Reino Unido

Metastasio redivivo

Emanuele Senici

viernes, 22 de diciembre de 2006
Londres, domingo, 19 de noviembre de 2006. London Coliseum. Giovanni Pacini, Alessandro nell’Indie, opera en dos actos con libreto anónimo basado en Metastasio y atribuido a Giovanni Schmidt o Andrea Leone Tottola. Bruce Ford (Alessandro), Jennifer Larmore (Poro), Laura Claycomb (Cleofide), Dean Robinson (Timagene), Mark Wilde (Gandarte). London Philharmonic Orchestra, Geoffrey Mitchell Choir. Geoffrey Mitchell, director del coro. David Parry, director musical. Versión de concierto
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Fue el muy llorado Patric Schmid, co-fundador y director artístico de Opera Rara hasta su prematura muerte hace un año, quien eligió Alessandro nell’Indie de Pacini para la representación y grabación anual de un título operístico decimonónico poco conocido. Su inmenso conocimiento de este repertorio no tenía parangón y le permitía elegir entre literalmente cientos de títulos los que él consideraba dignos de ser escuchados hoy. En lo que concierne a esta noche, puedo asegurar que acertó.

Alessandro nell’Indie fue la primera ópera que Pacini compuso para el Teatro San Carlo de Nápoles, donde se estrenó en 1824. Después de una discutida primera interpretación, el favor del rey de Nápoles, Fernando I, manifiestamente visible en la segunda representación, ayudó a la obra en su notable éxito.

¿Era quizás el rey de Nápoles un fan de Pacini? Puede ser, pero lo que sí era realmente es fan de Metastasio. Los libretos de Metastasio gozaron de enorme popularidad en el siglo XVIII y fueron utilizados por muchos compositores, pero a principios del XIX pasaron de moda. Sin embargo, algunos reaparecieron en la década de 1820 en algunas ciudades italianas, con música compuesta por Meyerbeer, Mercadante, Mayr y Pacini.

¿Por qué sucedió así? En resumen, la Restauración post-Napoleónica había sufrido un duro golpe en 1820-21, cuando las manifestaciones callejeras que se opusieron a la opresión de los regimenes políticos, y en algunos casos intentaron derribarlos, se sucedieron en varias ciudades italianas, entre ellas Turín, Módena y Nápoles. Fue precisamente en estas ciudades que se produjo la reparación de Metastasio. Sus textos, la mayoría escritos en los tiempos en que era poeta de corte en Viena, glorificaban el despotismo ilustrado del monarca, cuyo amor por sus súbditos y su generosa clemencia aseguraban la felicidad para todos. Aquellos aficionados a la ópera que conocen La clemenza di Tito de Mozart habrían reconocido en Alessandro nell’Indie una ideología similar. A quienes tenían el poder, les resultó idónea una dieta de Metastasio para convencer al público de que el statu quo era la mejor solución.

Alrededor de las décadas de 1820 y 1830, estos libretos se organizaban como una sucesión de recitativos y arias, pero la ópera italiana cambió sustancialmente a partir de 1820. Las arias se hicieron más largas, y los dúos, conjuntos y finales se hicieron más frecuentes. Así es que la tarea de modernizar el Alessandro de Metastasio no fue sencilla. Quien quiera que la llevó a cabo hizo un muy buen trabajo. Si bien el argumento apenas fue alterado, la estructura es similar a la de cualquier ópera de ese período escrita para un nuevo libreto. En otras palabras, si no supiese que el libreto tenía casi cien años cuando se estrenó, no lo habría adivinado. Los tres principales personajes, Alessandro, Poro y Cleofide, tienen un aria en cada acto; el resto se reparte en dos dúos, Cleofide-Poro y Cleofide-Alessandro, un trío que luego desenvoca en un cuarteto, y un quinteto justo antes del rondò final de Poro, además, por supuesto, de una introducción para cada acto y un finale primo.

La música de Pacini se parece mucho a la de Rossini, pero él intenta unir los números evitando cadencias finales al final de cada uno, y hace los temas de los movimientos estáticos, especialmente las cabalette, tan individuales y pegadizos como le es posible: no es por casualidad que Pacini fuese llamado “il maestro delle cabalette”. La más destacable característica de la escritura vocal, sin embargo, es que está adornadísima y resulta realmente muy difícil. No sorprende, pues, que los intérpretes del estreno fuesen famosos cantantes rossinianos: Andrea Nozzari (el primer 'Otello', por ejemplo), Adelaida Tosi y Caterina Lipparini.

Ford, Claycomb y Larmore estuvieron maravillosos. A la voz de Ford le tomó algo de tiempo asentarse, pero en el segundo acto estuvo en perfecta forma y se sintió tan cómodo en la coloratura como en el canto spianato. Más allá de su excelencia técnica, su mayor virtud es la intensidad dramática con que presenta el texto, la dicción clarísima y un sentido infalible del color y el énfasis. La parte de 'Cleofide' es muy larga y la resistencia de Claycomb fue probada hasta el límite, pero es una intérprete muy musical y tiene una excelente coloratura. Sólo necesita apoyar la voz un poco mejor -la respiración fue entrecortada por momentos- y papeles como el de 'Cleofide' no le resultan problemáticos. Debo admitir que el timbre de Larmore no me parece muy seductor y su coloratura puede sonar un poco mecánica por momentos. Pero su técnica es perfecta, la voz flexible y bien apoyada y su dedicación a lo que canta un modelo que debe ser admirado y alabado. Fue también un placer escuchar a estos cantantes adornar con un agudo sentido del estilo y el sentimiento.

Imagino que fueron ayudados por David Parry, para quien esta música claramente no tiene secretos y en la que cree apasionadamente. Los tempi y el color fueron siempre los más adecuados y los muchos detalles instrumentales de la partitura de Pacini fueron presentados con maestría (aunque quizás se excedió con el sonido de los trombones). El Geoffrey Mitchell Choir fue situado al fondo del escenario y a veces sonó poco, aunque siempre ajustado. La London Philharmonic Orchestra (LPO) tocó con entusiasmo e intensidad: es un privilegio escuchar esta música tocada por un grupo excelente, especialmente uno que sabe diferenciar la música sinfónica de la ópera (cada verano la LPO ocupa el foso del Festival de Ópera de Glyndebourne). En conjunto, otro excelente regalo de Opera Rara, y un digno tributo a la memoria de Patric Schmid, quien seguro habrá pasado un rato estupendo, donde quiera que esté ahora.

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