España - Madrid

Ondas

Jaime Conde-Salazar

domingo, 2 de septiembre de 2001
Madrid, viernes, 2 de marzo de 2001. Teatro Pradillo. 'KJp-Dos bailarines, cinco lámparas...y algunas canciones' ( Palle Granhoj, Jyrky Kartunen y Katri Soini). 'En voz baja' (Félix Santana). Mat (Jordi Cortés - Artur Villalba). Aerowaves 2001. 3 y 4 de febrero de 2001
Tercera edición en Madrid de Aerowaves, ese fascinante proyecto que cada año se gesta en The Place de Londres y que pretende crear una red europea que conecte a los creadores que hoy en día agitan y modelan algunos de los nuevos caminos de la danza. En esta ocasión, se presentaron tres propuestas que nos trajeron noticias de Finlandia, Canarias y Barcelona. Noticias que, en los tres casos, hablaron de cuerpos que chocan y relatos que surgen del encuentro de la carne.Abrió la noche KJp-Dos bailarines, cinco lámparas ... y algunas canciones que es lo que anuncia el título. En un espacio iluminado al ras por cinco lámparas, dos bailarines acaban cantando canciones. Pero las canciones son sólo el final de un ordenado proceso que comienza con la presentación de los dos sujetos que, a propósito de breves historias de apariencia autobiográfica, muestran alternativamente sus cuerpos. Después, ellos pronuncian sus nombres y aquí tiene lugar el primer choque: Jyrky y Katri inician un proceso en el que cada uno va acumulando obstáculos sobre el cuerpo del otro de tal manera que el acto de pronunciar o ejecutar los movimientos asociados a cada nombre llega a ser una angustiosa vibración convulsiva. Finalmente, llegan las canciones y, de nuevo, los bailarines se convierten en obstáculos: mientras que uno canta, el otro se convierte en peso añadido, en lastre para el otro provocando frente a nosotros una suerte de negociación corporal. Y es quizá esta negociación el núcleo fuerte de la propuesta, aquello que nos lleva a pensar en un método de trabajo que es capaz de entretejer los relatos y el trabajo físico.Con En voz baja llegó la propuesta más sólida de la noche. Sobre un fondo sonoro de una lejana clase de danza se abre un espacio levemente iluminado por unas pocas bombillas de colores colgadas en la esquina del fondo. Allí comienza el primer recorrido. Félix Santana anda silencioso. Sus pasos no se oyen. Va. Y se inicia un segundo recorrido: como quien confía en sus manos para conocer, éstas deslizan por toda su propia superficie haciendo que el ejercicio del tacto construya su cuerpo. Más allá del sonido, o de los ojos, este sutil recorrido anuncia la presencia de un cuerpo cuya consciencia es resultado de la acción de los sentidos. Así, una vez presentado este cuerpo singular a través del segundo recorrido, empieza la fiesta bajo una lluvia de confetti que sale de sus bolsillos al son de un lied de Schubert. Y comienza el tercer recorrido en el transcurso del cual la música se hace carne: cada uno de los gestos atrapa cada una de las transiciones sonoras. Su cuerpo suena. Acabada la música, aparece la cara y se emprende el cuarto recorrido. La cara sigue siendo un lugar problemático para la danza: después de la depuración postmoderna, ésta se transformó en una suerte de máscara neutra y aséptica que, si bien evitaba tener que ejecutar los gestos impuestos desde fuera, también hacía imposible que apareciera nada de dentro. Pues bien, Félix Santana hace vibrar esa máscara. La agita hasta que suena, hasta que se hace síntoma de la respiración, de aquello que sucede dentro. Cuarto recorrido: de dentro a fuera a través de los sonidos de la cara. El quinto recorrido nos lleva hasta el final. Un nuevo lieder , más confettis, más sonidos, más bombillas de colores y salida.La noche llegó a su fin con MAT una obra muy entretenida en la que los intérpretes construyen una historia ambigua acerca de la relación de dos hombres que bien podrían ser amigos, hermanos, amantes o quién sabe si todo a la vez. Para contar esta historia los coreógrafos echan mano de una serie de imágenes de corte surrealista muy dentro de la tradición catalana(perdónenme si me pongo incorrecto). Así, aparecen marionetas como réplicas de los cuerpos de carne, cuerpos de carne que actúan como marionetas, alguien juega al ajedrez y se come literalmente las piezas, sillas, sillas que construyen edificios, sillas que construyen cuerpos, olor a sobaco, a culo, besos de humo... Pues bien, dentro de toda esta acumulación de imágenes que juegan con lo absurdo, lo onírico y lo escatológico, el trabajo físico (o lo que algunos llamarían directamente danza) parece ser un elemento más de esa familia. El movimiento corporal resulta ser un suceso caprichoso, algo que, de nuevo, pretende subrayar lo excepcional, ahondar en lo absurdo. Por ello todas las referencias al contact o al Physical theatre son profundamente irónicas. A pesar de las palabras pronunciadas todo el tiempo, MAT es una historia hecha de imágenes. Imágenes que subvierten lo que tenía apariencia de cotidiano y lo convierten en un complejo tejido en el que lo absurdo se anuda con lo (quizás) autobiográfico y con la acción corporal. Quizá no hay mejor manera de hablar de la vida que mostrando los sueños.Esperemos que el año que viene nos vuelvan a llegar las ondas cargadas, como esta vez, de suculentas noticias.

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