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Costa Rica

Números dispersos

Andrés Sáenz

miércoles, 20 de septiembre de 2006
San José de Costa Rica, miércoles, 13 de septiembre de 2006. Teatro Melico Salazar. La Zarzuela: III Gala Lírica. Anayanci Quirós, soprano; Ivette Rojas, soprano; Gonzalo Castellón, tenor; Andrés del Pino, barítono; José Arturo Chacón, barítono; Miguel Alfaro, bajo. Gabriela Castro, piano acompañante. David Vargas, ambientación y luces. Eduardo Avilés, guión y narración. Anayanci Quirós, producción general. Organizado por la Ópera de Cámara de Costa Rica

Para montar una antología de la zarzuela que componga un todo artístico digno de las artes líricas y teatrales, estimo que no basta con hilvanar, mediante un guión explicativo y nada dramático, una sucesión de varias escenas cantadas, sin ningún vínculo entre una y otra, y sin concepto o tema alguno que le confiera unidad y coherencia al espectáculo.

Esta me pareció la carencia principal del montaje 'La Zarzuela, III Gala Lírica', llevado al escenario del teatro Melico Salazar, el miércoles 13 y el jueves 14, por la agrupación Ópera de Cámara de Costa Rica, en dos únicas funciones.

Al final del espectáculo, que se prolongó por casi dos horas y media, demasiado largo y cansino para un desfile de números sueltos sin encadenamiento dramático o ligazón temática que aviven el interés, el público del estreno me confirmó en cierto modo esta opinión, porque respondió con mucho mayor entusiasmo a las selecciones de La Gran Vía, música de Federico Chueca y libreto de Joaquín Valverde, que guardaban correspondencia entre sí.

Fotografía © 2006 by Garrett Britton

El barítono español Andrés del Pino, quien debutó aquí el año pasado en el deficiente montaje de Luisa Fernanda, se oyó con voz potente y templada, de timbre metálico y proyección amplia. Parejas cualidades, pero timbre más dulce, exhibió el barítono costarricense José Arturo Chacón. Asimismo, las sopranos ticas Anayanci Quirós e Ivette Rojas mostraron voces claras y entonadas. De todo el elenco, Pino, Chacón y Quirós se adueñaron con mayor propiedad de sus personajes y el escenario.

La ambientación y las luces de David Vargas aprestaron un cuadro escénico agradable a la vista, aunque hubiera aprovechado al montaje disminuir la boca ancha del escenario para evitar los desplazamientos extendidos que perjudicaban el ritmo de la continuidad de los extractos.

La asistencia llenó alrededor de la tercera parte de la luneta y fue generosa con los aplausos. Más síntesis y mayor vivacidad habrían convenido al guión y a la narración de Eduardo Avilés. La pianista Gabriela Castro acompañó los números de manera cuidada.

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