y sus colaboradores optan en Adiós a la bohemia por una puesta en escena naturalista que alude al viejo café de Pombo, pintado por José Gutiérrez Solana en 1920, cuadro que se reproduce además en el fondo del escenario. Por su parte, el personaje de 'El sátiro' tiene un aire a Jack el Destripador, lo que nos hace temer por la suerte de las dos adolescentes que se marchan con él, empujadas por su madre/tía/tutora ¿o quizás madama de burdel buscando clientes?. Sorozábal y Baroja pretendían y buscaban este naturalismo: el texto no ahorra detalles amargos, casi gratuitamente crueles, que reflejan la realidad de un ambiente y una época, los primeros años del siglo XX que no fueron tampoco gloriosos para España. El terrible relato del crimen que lee "el señor que lee El Heraldo" no era algo desconocido en los barrios obreros de 1900 o de 1930 (recuerdo haber leído en un periódico de hacia 1925 un crimen semejante por culpa de un único pantalón que compartían padre e hijo, lo que obligaba a cada uno de ellos a quedarse en casa cuando el otro salía a trabajar/divertirse).

Al sarcasmo de Pío Baroja se une la formación musical de Sorozábal en el Berlín de los años veinte, en medio de una de las mayores crisis -no sólo económica sino también de valores- que sufrió Europa en el siglo XX. Es difícil saber si en el Sorozábal de Adiós a la bohemia predomina su infalible olfato teatral o su aprendizaje berlinés, que implicaba una clara toma de posición por los desheredados y los sufridores frente a una sociedad cuyos valores son hipócritas y crueles. Es evidente que Sorozábal, sin tomar el mismo camino político que la mayoría de los hombres de teatro alemanes de esa época, aprendió mucho de ellos y que nunca -ni en las peores circunstancias- renunció a su compromiso social y humano. Además la experiencia musical berlinesa convirtió a Sorozábal en un caso particular dentro de los compositores de zarzuela españoles: haber vivido de primera mano los intentos de crear una música culta que realmente se dirigiera a un público popular, marcó decisivamente la carrera de Sorozábal. Mientras otros compositores hacían zarzuela por motivos exclusívamente crematísticos, Sorozábal la hacía como opción personal, porque consideraba que ese era el camino que debía seguir como ciudadano y como compositor. 

Seguramente a este trasfondo social de búsqueda de una música moderna, pero 'apta para todos los públicos', se debe la incomprensión de la obra de Sorozábal por parte de la crítica española, aferrada a los modelos de explicación autoritarios de los años sesenta, que despreciaban el teatro musical berlinés de los años veinte y en general cualquier estilo musical que se destinara a un publico amplio.

Por su parte el montaje de Black el Payaso, a cargo de Ignacio García, tuvo su principal baza en los números circenses. El Teatro Español contrató a auténticos malabaristas, 'comefuegos', forzudos, trapecistas, etc., y a un maravilloso director de circo, Emilio Gavira, que convirtieron el escenario en una auténtica fiesta. Acaso ese sea el único 'pero' que se le pueda poner: con tantas distracciones en el escenario era fácil quedarse en lo superficial y no 'simpatizar' -en el sentido estricto del término de 'sentir con'- los protagonistas.

Vocalmente la estrella de la noche fue Javier Galán en su doble papel de 'Ramón' en Adiós a la bohemia y 'Black' en la obra homónima. Es un esfuerzo enorme protagonizar un doblete como este, y hacerlo con la eficacia y buen gusto que demostró Galán. Personalmente me gustó más como 'Ramón', en buena medida porque el papel que le destina Sorozábal en esta obra es más conmovedor.

Sus dos partenaires fueron igualmente satisfactorias, pero nuevamente me gustó más María Rey-Joly, 'Trini', una cantante de gran expresividad, que Beatriz Díaz, 'La princesa Sofía', cuya voz es excesivamente tenue para el papel que se le destina. Sinceramente, la escena final en que 'La princesa Sofía' se deshace de su enamorado sin especiales remordimientos, me pareció poco creíble.

Por seguir con los protagonistas, Enrique Baquerizo, el payaso 'White', demostró nuevamente que es uno de los grandes cantantes españoles de zarzuela (Plácido Domingo aparte, por supuesto). Tiene voz, buen gusto, expresividad, y es un gran actor. Otra cosa me gustó además de Baquerizo, que es el tipo de cantante -o de persona- que ayuda al conjunto de la obra: en sus escenas con Galán, por ejemplo, se notaba un mayor aplomo en este último. De hecho la escena final de Black el Payaso, cuando ambos se preparan para marcharse, fue uno de los grandes momentos de la noche.

Igualmente convincentes en sus roles me parecieron Iñaki Fresán, 'El vagabundo', quien desde su extenso parlamento inicial marcó ya el alto nivel musical de Adiós a la Bohemia; Francisco Piquer, otro de los 'dobletes' de la noche, más conmovedor en su papel de 'Gregorio' en Black; y Tony Cruz, el tercero de los que repitió actuación, que hizo una 'lectura de periódico' realmente convincente.

Buena parte del éxito de ambas obras estuvo en la orquesta y coro del teatro, que me sorprendieron además agradablemente respecto a ocasiones anteriores que asistí al Teatro Español. Posiblemente el mejor momento de la noche fue el coro 'Noche triste y enlutada' que cantaron -repartidas en diferentes puntos del teatro- las sopranos y contraltos. El director musical, Manuel Gas, tiene a su favor ser hijo de uno de los cantantes protagonistas de la compañía de Sorozábal, el primer Manuel Gas, que estrenó 'El Vagabundo' de Adiós a la bohemia -entre otras de sus obras- y por tanto haber conocido de primera mano el estilo de Sorozábal. Si a eso se une que adora la música de Sorozábal y es en buena medida el responsable de su recuperación en el Teatro Español, su trabajo se convierte en un auténtico lujo.

En resumen: una gran noche para la zarzuela española -para mí, que he tenido el placer de oir poca zarzuela, una de las mejores- y además un anticipo de otras muchas ocasiones en que pienso disfrutar del Teatro Español.

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