Discos

Viejas noticias, bien reportadas

Bettina Varwig

jueves, 14 de septiembre de 2006
Antonio Vivaldi: Motezuma. Vito Priante (Motezuma), Marijana Mijanović (Mitrena), Roberta Invernizzi (Teutile), Maite Beaumont (Fernando), Romina Basso (Ramiro), Inga Kalna (Asprano). Il Complesso Barocco. Alan Curtis, director. Marita Prohmann, productora ejecutiva. Rainer Maillard, productor de grabación. Bastian Schick, ingeniero de sonido. Rainer Maillard y Bastian Schick, edición. Tres discos compactos DDD de 195 minutos de duración; grabado en la Sala Olimpia del Palazzo Doria-Pamphilj en San Martino al Cimino, Italia, en noviembre de 2005. Archiv Produktion 00289 477 5996. Distribuidor en España: Universal

Se anunció como un evento trascendental en el mundo musical el hallazgo en 2002 de la partitura de la ópera Motezuma de Vivaldi, entre los archivos de la Berlin Sing-Akademie, que habían desaparecido durante la Segunda Guerra Mundial y que recientemente se habían redescubierto en Ucrania. El libreto siempre existió, pero ahora una copia de la partitura -o al menos, una gran parte de ella- había también emergido intacta. En un admirable ejemplo de colaboración entre musicólogos e intérpretes, se identificó la música, se reconstruyeron los fragmentos que faltaban, y se llevó la pieza a su ‘estreno mundial en los tiempos modernos’ en 2003. Este álbum de tres cedés de Archiv Produktion presenta, pues, la primera grabación absoluta de la obra.
 
Y la grabación está extremadamente bien hecha. En conjunto, la interpretación es espectacular, el ensemble instrumental que dirige Alan Curtis es invariablemente claro, fresco y enérgico, y buena parte del canto auténticamente estimulante. Vito Pirante (Motezuma), el único cantante varón del reparto (en el original de Vivaldi, dos de los roles se cantaron por sopranos castrati) da su parte con fluidez y agilidad, y la -a veces- exigentísima coloratura en los papeles de las mujeres es casi siempre perfecta. Roberta Invernizzi (Teutile), Romina Basso (Ramiro) e Inga Kalna (Asprano) tienen todas voces ligeras, brillantes y cantan sin esfuerzo aparente, perfectas para sus roles; el aria de ‘Asprano’ en el segundo acto, escena 8, en la que contiende con una virtuosa parte de trompeta, es uno de los momentos musicales destacados de toda la ópera. Maite Beaumont (Fernando) y Marijana Mijanović (Mitrena) tienen voces algo más pesadas, pero las dos cantan también con energía, pasión y exactitud, y el aria de ‘Mitrena’ al final del primer acto (escena 16) -uno de los más difíciles momentos de coloratura de la obra- se interpreta con bravura.

Sin embargo, para quienes esperen descubrir aquí un operismo espectacular capaz de igualar el drama instrumental de las célebres Cuatro Estaciones, la pieza puede no colmar sus expectativas. La trama es sin duda inusual: ambientada en el México del siglo XVI durante la invasión española de Hernán Cortés (Fernando), narra la caída del emperador mexicano Montezuma (Motezuma). Aunque, a pesar del entorno exótico, los perfiles de la ópera se hacen predecibles según van llegando: tres actos consistentes en largos fragmentos de recitativo, puntuados por una serie de arias da capo convencionales. Las únicas desviaciones del patrón llegan en forma de un trío en mitad del segundo acto ('A battaglia!', una conmovedora arenga a la batalla), unos pocos recitativos acompañados, y un par de movimientos corales para el final (el que concluye ese mismo acto apenas dura 21 segundos).

Cualquier supuesto valor ‘novedoso’ queda aún más en entredicho por el hecho de que buena parte de la música se toma prestada de anteriores óperas de Vivaldi. Éste era un modo de proceder habitual del compositor, de modo que la reconstrucción moderna se basa en esos préstamos para proveer música para las arias que faltan en la partitura redescubierta. De los 28 números sólo sobreviven 17, y en las notas de la carpetilla se explican al detalle los trámites de Alessandro Ciccolini para adaptar y reescribir música anterior para llenar las lagunas. Los recitativos que faltan han sido compuestos para la ocasión con mano experta.

De ahí que algunas arias ciertamente muestren el típico encanto y perfume de Vivaldi, pero la caracterización musical de los protagonistas no es -las más de las veces- lo bastante entera ni distintiva como para diferenciar a las cinco solistas femeninas en sus respectivos papeles. Los momentos de intensidad dramática son raros, mientras que la mayoría de las numerosas confrontaciones hostiles –como una escena de lucha en el acto segundo- al final carecen de fuerza dramática (a pesar de los sonidos metálicos de cruce de espadas insertados en el CD). Muchos de estos defectos podrían naturalmente aliviarse en una producción escénica eficaz: si es cierto que para la mayoría de las óperas un registro en DVD supone una opción más atractiva, la inclusión de la parte visual resulta casi indispensable para este lenguaje musical tan convencional. El llamativo guión, el vestuario exótico y la acción física en escena (con momentos tan memorables como una fortaleza en llamas) sin duda se llevarían la parte del león a la hora de atraer al público del siglo XVIII.

Pero también es verdad que mucha gente iría al teatro de ópera simplemente para escuchar cómo sus virtuosos vocales favoritos interpretan en escena proezas musicales deslumbrantes. Y desde luego esta grabación es musicalmente deslumbrante. Es bien digno de alabanza que las compañías discográficas emprendan proyectos como éste en tiempos de presupuestos menguantes. Y aunque la emoción de la novedad se desvanece rápidamente, la apasionante entrega musical hace que la experiencia auditiva resulte muy valiosa.

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