España - Madrid

Fuimos artistas, fuimos mendigos, ¡fuimos de todo lo que hay que ser!

Salvador Aulló
miércoles, 6 de septiembre de 2006
Madrid, miércoles, 23 de agosto de 2006. Teatro Español. Black el payaso, opereta de Pablo Sorozábal, letra de Francisco Serrano Anguita adaptada por María José García. Estrenada el 21 de Abril de 1942 en Teatro Coliseum de Barcelona. Dirección de escena: Ignacio García. Juan Sanz y Miguel Angel Coso, escenografía. Reparto: Javier Galán (Black), Enrique Baquerizo (White), Beatriz Díaz (Princesa Sofía), Tony Cruz (Henri Marat), Paco Maestre (Barón), Trinidad Iglesias (Condesa), José Manuel Montero (Carlos Dupont), Francisco Piquer (Gregorio Zinenko), Jorge Merino (Baydarov), Emilio Gavira (Director del circo), Marisa Prada (Trapecista), Héctor Vázquez (Malabarista 1º), Oscar Alba (Malabarista 2º), Alex Amaral y Andrés Requejo (Mozos del circo), Juan Mira (Violinista), José Fernández Franch (Clarinetista), José Mª Augusto (Acordeonista). Coro y Orquesta del Teatro Español. Manuel Gas, dirección musical
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Vamos a intentar decir lo que pasa en esta estupenda obra rescatada por el Teatro Español con música, con maravillosa música, de Pablo Sorozábal uno de los mejores compositores de su tiempo como dejamos dicho en Adiós a la bohemia, compañera de cartel desde el 10 de agosto hasta el 3 de septiembre. Pero lo vamos a decir con algunas cuestiones previas.

Desde el Teatro Español, un lugar que ni es el más indicado ni el más apropiado, se están recuperando las obras menos conocidas de Sorozábal. Antes, el año pasado y el antepasado, pusieron La eterna canción, que fue un triunfo clamoroso con dirección escénica de quien en junio de 2004 dijimos que era un gran director de escena: Ignacio García. Hoy sigue siendo un gran director de escena, pero más conocido.

Consejos a los puristas que ven en esta versión de Black el payaso como una herejía porque el libreto no es el que debía ser y no es la opereta que esperaban porque no aparecen los salones parisinos, ni el Palacio de San Telmo. Aquí llevan esos lujoso sitios al circo, cosa hecha con un talento imaginativo digno del mayor de los aplausos.

Fotografía © 2006 by Teatro Español

Cuando hay que protestar es cuando la imaginación se sustituye por la marranada y el talento por la imbecilidad, pero cuando la dignidad de la música está a salvo y cuando te liberan de un serie de diálogos que llenan el tiempo sin aportar nada, cuando se encarga el director del circo de resumir esos diálogos y de que la trama resulte lógica, no hay nada que decir. Y no hay nada que decir porque cuando, de verdad, nos den motivos para quejarnos la pandilla de imbéciles “rompedores”, de “progres” sin ideas que van hacia la Edad de Piedra, habremos perdido argumentos y nos llamarán inmovilistas. Con vosotros, tendrán razón porque lo sois pero no tendrán razón con los que amamos la lírica y sentimos que avanzar es crear y no nos asusta la creación ética, estética y respetuosa, y no los bodrios infumables que nos ofrecen y que son sólo excusa para repartirse presupuestos con los que compran aplaudidores públicos y privados.

La reducción de texto de María José García no quita nada de interés a la obra, ni molesta lo más mínimo a la música. El final feliz de novela rosa y tonta se ha cambiado por un final más lógico y racional. Aquí paz y después gloria, y quien se ofenda con las verdades que dice, con su pan se lo coma.

En el estreno de esta obra, ‘Black’, el payaso enamorado de la princesa, fue Marcos Redondo; ‘White’, su compañero de fatigas y de pista, inteligente y rápido de reflejos, fue Manuel Gas; la ‘Princesa Sofía de Surevia’, enamorada del Príncipe Daniel de Orsonia, le tocó a Gloria Alcaraz; la ‘Princesa Catalina’, hermana de Sofía, fue Angelita Navalón; ‘Henri Marat’, el periodista que persigue la noticia, lo hizo Antonio Garrido; la ‘Condesa de Saratov’, Teresa Sánchez; el ‘Barón de Orsova’, Joaquín Torró; ‘Gregorio Zinenko’, Mariano Beut; y ‘Carlos Dupont’, fue el tenor Ricardo Mayral.

Con esta excusa del estreno hemos dado una idea de quienes son los personajes con los que nos vamos a encontrar. Aprovecho para advertir que esta crítica, más bien crónica entusiasmada, va a ser larga conscientemente para acercar esta obra, poco conocida, a los lectores. Así pues, señores ármense de paciencia y a leer, en lugar de barajar, que es lo que aconsejaba Sancho, el sabio escudero de Don Alonso de Quijano trasmutado en 'Don Quijote'.

Enrique Baquerizo y Javier Galán
Fotografía © 2006 by Teatro Español

Música ideal para presentarnos a ‘Black’ y ‘White’ que están en una de sus funciones más menos rutinarias donde cantan y actúan al compás de una música pegadiza y apropiada cuando, de repente, Black ve en un palco del circo a su adorada princesa que está exiliada en París, queda atónito y después decide coger su violín para tocar las melodías de la estepa que compusiera el príncipe Daniel en honor de su prometida y que, supuestamente, no conocía nadie.

El violín nos da, de la mano experta de Juan Mira, una demostración de lo que es una melodía con arte, gusto y belleza, ‘Black’ canta 'Princesita de sueños de oro', lo que hace que ‘Sofía’ se desmaye. Se interrumpe la función unos momentos, los payasos se cambian y el circo sigue.

La actuación de los payasos nos muestra a un Enrique Baquerizo sin límites como actor y a un Javier Galán que si no tuviera junto a él a ese monstruo de Baquerizo, nos parecería ideal. Los dos cantan de forma adecuada la música adecuada.

La actuación de los del palco -la princesa (Beatriz Díaz), el barón (Paco Maestre) y la condesa (Trinidad Iglesias)- ya empiezan a darnos a entender por donde va a ir el juego actoral. ¡Qué dicción, qué fraseo! y para remate un director de pista, Emilio Gavira, excepcional. Movimientos, gestos y palabras medidas y sentidas. Inteligibles sin perder una coma.

Emilio Gavira
Fotografía © 2006 by Teatro Español

Llegados a este punto no pude menos que pensar en la razón que le podía asistir a Enrique Jardiel Poncela cuando le puso como condición a Jacinto Guerrero para estrenar su opereta Carlo Monte en Monte Carlo hacerlo con actores que cantaban en lugar de las ‘tiples’ que actuaban mal y a las que no entendía nadie. Pregunta: ¿alguien sabía que esta obra nació como opereta? Pues yo, hasta hace cuatro días, tampoco.

Con un intermedio con base en la melodía de 'Princesita' a escena abierta, tocado por una orquesta bien conjuntada y bien dirigida, termina esta introducción circense y comienza lo que sería el Acto I.

Teóricamente dejamos el circo para irnos a los salones parisinos de las hermanas desterradas pero no lo dejamos. 'Marat' le hace una entrevista a 'Catalina' para que cuente su huída y después 'Sofía', que ha citado a los payasos, recibe a ‘Black’ para confesarlo y saber por qué conoce las melodías de la estepa. ‘Black’ le responde que no se lo puede decir porque ese es su deber. La otra, que estaba deseando liarse, se lía y se empeña en que ‘Black’ es Daniel, el Gran Duque de Orsonia y se le rinde. ‘Black’ que estaba enamorado de ella desde que era niño, se deja querer y cantan.

Decíamos que la labor de los actores es ejemplar y lo pudimos comprobar otra vez en el dúo del acto primero cuando el periodista 'Marat' está entrevistando a la princesa 'Catalina' que acaba con el fox trot 'Dos besos míos'. Aquí hay que decir que además de lucirse el compositor, se lucen Silvia Luchetti y Tony Cruz, que cantan con soltura y buen hacer el fox de 'Catalina', que acabó con un aplauso unánime y prolongado.

Una intervención del jefe de pista y del 'Barón' dejan que Beatriz Díaz nos deleite con su canción 'trapezoidal' (porque la canta en un trapecio): 'Yo que jamás había sentido las inquietudes del amor' y acaba con el consabido 'Princesita de sueños de oro' y otro aplauso agradecido y espontáneo.

Beatriz Díaz, que es pequeña de cuerpo y grande de voz, y que tiene soltura y porvenir a raudales, inicia el dúo con ‘Black’, quien -tras la pregunta de la princesa sobre su identidad- canta el '¿Quién soy yo? Yo soy un payaso loco/ que estruja un poco/ su corazón'. Continúa el dúo después de que ‘Black’, ante la insistencia de ella que se empeña en que es Daniel, le diga “yo seré lo que quieras que sea”, y se acaba en una declaración de amor “¡Te quiero! Rey o bufón o pordiosero”. Con un diálogo lleno de poesía y de música, termina con los dos abrazados diciendo “y mi amor se fundirá con tu amor”. El dúo es un éxito tanto musical como líricamente y el aplauso surgió. Y es que cuando se le da calidad el público la sabe apreciar.

Beatríz Díaz y Javier Galán
Fotografía © 2006 by Teatro Español

Vuelve ‘White’, que todavía encuentra a la princesa y a su compadre de pista en pleno abrazo, llamando "¡Black!" y la enamorada le responde: "¡Black no! ¡Daniel! ¡Daniel Estabanoff, Gran Duque de Orsonia!". Sofía le pide a ‘Black’ que le cuente cómo se salvó de la quema y éste no quiere contar nada, pero si éste no quiere, ese (en este caso, 'White'), rápido como el viento, decide contar la escapada a pesar de la oposición de ‘Black’.

Todo esto da motivo para que Enrique Baquerizo nos haga otra de las suyas interpretado y cantando magistralmente que “¡lo pasamos, señora, muy mal!”. “fuimos artistas, fuimos mendigos ¡fuimos de todo lo que hay que ser!". Los aplausos nos demuestran que tenemos Enrique Baquerizo para rato. Cuando la voz le empiece a fallar por la evolución lógica de edad, que todavía no es el caso, siempre quedará el gran actor que es.

La enamorada princesa manda a su hermana que reúna al personal para contarle que ha aparecido 'Daniel' y que va a recuperar el trono. Esto da pie a que todos formen el gran coro maravilloso que nos deleita con la interpretación de un momento musical que se nos hizo demasiado corto.

Aquí hay una estupenda intervención de la princesa, Beatriz Díaz, para contar que “se han terminado los sinsabores porque ha aparecido el Príncipe Daniel”, con música esplendida y voz suficiente.

Como ‘Black’ dice que no sabe como empezar y que quiere dar una explicación, ‘White’ le hace el quite temiendo que meta la pata y manda que toquen el Himno glorioso de Orsonia. El himno vale para que recuperemos la alegría de escuchar al coro. Merece la pena el coro, merece la pena el himno compuesto por Sorozábal y merece la pena la orquesta que lo toca.

Pasamos a lo que sería el Acto II en el Palacio de San Telmo, capital de Orsonia pero no nos movemos del circo, con lo cual ganamos tiempo y, después de ver a los acróbatas en el cambio, podemos comenzar a escuchar al estupendo coro los agasajos que le hace a 'Sofía', futura soberana de Orsonia: “Para ofrecer a nuestra soberana…”, 'Sofía' agradece y ‘Black’, que ya ha hecho la digestión del cambio a Daniel, responde muy en soberano. Continúa el coro deleitándonos con su parte final. A todo esto la trapecista, Marisa Prada, nos hace sus alardes sin molestar.

El circo aparece, se mueve, se muestra, actúa al compás de una música sublime pero no estorba. Esta es un buena lección para los directores de escena “dinámicos a lo tonto” que, en su desprecio por la música, siempre mueven a alguien en el momento más inoportuno, cuando más molestan.

Viene una romanza sensacional “Hacer de un mísero payaso/ un soberano triunfador/ cambiar en éxito el fracaso/ ¡Esta es la fuerza del amor!". Luego escribiremos de Javier Galán pero no puedo dejar de resaltar aquí el torrente de aplausos entusiasmados que arrancó en esta intervención gloriosa.

Ya están instalados en la corte y ‘White’ se ocupa de los asuntos de estado mientras ‘Black’ disfruta de su amor y se prepara para la boda.

Por fin aparece el “cronicón de actos y ceremoniales” que se había perdido y el 'Barón' (Paco Maestre), 'Catalina' (Silvia Luchetti), la 'Condesa' (Trinidad Iglesias) y el periodista que se ha hecho de la casa (Tony Cruz) lo celebran a ritmo de fox haciéndoseles la boca agua pensando en lo bien que lo va a pasar la novia a la medianoche con el "tlalará, tlalará, tlalará". Un aplauso desde esta crítica para estos cuatro elementos que los arrancaron en abundancia en el teatro con su estupenda intervención, y sus graciosos movimientos y gestos.

Paco Maestre y Tony Cruz
Fotografía © 2006 by Teatro Español

Vienen diálogos previos a la audiencia que el rey ha otorgado a 'Gregorio Zinenko' y 'Carlos Dupont', donde 'Zinenko' expresa la ilusión de que el rey se acuerde de él ya que lo cuidó cuando era niño y le enseñó la canción del Adiós a la siega. Otra vez tenemos ocasión de admirar la experiencia acumulada por los más de 80 años de Francisco Piquer y su capacidad de interpretar limpiamente.

'Carlos Dupont', que se presenta como músico francés, es testigo de cómo Daniel no recuerda a 'Zinenko' y cuando este se marcha y quedan solos le demuestra a ‘Black’ que él es el verdadero Daniel, enseñándole el secreto del sitio donde están guardados los dibujos de Nicolás Irmanoff. Daniel se queda atónito y renuncia poniendo a su disposición el trono usurpado pero 'Dupont' le dice que ni loco quiere el poder, porque es feliz con su esposa y sus dos hijos.

Esto lo dice José Manuel Montero en unas romanzas encadenadas de gran belleza, cantadas con gusto y una voz de tenor limpio, y de timbre claro y bien impostado. Si hay que decir algo es la pequeña tendencia a abusar de la “errre” como si tuviera miedo de que al pronunciarla normal no se le entienda. Resulta que fue San Telmo “para ver al hombrrre que pasa por mi”. No lo tiene tan agudo como otros, pero ahí tiene compañeros en los que fijarse como se dice una frase correctamente, con su enjundia y su sentido, sin intentar transgredir la lógica y sin martirizar los oídos de nadie.

Creo que es la primera vez que oigo a José Manuel Montero pero afirmo que lo voy a seguir porque, después de lo escuchado aquí, merece la pena ver sus progresos. Tiene una buena materia prima y la pena es que no depende sólo de él aprovecharla; hace falta que los que pueden le den sitio y oportunidades.

‘Black’ le confiesa que es hijo del orfebre que copió en oro las melodías de la estepa y que, mientras su padre las escribía, el las interpretaba al violín. Por eso las conocía.

Llega 'Sofía' en el momento en que el verdadero Daniel se marcha y se le despide. Ella tiene ganas de bromas y ‘Black’ está para pocas. Un dúo -que empieza entre las bromas de 'Sofía' y la tristeza de ‘Black’, y acaba en otra declaración de 'Sofía' que repite el “Te quiero, rey, bufón o pordiosero”- en el que ambos artistas lucen su habilidad lírica en los filados, cambios y agudos, premiados con un sonoro y merecido aplauso con el que se acaba el segundo acto.

El tercero empieza cuando 'Gregorio Zinenko' se va triste de la fiesta de Palacio porque Daniel no le ha reconocido. 'Dupont' lo consuela diciéndole que el rey no puede mostrar lo que siente por culpa del protocolo pero que si se acuerda de él y de su Adiós a la siega y hasta se la ha cantado tantas veces que él mismo la ha aprendido.

Para demostrar lo que dice se la canta y nos deleita con el 'Deja la guadaña segador' que nos recuerda Katiuska en la melodía, demostrando que la impresión causada por su primera intervención no era casualidad, que nos encontramos ante un tenor capaz de cantar aquí y donde haga falta.

Llega el momento de la verdad cuando ‘Black’ confiesa a Sofía su verdadera identidad y siente el latigazo del rechazo de 'Sofía' que sólo quería al príncipe y desprecia a ‘Black’.

Simultáneamente hay otra revuelta de los populistas y se produce una conversación de ‘White’ que, como jefe del gabinete de ‘Black’, debe hablar por teléfono con la guardia. La trompeta que le responde es otra sorpresa agradable de las tantas que tiene la noche.

‘Black’ se dispone a volver al circo y canta una emotiva canción que dice “Date prisa, Date prisa/ ¡A correr otra vez al ocaso/ y que triunfe en el mundo la risa/ de Black el Payaso” y canta el Ridi, Pagliaccio en un homenaje a Leoncavallo, que se ve interrumpido por la llegada de los populistas.

Javier Galán, Jorge Merino y Enrique Baquerizo
Fotografía © 2006 by Teatro Español

Se oye acercarse a los revoltosos capitaneados por 'Baydarov' (Jorge Merino) y cantando, otra vez el estupendo coro, una canción heroica, los payasos esconden a la princesa y se dedican a entretener con sus actuaciones y cantos a los amotinados, mientras llegan los cosacos ante los que huyen los insurrectos.

Salen del escondite 'Sofía' y 'Dupont', este le dice a ‘Black’ que se quede de Rey en Orsonia, que bien ha demostrado su capacidad de gobierno. ‘Black’ dice: “¡White en marcha! Se me ofrece lo que no me satisface”. Mientras el Barón dice: “Ya ni los payasos quieren ser reyes”.

El director de pista manda recoger el atrezzo del circo y cae el telón. Los aplausos echan humo, los bravos se suceden, la emoción destila lágrimas ante tanta belleza. Otra vez los momentos de los saludos son apoteósicos y el público sale con cara de satisfacción. De haber visto algo que no se ve todos los días.

He intentado meter en este escrito todos los números musicales pero no caben. Muchos han quedado fuera. Lo mejor es verlo en el Teatro Español o donde se dignen ponerlo porque, esa es otra, hasta la fecha sólo está anunciada para los días 29 y 30 de septiembre en el Teatro Arriaga de Bilbao.

He hablado de todos los componentes de esta estupenda tropa que tan dignamente han representado tanto esta obra como Adiós a la bohemia. Me falta escribir sobre el ‘Black’ de Javier Galán, que no sé si tiene la garganta como los demás mortales o es de otra pasta más fuerte; todos los días, uno tras otro, protagonista las dos obras, ha dado lo mejor de si mismo, sin descansar nada más que los lunes. ¿No es mucho eso para un solo cantante? Ya has hecho el esfuerzo, ya hemos visto lo que vales y de lo que eres capaz. Ahora mi consejo es el siguiente: agradece a Mario Gas y a Ignacio García esta oportunidad que, si hay justicia en el mundo, te debe valer para que te lluevan los contratos pero a continuación piensa en cuidarte, asiéntate sobre esa garganta de hierro que Dios te ha dado, y remata la faena de tu formación. Mientras, los que te hemos oído te agradecemos tu entrega y tu arte. Y te deseamos lo mejor.

A Ignacio García, que no ceje en su amor a la escena y a la música. Al maestro Manuel Gas, muchas gracias por emocionarnos con sus emociones. A todos, los que actúan y a los que no actúan pero forman el equipo de un teatro que está siendo ejemplo de bienhacer, a los unos que da gloria verlos y escucharlos, a los otros que sigan dando ejemplo, porque si los demás no lo siguen ¡ellos sabrán qué malditos intereses tienen!

Vamos a otra cosa, porque esto es algo que no entiendo. Que siendo el Español un teatro municipal no haya una buena coordinación y se pongan unas obras tan dignas de representarse, en todos los teatros de esa categoría, y de otra mayor, de toda España. Pues bien, de todos los que conozco, ni el Gayarre de Pamplona, ni el Bretón de Logroño, ni el Romea de Murcia lo tienen previsto en sus programaciones y creo que los que no conozco tampoco. ¿Alguien lo entiende?

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