España - Galicia

Las Labèque regresan a Santiago con Poulenc

Antonio García Castiñeira

martes, 30 de enero de 2001
Santiago de Compostela, jueves, 25 de enero de 2001. Auditorio de Galicia. Katia y Maielle Labèque, pianos. Real Filharmonia de Galicia. Antoni Ros Marbà, director. M. Ravel: Ma mère l'oye; F. Poulenc: Concierto para dos pianos y orquesta en re menor. G. Bizet: Sinfonía en do mayor. Concertos de abono 2000-2001.
El director catalán Ros Marbà debutó como titular de la Real Filharmonía con el comienzo del siglo y en los tres conciertos que lleva dirigiendo a la formación compostelana hemos vislumbrado ya un nuevo talante y una nueva orientación que, de continuar así, puede ser muy útil para la orquesta. Otra cosa muy diferente es que el público lo agradezca y disfrute con los programas elegidos por el señor Marbà. Sin embargo, los cien días de cortesía nos permitirán dar o sacar razones y, creo que, para entonces, ya podremos hacer balance de la titularidad de Antoni Ros Marbà.Centrándonos en el último concierto de la Real Filharmonía hemos de reconocer el acierto en la elaboración de un programa con música francesa de tres épocas y estilos diferentes que, correctamente ordenado, permitió disfrutar al numeroso público asistente. Al tiempo que supone para la orquesta un nuevo reto el enfrentarse con un repertorio poco habitual en sus conciertos. Es ésta una tónica que venimos apreciando en la programación que hasta ahora he realizado Ros Marbà: Compaginar música plenamente establecida con otra que todavía necesita un rodaje y un hábito por parte de público e intérpretes. Lógicamente, esto es totalmente loable porque, si algo esperamos del nuevo titular de la Filharmonía, es una preparación de la orquesta para convertirla en una orquesta 'todo terreno' y, si algo acabará agradeciendo el público gallego, es que lo acostumbren a todo tipo de repertorio.Comenzaba el concierto con la suite orquestal Ma mère l’oye [Mi madre la oca] que Maurice Ravel compuso en 1908 para piano a cuatro manos y que luego, dos años más tarde, arregló para orquesta y, posteriormente, acabó por adaptarla a un ballet. El ofrecimiento dubitativo de la Filharmonía, todavía no acostumbrada a la gran variedad instrumental que exige esta obra, hizo que sonase un tanto indecisa y pobre en sonoridad. Nos gustó la graduación de los diferentes estamentos sonoros que propuso el director pero echamos en falta un sonido más claro y contundente junto a un discurrir más definido y ágil.El plato fuerte del día era el Concierto para dos pianos y orquesta en re menor de Francis Poulenc en el que actuaron como solistas las hermanas vasco-francesas Katia y Marielle Labèque. Nada nuevo que decir a estas alturas de esta pareja de conocidas pianistas, únicamente que se metieron al público en el bolsillo para el que una propina fue poco. No sabemos si habrá pasado lo mismo con el director de la orquesta al que le hicieron pasar verdaderos apuros para seguirles el ritmo que imprimían a la obra, sobre todo, en el tercer movimiento. Esto motivó que la orquesta sonase poco clara en algunas partes, aunque todo quedaba amortiguado por la vistosidad que las hermanas Labèque dan a sus interpretaciones. Lo positivo: Enfrentar a la orquesta con una obra de estas características, en la que predominan los cambios de ritmo y las variedades sonoras, exigiendo una perfecta compenetración entre las diferentes familias orquestales y los intérpretes solistas.La Sinfonía nº1 en do mayor de Georges Bizet ocupó la segunda parte del concierto y agradecemos el acierto del director al presentarnos una obra que no se prodiga mucho en la programación y que posee unos grandes valores orquestales, sobre todo si tenemos en cuenta que fue compuesta como trabajo de fin de carrera, en 1855, por un joven músico de dieciocho años que la acabó vendiendo a una editorial francesa para solucionar sus premuras económicas.Se trata de una sinfonía que, por la época en que fue escrita y por la edad del compositor, tiene mucho del sinfonismo clásico, mostrando una fresca y fácil inspiración con melodías agradables y llenas de vivacidad.Ros Marbà y la Real Filharmonía ofrecieron la sinfonía bizetiana con mucho acierto en cuanto a los equilibrios sonoros y con gran efectividad y gracia, resultando premiada larga y calurosamente por el público. Esta es la típica obra en la que una orquesta como la Real Filharmonía puede dar todo lo que lleva dentro por tratarse de una composición sonoramente equilibrada y sin grandes alardes, que ya da muestras del poder orquestal que más tarde nos ofrecerá Bizet en sus óperas.En resumen, que la Real Filharmonía aún tiene mucho que mejorar pero que parece estar en el buen camino y esto nos congratula a todos.

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