España - Madrid

Música a ambos lados del Atlántico

Francisco de Borja Mariño

jueves, 2 de agosto de 2001
Madrid, viernes, 2 de febrero de 2001. Auditorio Nacional. Cincinnati Symphony Orchestra; Jesús López-Cobos, director. Han-Na Chang (violonchelo). Programa: Barber: Obertura The School for Scandal, Op.5; Haydn: Concierto para violonchelo en do mayor; Shostakovich: Sinfonía nº 5 Op.47. Ciclo El Mundo Sinfónico. Organiza: Promúsica.
La esperada visita de la Orquesta de Cincinnati se vio recompensada con un auditorio a rebosar, en parte por el renombre del conjunto y también por su director, Jesús López-Cobos, que cada vez prodiga más sus apariciones por España. Buena prueba de ello han sido los excelentes conciertos que ha ofrecido con las Orquestas de RTVE y Sinfónica de Galicia, y ahora nos visita con la orquesta de la que es director titular desde hace quince años.El programa comenzó con una obertura de Barber poco conocida, de muy buena factura, simple en estructura y directa en sus propósitos expresivos, que sirvió a la orquesta para mostrar los efectivos en una interpretación franca y dinámica. El grueso de la primera parte lo constituyó sin duda el concierto para violonchelo de Haydn, que bien podrá llamarse el concierto de Han-na Chang, pues suena a gloria su versión que les aconsejo no pueden dejar pasar sin escuchar en directo. Se trata de una pieza realmente difícil por la claridad y precisión que requiere, cualidades inherentes a la técnica de Chang, fruto de su naturalidad interpretativa, que le permiten fijar sus esfuerzos en el fraseo y en la exquisita gama de dinámica. Bastó escuchar las dos primeras frases, tan sólo dos, una desgranando impetuosa las dobles cuerdas y otra delicadísima y cantabile, para que la se revelase como un genio, palabra que cuesta aplicar y aquí se adjudica con toda justicia. Su técnica de arco tan depurada le permite variar los matices a su antojo, logrando los pianísimos más bellos (y más pianos) que se pueden sacar a un violonchelo, siendo seguida en todo momento por una orquesta muy atenta que no hizo sino resaltar sus planos sonoros. Hermosamente fraseado el primer movimiento, melancólico el segundo y arrebatado el tercero, Chang recibió ovaciones cerradas durante largos minutos que agradeció con 'El cisne' de El carnaval de los animales de Saint-Saëns, un bombón muy dulce en manos de una artista tan refinada.En la segunda parte por fin la orquesta en toda su plenitud (creo haber contado unos 20 violines primeros) recreó una maravillosa lectura de la Quinta de Shostakovich. No puedo ocultar mi predilección por esta obra, dentro del catálogo de Shostakovich, y en general del sinfonismo, inmensamente hermosa y desoladora. La lectura de López Cobos fue magistral, con ese toque de distanciamiento del romanticismo que se precisa en esta música. Posiblemente en otro repertorio podríamos echar de menos algo más de aliento lírico, pero se agradece que no intente edulcorar la música de Shostakovich, cuyo gran atractivo reside en la pureza del lenguaje. Supo dominar a una orquesta evocadora y poética en frases memorables de la cuerda en los temas del primer movimiento o el final del Lento; con unas trompetas imperiosamente rítmicas y unas trompas que comenzaron algo vacilantes que supieron encontrar su esplendor hacia el final. Sarcástico y patéticamente vacilante el scherzo. Bien equilibrado el conjunto con resultados demoledores.Quizá lo menos interesante, aunque sí más agradecido para el público general, fueron los bises que quisieron contentar a ambos lados del Atlántico: una danza de La Vida Breve, la obertura de Candide, y el preludio de La Revoltosa, brillantes y desenfadas como fin de fiesta. Mi personal reproche para las notas al programa, totalmente inaceptables, única pega en una noche de esas que nos hace sentir vivos. En las mismas se podían leer frases como estas, copio literalmente:"Tras interpretar su melodía el chelo parece tener querencia por ese diapasón, regresando a él una y otra vez ... Gradualmente el ritmo de una sencilla nota repetida es introducido una cuarta seguido de dos octavas convirtiéndose en el pulso que subyace en la sección más rápida." Vamos, puro surrealismo. Pero, analicemos ésta que se lleva la palma: "En el movimiento lento (interpretado sin vientos) el chelo entra dramáticamente sobre una larga nota, interpretada mientras las cuerdas retoman el tema inicial. Dos compases después el solista continúa imitando esta melodía. Haydn era aficionado a este gesto: numerosas veces en el movimiento el instrumento solista entra en un diapasón sostenido. Este movimiento, como el primero, requiere una cadencia hacia el final."Desde luego no tiene desperdicio. Lo del diapasón sostenido, no se coman el coco, es claramente una desafortunada traducción de nota mantenida. Lo de los dos compases, y dos cuatro y me llevo dos ... no creo que merezca la pena ni contarlo porque aquel que pierde el tiempo en contar compases en unas notas pensando que analiza algo es un iluso. Pero ya lo de la cadencia, por lo obvio, me saca de quicio. Con mi rotundidad despendolada permítanme que sentencie que todo aquel que vaya un concierto, y no sepa qué es un concierto (valga la redundancia) y qué son las cadencias y dónde van situadas, debe prescindir de ir al concierto sin paliativos. He dicho. Las notitas iban firmadas por la Orquesta de Cincinnati que no sé en que hora se estrujaron el cerebro para sacar tales conclusiones (también es cierto que la traducción no ayudaba demasiado) pero esto no se lo tragan ni en Cincinnati, ni en Toledo (Ohio), ni en Rawalpindi. O sea que a enmendarse para la próxima.

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