The Ice House´s Tales

Notas sobre Hindemith. La ficción del artista apolítico

The LGM Golden Quartet

jueves, 16 de noviembre de 2006
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Al contrario que la mayor parte de los artistas alemanes de su rango, Paul Hindemith (Hanau, 16.11.XI-1895; Frankfurt, 28.12.1963) se negó a tomar partido tras la ascensión del nacionalsocialismo en la creencia de que podría mantenerse al margen de los acontecimientos políticos de su país. Esta postura pragmática no impidió que fuese objeto de continuas vejaciones que desembocaron en la recomendación del boicot a su música en noviembre de 1934 por parte del Kulturgemeinde, el órgano del partido nazi encargado de velar por la pureza espiritual de la producción cultural alemana. Sin embargo, la recomendación del Kulturgemeinde no fue asumida por el Reichsmusikkammer, la “Dirección General de Música” del Ministerio de Cultura, hasta 1937. De hecho, la música de Hindemith se siguió programando esporádicamente en Alemania y sus obras formaron parte de los programas de las giras propagandísticas de las orquestas alemanas por Europa, EEUU y Turquía.

Apenas se hizo pública la censura del Kulturgemeinde, Furtwangler publicó un extenso artículo en su favor en el que ponía de manifiesto la trayectoria ejemplar de Hindemith en todos sus cargos públicos, como director de orquesta ya y como profesor de composición en la Hochschule für Musik de Berlín.1 Ingenuamente, Furtwängler creyó que podría ayudar a Hindemith proponiéndolo como un paradigma de las virtudes tradicionales que la propaganda nazi proponía como canon del Artista Alemán.2 Muy por lo contrario, provocó una violenta respuesta de Goebels que incluía un ataque directo a la persona de Hindemith.

Como consecuencia del artículo de Goebels, Hindemith fue separado de su puesto en la Hochschule durante el primer semestre de 1935, pero no fue expulsado de la cátedra, a la que se reintegró sin obstáculos. De todos modos, Hindemith tenía sobrados motivos para estar preocupado y, al igual que otros artistas acusados de colaborar con la República de Weimar, decidió redimir sus faltas desempeñando una misión ingrata al servicio del régimen nazi: asesorar al gobierno turco sobre la organización musical del país, incluyendo la creación del conservatorio de Ankara en 1936.

La exposición internacional Entartete Musik (Música degenerada), que recorrió Europa tras su presentación en Múnich (1988), ha ofrecido datos y documentos que demuestran el sentido político de la misión de Hindemith. En los informes oficiales que envió desde Ankara se jacta de sus éxitos frente a la misión soviética y realza sus logros a favor de la promoción de la cultura musical alemana. En un espléndido estudio sobre este tema -del que tomamos prestado el título de estas notas- Albrech. Dümling pone de manifiesto que la ópera Mathis der Mahler fue diseñada por Hindemith como un instrumento para conseguir su total rehabilitación política, lo cual estuvo cerca de conseguir en varias ocasiones, dado que obtuvo el apoyo de Hinkel y de Rosenberg y el propio Goebels se empeñó personalmente en hacer representar la ópera en Frankfurt.

Sin embargo, la ópera no se llegó a estrenar a causa de un veto personal de Hitler, que es evidente que no fue debido a razones estéticas como es frecuente leer en enciclopedias y manuales de historia de la música. Dicho veto contrasta con la aceptación oficial de otros músicos escasamente propicios al nazismo como Furtwängler o Strauss, que habían colaborado con artistas judíos y/o radicales políticos en los años de la República de Weimar. Tal como dice Dümling, la defensa de Furtwangler le fue de tan escasa utilidad debido a que nadie discutió nunca la calidad docente, interpretativa y organizativa de Hindemith, de hecho el régimen le confió una delicada misión diplomático-cultural.

El odio del nazismo hacia Hindemith no se dirigía hacia el funcionario, ni siquiera hacia el artista, se dirigía directamente hacia su persona. Mientras que la colaboración de Furtwangler y de Strauss con artistas “degenerados” se hizo sin detrimento de su posición en la sociedad burguesa, las obras escénicas de Hindemith habían puesto en cuestión los valores fundamentales de esa sociedad que había incubado “el huevo de la serpiente”. El veto de Hitler a Mathis der Maler no era sino la señal de la venganza de los ofendidos por “el pasado inmoral y lascivo” del compositor.

Al veto a la ópera sucedió la declaración oficial de boicot a la música de Hindemith, quien cada vez encontró mayores dificultades para desarrollar su labor docente y, finalmente, optó por abandonar Alemania. Tras ver la imposibilidad de instalarse en Alemania, en febrero de 1940 se embarcó con destino a Nueva York., en 1946 adoptó la nacionalidad norteamericana y en 1955, tras su jubilación, trasladó su residencia a Zurich. A pesar de las numerosas ofertas recibidas, nunca aceptó volver a enseñar ni tener su domicilio en Alemania.

Notas

Wilhelm Furtängler: “Der Fall Hindemith” en Deutsche Allgemeine Zeitung. (25-XI-1934).

“El Ethos de noble artesano que caracteriza a Hindemith como un maestro altoalemán, parece predestinarlo naturalmente a la enseñanza, de ahí su rara capacidad para entender a la juventud, para sentirla cerca de sí. Una generación entera de estudiantes se ha formado con él o a través de él: nadie como él en Alemania actual ha conocido a tantos jóvenes. Gracias a él, la educación musical ha recibido un importante estímulo y éste se ha mostrado vigoroso en el intento de superar productivamente la fatal distancia entre la música artística y la popular. Su voluntad coincide en este campo con las tendencias específicas que caracterizan nuestro presente más reciente: la nueva Alemania Nacionalsocialista.”

Albrech Dümling: “La finzione dell’artista apolitico. Il lungo percorso di Paul Hindemith: dall’adattamento all’emigrazionie” en: Roberto Favaro and Luigi Pestalozza: La musica nella Germania di Hitler. 1933-1945, l’emigrazione interna. Lucca: Librería musicale italiana, 1996. Quaderni di Musica/realtà nº 33.

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