Discos

Policoralismo para un marco herreriano

Esteban Hernández
miércoles, 25 de octubre de 2006
Y en dulce batalla. Música del Monasterio de El Escorial (ss. XVII y XVIII) Colección Maestros del Escorial (I). Fr. Cristóbal de San Jerónimo: Al pan de los cielos; Silencio pasito; ¡Hala, vaya!. Fr. Manuel de León: Domine Jesu Christe. Fr. Juan de Durango: ¡Ah! del famoso Escorial; O sacrum; Misa a 4. Fr. José del Valle: Atentando un musico ciego. Fr. Pedro de Tafalla: Laudate Dominum; Oh, inefable sacramento. Fr. Matías Cardona: Pange Lingua. Fr. Diego de Torrijos: ¿Quién es aquel valiente? Fr. Juan de Alaejos: El Maestro del Escorial. Nuria Llopis, arpa; Pep Borrás, bajón; Alberto Padrón, órgano. Escolanía del Escorial. Real Capilla Escurialense. Director: Gustavo Sánchez. Ingeniero de sonido: Bertram Kornacher. Producción: J. Rolando García. Un disco compacto de 69’20’’ minutos de duración, grabado en el Aula Magna y en la celda 17 del Monasterio del Escorial. DIES 200608. Distribuidor en España: Diverdi
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Siempre es agradable ver y oír cómo la tradición continúa, y en esta ocasión, una vez más comprobamos cómo desde prácticamente el siglo XVI la Escolanía del Escorial -con el silencio impuesto por Mendizábal de por medio y su posterior decaimiento y desaparición hasta su refundación en 1974- siguen proporcionándonos voces compactas que con rigor se mezclan en esta ocasión con la Real Capilla Escurialense, formada por antiguos miembros de la escolanía.

Las voces de los escolanos se me antojan idóneas para las obras del repertorio policoral que se nos propone -ideadas seguramente con su timbre en mente de los componedores-con todavía un suave y moderado vibrato que deja percibir con integridad el sentido del texto, vibrato que por otra parte, conforme los cantantes van madurando, pasan en ocasiones de proponerlo a ostentarlo.

Obviamente no vamos a hacer en este caso un análisis exhaustivo de las obras y su interpretación ya que si en el primer caso la “comedida” calidad del repertorio se justifica por ser composiciones de los propios maestros escurialenses, en el caso interpretativo el esfuerzo que se realiza por parte de alumnos, profesores e instituciones, para que la Escolanía siga adelante bien merece un margen de confianza a unas voces que con los años nos han regalado, por poner un ejemplo, una de las más rigurosas y fiables formaciones vocales de Europa, Schola Antiqua: al menos en lo que a repertorio gregoriano se refiere.

Según reza el libreto, las obras que en el disco se interpretan ofrecen una variada muestra del repertorio conservado en el Archivo de Música del Monasterio, compuestas fundamentalmente por monjes escurialenses con formación en la propia Hospedería primero y en el Seminario después. Las composiciones de los frailes jerónimos Cristóbal de San Jerónimo, Pedro de Tafalla, Juan de Durango, Diego de Torrijos, Juan de Alaejos, Matías Cardona y José del Valle, entre las que se encuentran motetes, villancicos a lo divino, jácaras y demás, se enmarcan dentro del estilo policoral donde dos coros -con formaciones de conjunto o solistas- se alternan creando una excelsa gama de contrastes y cuya armonía, al amparo de las vigentes disposiciones dictadas por el Concilio de Trento, debía mostrarse lo más respetuosa posible con la inteligibilidad del texto.

Cierto es que si hay algo que se tiene que tener en cuenta a la hora de afrontar el estudio o interpretación de la música policoral es que, quien toma parte preeminente en es el receptor. No por casualidad, uno de los motivos para nacimiento de la técnica policoral es la recalificación del espacio. Profundizando en cuestiones arquitectónicas, claramente vinculadas y condicionantes de este tipo de composición, la técnica policoral se podría considerar como resultado de la estructura espacial y de un determinado tipo de interior eclesiástico, en este caso la basílica ideada por Juan de Herrera, en detrimento de la finalización de la Catedral de Valladolid, donde pese a resultar inconclusa también se encontró el espacio idóneo para cultivar la técnica policoral con compositores como Juan Ruiz de Robledo, Miguel Gómez Camargo o José Martínez de Arce.

Ya en un artículo publicado en la revista italiana de Musicología (1973) Malinowski expone: “il policoralismo non sarebbe che una particolare tecnica spaziale, in cui le concezioni sonore tipiche dello stile veneziano sarebbero già all´atto di nascita 'stereofoniche', e i diversi cori, fissati sulla carta dal compositore, esprimerebbero diverse direzione spaziali, con tutte le conseguenti implicazioni relative all´esecuzione”. La arquitectura, según Malinowsky, debe permitir una situación estereofónica de los interpretes, en primer lugar, sin estar en contraste con las exigencias de comodidad y con el respeto de las buenas costumbres en las sistematización de los fieles. De forma secundaria debe hacer posible la comunicación entre los ejecutantes, y en último lugar, ofrecer una buena acústica.

En el caso de la presente grabación el resultado espacial es fundamentalmente fruto de estudio, que sin embargo ha sabido mostrar los contrastes sonoros que presentan este tipo de composiciones, echándose sin embargo de menos en el libreto el que se indique la formación de cada una de las piezas.

El comedido papel de Nuria Llopis (arpa) y Pep Borrás (bajón), con la calidad que caracteriza a estos consagrados ministriles, junto a Alberto Padrón (órgano), otorga un sustento sonoro importante que apoya e intensifica las propuestas policorales, en una práctica bien consolidada en la época y de la que se tiene perfecta constancia de su uso en los archivos del Monasterio, en el caso del bajón incluso hasta finales del siglo XIX.

Es de loar cómo entre nuestros intérpretes se va consolidando el proponer repertorio sacro del XVII español -con grupos y directores a la cabeza como Al Ayre Español de Eduardo López Banzo, o Los Músicos de su Alteza de Luis Antonio González Marín-, aquel siglo sobre el que tanto acometió la historiografía española, encabezada por personajes como Adolfo Salazar, quien aseguró que “la música religiosa, aunque alcance cimas de belleza y expresión insuperables como en Palestrina o Victoria, tenderá a un aislamiento de las fuentes vivas de la sociedad renacentista, de tal manera, que la Misa de tan grandes artistas palidecerá una vez ellos hayan desaparecido” (La música en la sociedad Europea, Madrid: Alianza Música, 1989); o el erudito Rafael Mitjana quien extendió el presunto “declive de la música española” hasta el primer cuarto del siglo XIX ("La musique en Espagne -Art Religieux et art Profane-", Enciclopedie de la Musique et Dictionnaire du Conservatoire, Paris: Librairie Delagrave, 1920). Afortunadamente estamos en tiempos en que se va colocando cada cosa en su sitio.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi

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