España - Madrid

Una nueva propuesta del Real

Miguel Morate Benito

lunes, 20 de noviembre de 2006
Madrid, sábado, 11 de noviembre de 2006. Teatro Real. Concierto proyección de Alexander Nevski. Película de Sergei Eisenstein con música de Sergei Procofiev. Orquesta Sinfónica de Madrid. Coro Nacional de España. Víctor Pablo Pérez, dirección. Asistencia, 75%

La nueva temporada del Teatro Real ha ofrecido en los meses de octubre y noviembre dos conciertos acompañados de proyecciones fílmicas. El caballero de la Rosa (1926) de Robert Wiene (1881-1938) con música de Richard Strauss (1864-1949) y Alexander Nevski (1938) de Sergei Eisenstein (1898-1948) con música de Sergei Procofiev (1891-1953) forman parte de esta novedosa programación. Además de éstas, dicho teatro en colaboración con la Filmoteca española propone el visionado, esta vez sin música en directo, de otras cinco películas que podremos ver en el Cine Doré a lo largo de los mismos meses. De las primeras décadas del siglo pasado, de nuevo con Wiene y Eisenstein como directores de sendos films respectivamente, El Gabinete del Doctor Caligari (1919) y El Acorazado Potemkin (1925), acompañarán a otros tres títulos sin determinar para los que Dimitri Shostacovich (1906-1975) compuso la banda sonora.

Por otro lado, y a la par que esta propuesta, corre una suerte de dedicación especial la música del ruso Sergei Procofiev. Junto a la ya mencionada música para Alexander Nevski, podremos escuchar a lo largo de la temporada actual su Quinteto en sol menor op. 39 (1924), la Sinfonía nº 1 en re menor 'Clásica' op. 25  (1917), la ópera en versión de concierto, cuya interpretación supone su estreno en nuestro país, Semion Kotko (1940) así como su trabajo operístico El amor de las tres naranjas presente en el cartel en estos momentos.

Alexander Nevski de Eisenstein es hija de una época convulsa en la Unión Soviética. Fue creada justo en el momento en que las purgas stalinianas estaban teniendo lugar para dejar el camino libre hacia la presidencia del gobierno, cargo que asumiría el propio Stalin (1879-1953) en 1939, un año después de que se hiciera el film. Fruto de esta condición es el carácter apologético que de la tierra rusa se hace en la película y que se pone especialmente de manifiesto al final de la misma con una especie de moraleja de corte amenazante hacia cualquier posible invasor. Con una duración de dos horas incorpora a su tecnología en blanco y negro el recién estrenado mundo sonoro. La película narra las proezas del legendario héroe nacional Alexander Nevski (1220-1263), que tuvieron lugar a mediados del siglo XIII en su lucha contra el invasor pueblo germano.

Es, por tanto, un film bélico de carácter épico estructurado en base a la gran batalla entre rusos y germanos que ocupa la parte final de la película. Punto culminante y polo de atracción de la trama, esta contienda muestra la maestría alcanzada por Eisenstein en el arte cinematográfico. En ella se hace gala de un gran dominio manejando multitudes, tal y como puso de manifiesto trece años atrás en la famosa escena de 'La escalera de Odesa' de su emblemática El Acorazado Potemkin, que lograra inspirar al compositor griego Iannis Xenakis (1922-2001) en la composición de sus obras de masas sonoras. En el combate se muestra un despliegue inmenso de efectivos, sobre cuya disposición encontramos ciertas reminiscencias pictóricas de Paolo Uccello (1397-1475) en su cuadro Batalla de San Romano en los planos generales efectuados cenitalmente. Al mismo tiempo que la belleza de este espectáculo, la batalla muestra rasgos técnicos realmente sorprendentes que bien podrían parecer de la más viva actualidad cinematográfica. Combinados y contrastados con los encuadres generales ya citados, Eisenstein dispone otro tipo de escenas en que, cámara en mano, se muestran bajo un ritmo de movimientos frenético los primerísimos planos de los combatientes.

Paolo Uccello (1397 - 1475)
Episodio della battaglia di San Romano
© National Gallery de Londres

La película se recrea en la técnica cinematográfica tan degustada por el director ruso en que se otorga una importancia clave a la labor de montaje. Este proceder genera en ella una continua fragmentación en la trama, tal y como se puede percibir en la batalla, que va rompiendo contumazmente la tensión. Comentarios críticos a este respecto encontramos en la obra literaria Esculpir en el Tiempo del genial y visionario autor cinematográfico Andrei Tarkovski (1932-1986). En este texto, en donde el director de Andrei Rublev hace una mención expresa a Alexander Nevski, encontramos también señalado el clima general de artificiosidad e irrealidad del film, que procede de la falta de profundidad psicológica en los personajes.

Por su parte, la música logra adentrarse en el universo heroico y castrense que narra la cinta. Por medio de una orquestación muy rica en instrumentos de percusión para los que se requieren seis ejecutantes, así como gracias a un inmenso coro compuesto por ochenta voces, Procofiev propone una partitura de grandes efectos que consigue hermanarse de manera magistral con el film. Las partes musicales se presentan junto con la película de manera intermitente, planteando una alternancia continua entre partes habladas en el celuloide y fragmentos de música durante cuya interpretación se omiten prácticamente tanto voces como sonido ambiente. Esto propicia a su vez una preponderancia del arte sonoro sobre la imagen en los momentos en que aquella interviene, irrumpiendo el discurrir fílmico. Tal vez hubiera sido más acertado el integrar de una manera más cohesionada música e imágenes de modo que no se produjeran superposiciones de uno u otro elemento. La eliminación del sonido ambiente en la partes de intervención musical, fueron, muy posiblemente, omitidas para ensalzar la música y no disturbar su presencia con ruidos ajenos a ella. Sin embargo, éste fue, bajo nuestro punto de vista, un error, ya que en lugar de un visionado de un film se tiene la sensación de estar acudiendo a un concierto de música orquestal a la que se anexionan imágenes fílmicas intercaladas.

Desde el punto de vista interpretativo la Orquesta Sinfónica de Madrid, titular del Real, hizo una lectura correcta en donde los rasgos básicos de la música a nivel de carácter quedaron perfectamente dispuestos. La interpretación mostró brillo y claridad y únicamente se vio empañada por los diferentes desajustes que en cuanto a falta de sincronía y afinación se produjeron. Desajuste particularmente evidenciado fue el que tuvo lugar en la música que acompaña la batalla. En un momento concreto de la partitura en que la presencia del ritmo se convierte en el parámetro musical de mayor preponderancia y tienen lugar un crescendo. El desequilibrio se produjo al comienzo de este crescendo entre unas y otras secciones orquestales.

Ekaterina Gubanova puso voz a la bella mujer que ha de escoger en la película entre dos amantes para casarse. Su hermoso y potente instrumento de mezzo encajó sorprendentemente con la orquestación de timbres oscuros que propone Procofiev para la pieza. Con una proporción cercana al doble, debido a exigencias de la partitura, la presencia de voces masculinas en el coro acentuó de manera acertada el carácter heroico citado. En las voces de los tenores escuchamos el tema principal a lo largo de la noche por medio de una bella sonoridad de timbres cálidos.

El Teatro Real no completó su aforo pero sí alcanzó un buen número de participantes. Consideramos un gran acierto esta nueva propuesta que combina obras maestras del cine con música en vivo. Tan sólo un pequeño detalle criticable. Salvo que uno sepa alemán o ruso, o los dos -por qué no- durante la proyección de la película se ve obligado a mirar la barra de subtítulos para poder seguir su trama. Teniendo en cuenta su alta disposición por encima de la caja escénica, uno termina fácilmente con tortícolis desde el patio de butacas y se siente como Alex en La Naranja Mecánica si no quiere perderse ni diálogos ni imágenes. ¿No les parece?

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