España - Madrid

Disfruté mucho viéndoles tocar

Nuria Balbaneda

viernes, 17 de noviembre de 2006
Madrid, jueves, 9 de noviembre de 2006. Teatro Real. Jazz Trio: Keith Jarret, piano; Gary Peacock, contrabajo; Jack DeJohnette, batería.

Querida C.:

Te escribo para contarte que finalmente fui al concierto, aunque no se por qué digo “finalmente”, porque en realidad no me lo hubiera perdido por nada del mundo. Keith Jarret es un pianista que siempre me ha gustado mucho, más aún, que me ha apasionado desde siempre.

Reconozco que estuve expectante y quizás incluso un poco intranquila los días previos. Jarret parece ser bastante… especial en su carácter y de tanto en tanto suspende conciertos. Me habían contado (no recuerdo muy bien quién, ni si está fundamentado), que había solicitado al Real dos pianos, suponemos que para elegir el que le pareciera más conveniente, pero que esto había creado cierta intranquilidad. En fin, no se si son “leyendas” populares, pero el caso es que hubo concierto.

¿Qué voy a contarte de la música de Jarret, que tan bien conoces a través de sus discos? Temas clásicos del jazz, pero con ese hálito de modernidad, de delicadeza, de frescura… Cierto que la música está en los discos, pero no deja de ser un poco “virtual”. Supongo que asistimos a los conciertos para “vivir” esa música. Como arte escénica que también es, tiene ese componente de comunicación directa, de transmisión, de vibración, de energía, de feedback, (por decirlo en tus palabras), artista-público.

Algo así sucedió. En el primer descanso, alguien comentaba que le resultaba “frío”. Yo no estoy en absoluto de acuerdo. Creo que más bien se trataba de que dos de los cinco temas eran de un carácter muy intimista. Pero en fin, si alguien lo sintió así no creo que importe, porque en la segunda parte esa energía de la que hablábamos fue subiendo, y hubo muchos guiños entre los músicos y los oyentes, como en el tema de Disney (¿Cenicienta?), magníficamente reinterpretado. Y algunos momentos con aroma a jazz latino…

Y los bises. Yo no estaba muy convencida de que fuera a haberlos, pero fueron apoteósicos. Primero, un nuevo guiño, al público, al jazz clásico. Si mal no recuerdo fue Basin’Street Blues. Mil aplausos más y un Somewhere que hubiera encandilado al mismísimo Bernstein. Y todavía un tercero. Me temo que el público, que no cesaba de silbar y aplaudir les hubiera tenido tocando toda la noche. El aforo, completo; la reventa, exultante. No en vano llevaba sin tocar en Madrid desde el 1988, cuando el Auditorio se “estrenó” con él para abrir las puertas al jazz.

Fotografía © 2006 by Javier del Real

Disfruté mucho viéndoles tocar. No sólo porque cada músico tiene sus rituales y sus manías… las de Jarret, con gafas de cristal oscuro, cantando o más bien aullando de tanto en tanto, y “bailando” arriba y abajo… que parecía querer abrazar el Stenway. Pero sobre todo la relación entre ellos. Llevan más de veinte años tocando juntos, se escuchan, se apoyan, se respetan, eso es evidente, se entienden y hasta han mimetizado gestos, qué curioso. Lo más llamativo es que todos han tocado con los “grandes”, que tienen unas canas más que respetables, que son excelentes instrumentistas (Jarret, en concreto, un virtuoso, aunque me temo que también un genio en su género, al estilo de Miles Davis)… y qué bien se lo pasan. Supongo que les une el talento, la técnica, la creatividad, la experiencia… la música, al fin. De Gary Peacock se dice que es uno de los grandes contrabajistas del jazz contemporáneo, y qué decir de Jack DeJohnette…Detrás de mí, un comentario susurrado entre dos hombres bastante mayores:”Desde luego, es uno de los mejores trios del mundo”. Por delante, dos jóvenes intentaban sujetar su entusiasmo en la butaca. La intemporalidad de la buena música, del trabajo bien hecho. Y es que me gusta observar a la gente cuando asisto a los espectáculos. Realmente se pueden establecer, casi, perfiles “sociológicos”. Aunque dominaba la “mediana” edad había mucha gente joven, y quizás no hubiera más por el miedo al precio de las entradas.

Jarret se deja caer de vez en cuando por el Festival de San Sebastián, que es una buena ocasión para disfrutar de él y de unos “zuritos” en la bellísima Donostia, ¿te animarías a ir?

Y, en fin, que mientras regresa por Madrid, seguiremos escuchando sus discos.

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