España - Madrid

¿Quién da más?

Miguel Morate Benito

jueves, 16 de noviembre de 2006
Madrid, domingo, 5 de noviembre de 2006. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. Jan Sibelius, Finlandia Op. 26. Edvard Grieg, Concierto para piano y orquesta en La menor Op. 16. Piotr Ilich Chaikovski, Sinfonía No. 5 en Mi menor, Op. 64. Philharmonia Orchestra. Mijail Pletnev, piano. Charles Dutoit, dirección. Ciclo de Ibermúsica. Asistencia, 90%

El ciclo de Ibermúsica es de un altísimo nivel. Gracias a él podemos escuchar a las mejores agrupaciones sinfónicas y a buena parte de los mejor directores de la actualidad. Convencerse de este hecho es fácil porque se trata de una realidad palpable y perceptible, como quedó demostrado en los conciertos 4º y 5º de la presente temporada a cargo de la Philharmonia Orchestra dirigida por Charles Dutoit.

En la segunda sesión de este conjunto y con este director tuvimos, además, la suerte de escuchar a un pianista excepcional como es Mijail Pletnev interpretando el Concierto para piano y orquesta de Edvard Grieg. La actuación de la orquesta fue intachable en todo momento, con una gran entrega y dedicación por parte de los músicos.

En este caso, como ya dijimos con motivo de la reseña del primer concierto de Dutoit, el programa estuvo centrado sobre un eje de nórdicos y contaba además con la vistosa y espectacular Quinta sinfonía de Chaikovsky como colofón al programa. En la primera parte, la Philharmonia Orchestra nos obsequió con un emotivo Finlandia. Pero sin duda lo más emocionante del concierto fue la actuación de Pletnev. Con una facilidad y una serenidad pasmosas, el pianista ruso interpretó de memoria un Grieg de una gran profundidad y lirismo. El segundo movimiento fue, dentro del concierto, el momento de mayor belleza propiciado por una sonoridad y una delicadeza por parte del pianista como pocas veces podemos escuchar.

Pletnev obsequió al público con el Nocturno en do sostenido menor de Chopin de propina. En éste el cuidado sumo en la pulsación, la elegancia en los fraseos y la elasticidad del rubato, que se dejaron entrever en la cadencia del primer movimiento de Grieg así como en su expansivo segundo movimiento, se mostraron aquí en todo su esplendor. Esta pieza propició una de las anécdotas más emotivas que hemos vivido en un concierto. Tras la conclusión de la interpretación del Nocturno, al levantar la vista eclipsados por la belleza y el magnetismo de la música, encontramos al segundo viola de la orquesta completamente emocionado secando sus lágrimas con la mano al tiempo que sostenía sus gafas con la otra. ¿Qué les parece?

Mijail Pletnev
Fotografía © 2006 by Grammophone.

El concierto fue un éxito tanto desde el punto de vista interpretativo como por la valoración y la asistencia del público. Esperamos volver a tener a este gran pianista, a esta agrupación y a este director pronto en el Auditorio Nacional. Tan sólo falta citar un pequeño detalle sobre el que ya les anunciamos seguiríamos hablando. Cómo no, claro, cómo no iban a faltar los ruidos del público. Esta vez fue debido al envoltorio de un caramelo en uno de los momentos más delicados de la noche, en el segundo movimiento del Concierto de Grieg. El gesto fue tan espectacular que logró que, no uno, ni dos, sino ¡tres miembros de la orquesta! levantaran sus cabezas para ver de dónde provenía tal irrupción. ¡Magnífico, qué proeza! ¡A ver quién supera el número! 

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