España - Madrid

A child of our time

Francisco de Borja Mariño

viernes, 26 de enero de 2001
Madrid, lunes, 22 de enero de 2001. Auditorio Nacional de Música. City of Birmingham Symphony Orchestra. Sakari Oramo, director. Hakan Hardenberger, trompeta. Programa: 1er. Concierto (Ciclo El tiempo y las sombras): Julian Anderson: 'Stations of the Sun'; HK Gruber: 'Aerial'; George Benjamin: 'Sudden Time'; Henri Dutilleux: 'The Shadows of Time'. 2º Concierto (Ciclo El Mundo Sinfónico): Beethoven: 'Sinfonía nº 4'; Sibelius: 'Sinfonía nº 2'. 5ª Temporada de Promúsica.
Tras los mensajes de fuego del pasado año, comienza un nuevo ciclo de música de nuestro tiempo, bajo el lema de El tiempo y las sombras (¡qué inspirados están siempre para poner los títulos!) en Promúsica, y van ya 5 ediciones. Es todo un lujo el inaugurarlo con una orquesta de la talla de la City of Birmingham, que comenzó a despuntar como intérprete de música nueva en la gloriosa época de Simon Rattle y que ahora parece continuar con su reciente nuevo director el finlandés Sakari Oramo. Así lo demuestra el programa comprometido en el que se embarcaron en su primer concierto presentando a cuatro compositores europeos de estéticas muy distintas. La obra maestra del británico Julian Anderson (Londres, 1967), Stations of the Sun (1997), un encargo de la BBC para los Promenade Concerts de 1998, marcó un punto muy alto al principio del programa. El impacto de esta composición bellísima, algo evocadora, de planos contrapuestos, contornos suaves y estructura inteligible fue evidente en un auditorio que se entregó después a estilos más complejos y difuminados. El oficio de Anderson es notable y su sentido de unidad sorprendente en una obra de una cierta duración como la que nos ocupa. Es también una buena pieza de lucimiento para la orquesta: pizzicatos y maderas, metal con percusiones, melodías al unísono de hondura lírica en las cuerdas, son los elementos que se presentan primero por separado y después fusionados creando bellísimas sonoridades en una excelente obra de nuestro tiempo, que se empeña en comunicarnos algo.En cuanto a Aerial de HK Gruber (n. Viena, 1943) , para trompeta solista, tiene un carácter bien distinto, jugando tímidamente con la parodia y con un estilo de recursos expresivos más precisos. De la labor de Hardenberger sólo podemos decir alabanzas, en una partitura que explota todos los recursos de la trompeta, desde los primeros pasajes con una buena cantidad de multifónicos, el juego de sonidos abiertos y cerrados, picados, etc... La gama de sonoridades está asegurada con el rico juego que permiten las sordinas hasta el punto de que algunas de ellas originaban un clima sonoro diferente en el acompañamiento orquestal, así, se escucharon reminiscencias árabes o ritmos sincopados de ragtime. En fin entre los recursos podríamos incluir el uso en un breve fragmento de un cuerno de vaca, detalle que redunda en los aspectos lúdicos de la obra.La segunda parte la encabezó uno de los más prestigiosos compositores vivos, el discípulo dilecto de Messiaen y profesor de composición en el Royal College of Music George Benjamin (Londres, 1960). Sudden Time, obra de contrastes expresivos y sonoros estrenada por la London Philharmonic Orchestra, que fue el gran éxito de los Proms de 1993. Siete años despúes de su estreno, Sudden Time ha sido interpretada por docenas de orquestas en Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Holanda, Hungría, Italia, Japón, el Reino Unido, USA y, ahora, en España. La LPO, dirigida por Benjamin, ha grabado Sudden Time para Nimbus Record en 1997.Oramo cerró el programa con un gran maestro: Henri Dutilleux (n. Angers, 1916). No es necesario recordar desde estas líneas la solvencia como compositor del francés, pero sí resaltar su especial apego a la música de líneas líricas y sonoridades cromáticas, (no quiero decir fácil), y que en The shadows of time, presta servicio a un programa temático al cual sigue en parte, pero sin cuyas terribles connotaciones (la muerte de los niños en las guerras, el recuerdo de Ana Franck) habría funcionado como verdadera obra de música pura basada en los principios motores de la obra, la luz y la sombra. En cuanto al segundo programa la Cuarta sinfonía de Beethoven tuvo una vivaz lectura, empañada por algunos errores en el viento. La Segunda sinfonía de Sibelius, pese a ser de las más conocidas continúa mostrando un mensaje críptico para nuestro público, algo que el director, Sakari Oramo, supo solventar con fuertes dosis de romanticismo.La orquesta sonó empastada y perfectamente ensamblada entre sus secciones, bajo la atenta mirada de su director que supo controlar los níveles de intensidad en fragmentos tan traidores como el último movimiento de Sibelius con una buena intervención del metal. También su cuerda es magnífica, como demostraron en el Beethoven, y en el primer programa. En cuanto a su director destaca desde el primer momento su apasionamiento en el podio, que le lleva a bailar muchas veces e incluso realizar gestos con muñecas y dedos poco habituales en la práctica directorial aunque su intención expresiva y su efecto son evidentes y no merecen mayor comentario si cumplen su función. La orquesta parece encontrarse a gusto con él y eso se demuestra con sus interesantes interpretaciones en una orquesta sugerente, joven y activa.

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