Discos

Formas abiertas

Paco Yáñez
viernes, 12 de enero de 2007
Earle Brown: Selected Works 1952-1965: Times Five; Octet I; December 1952; Novara; Music for Violin, Cello and Piano; 3 Piezas de Folio; Music for Cello and Piano; Nine Rare Bits. Michael Daugherty, Christine Olbrich y David Tudor, pianos. Matthew Raimondi, violín. Dorothea von Albrecht y David Soyer, violonchelos. Antoinette Vischer y George Gruntz, claves. Ensemble. Earle Brown, director. Bob Arnold, Emile Elsen, Teija van Geest y David Hancock, ingenieros de sonido. Un CD ADD/DDD de 65:17 minutos de duración grabado en Amsterdam, París y los EE.UU., en 1965, 1974 y 1994. New World Records 80650-2. Distribuidor en España: Diverdi
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El pasado 26 de diciembre, Mundoclásico.com publicaba un extenso artículo sobre el compositor norteamericano Earle Brown (Lunenburg, Massachusetts, 1926 - Rye, New York, 2002), al celebrarse los ochenta años de su nacimiento. Nos remitimos a aquel escrito para quienes deseen profundizar en su figura, así como en las numerosas relaciones que en aquel texto se trazaban entre la figura de Brown, su contexto histórico y sus contemporáneos en los terrenos de la música y las artes plásticas. La tendencia a la “des-subjetivización”, en palabras de Dibelius, de la ‘Escuela de Nueva York’ no es sino un eco en la música de muchos de los planteamientos que se instalaron en la pintura en la posguerra, así como del deseo de comenzar una nueva época y un nuevo lenguaje tras la contienda. Brown no fue ajeno a todo ello, y su figura, más que la ruptura, representa, en mi opinión, el nexo de muchas de esas tendencias y la capacidad de sintetizar en su obra numerosas influencias al más alto nivel científico, cultural y artístico.

Fruto de su recorrido vital, de la integración en su lenguaje del serialismo europeo, de aplicaciones científicas a la música, de numerosas influencias de la poesía y el arte contemporáneo, es un método de composición que desencadena en la "Open Form". La “forma abierta” se inserta de lleno en las propuestas desarrolladas a ambos lados del Atlántico en la posguerra (Cage, Wolff, Boulez, Stockhausen...) para otorgar a los intérpretes mayor decisión a la hora de ejecutar las partituras; que quedaban “abiertas” en muchos aspectos como dinámicas, orden, duración, etc., que se debían “cerrar” en su interpretación.

Tras una etapa inicial, en la cual el intérprete tenía tal capacidad de decisión que de las distintas versiones resultaban obras virtualmente diferentes entre sí, Earle Brown acota el abanico de tales decisiones y ofrece, fundamentalmente, un sistema de complejas partituras (de bellísima factura visual), por las cuales se guían los músicos, combinándolas en diferentes recorridos y secuencias, si bien con un material musical interno mucho más fijo y predeterminado en sus valores.

A este período de transición corresponden las obras englobadas en este monográfico que, con el título Earle Brown: Selected Works 1952-1965, nos ofrece el sello New World Records. Se trata de un CD que reedita grabaciones aparecidas en el sello CRI (CD 851), a las que se unen registros más recientes, de mucho mejor sonido.

Music for Violin, Cello and Piano (1952), compuesta en Denver, es una breve pieza muy característica del Brown de comienzos de los ’50, y por lo tanto del método de composición aprendido con Schillinger. Se trata de una composición de estricto serialismo, en la cual podemos prácticamente 'ver' su partitura en la notable exposición de sus valores y alturas realizada por Raimondi, Soyer y Tudor, buenos conocedores de la obra de Brown y de la técnica serial.

El propio David Tudor es el protagonista de la primera versión de December 1952 (1952) presente en este compacto. Obra abierta desarrollada en una partitura que ha pasado a los anales de la Open form por su consecuencia con el sistema y por su belleza plástica, en ella Tudor da una lección pianística de primer orden, que constituye, en palabras de Brown, “la mejor de las muchas interpretaciones que realizó de esta partitura gráfica”.

Resulta fascinante escuchar cómo Michael Daugherty retoma, años más tarde, la partitura de December 1952 para estirar sus límites por parajes totalmente distintos a los de Tudor, aplicando sonidos de cinta magnética y electrónica a su desarrollo, no disponibles en la grabación original de Tudor; algo que no hace sino remitirnos al debate, ontológico, de dónde acaba el ser de la obra y dónde empieza la coyuntura de la versión.

El resto de las piezas de Folio (1952-54) recogidas en el CD, interpretadas por Daugherty al piano y la electrónica, no hacen sino profundizar en este tema, a la vez que nos ofrecen sobresalientes interpretaciones llenas de sentido y sorprendentes decisiones.

También de influencias serialistas es Music for Cello and Piano (1954-55), una de las obras más hermosas y sólidas del primer Brown. En esta pieza, de nueve minutos de duración, Brown continúa lo que fue una de sus temáticas predilectas en los cincuenta: el trabajo del color instrumental, muy influido por el ‘Expresionismo abstracto’ y por las potencialidades tímbricas del serialismo en sus combinaciones de valores y alturas.

La versión de Dorothea von Albrecht y Christine Olbrich, siendo notable, no se acerca a la que es, en mi opinión, una de las más altas cotas en CD en lo que a interpretación de música de Brown se refiere: se trata, cómo no, de la versión de Music for Cello and Piano realizada por Siegfried Palm y Aloys Kontarsky en 1974 para Deutsche Grammophon (471 573-2), un hito verdaderamente insuperable.

El Octet I, for Eight Loudspeakers (1953) es una original pieza electrónica compuesta por Brown a su llegada a Nueva York, donde trabaja en este campo con John Cage. Presenta cierta similitudes con el Poème électronique (1957-58), de Varèse; aunque su factura es más vibrante, inestable y repleta de intentos de emerger de la voz humana.

Novara (1962), para ensemble, se ubica en un nuevo estadio en el control de la forma abierta, y en ella Brown explora los timbres y el color a través de los límites instrumentales. También camerística, Times Five (1963) es una interesante pieza en la que los sonidos de los músicos son tratados en estudio por Brown, “como un escultor”, para una definición más personal del sonido; teniendo la posibilidad de ejecutar él mismo determinados pasajes, después alterados con electrónica y enriquecidos con diversos sonidos de banda magnética que inserta, destacadamente, en los pasajes finales de la pieza. Versiones correctas las de los músicos holandeses para estas dos obras.

Nine Rare Bits (1964-65) es una de las piezas más interesantes del repertorio para clave de la posguerra, y sin duda una de las más vehementes e intensas. En este Cd se ofrece en una versión interpretada por sus dedicatarias, que ejecutan esta partitura abierta de forma absolutamente sobresaliente en lo técnico y en lo emocional.

Al tratarse, parte del CD, de una reedición, nos encontramos con dos sonidos de tipo muy diferenciado. Algunas de las piezas originales del disco de CRI suenan bastante mal, aunque por su carácter histórico ello no debe ser un obstáculo, aunque sí un grave inconveniente. Las grabaciones modernas aportan un sonido mucho más correcto.

Interesantísimo libreto, como la mayoría de los de este sello americano, con gran cantidad de texto e información sobre el compositor y las obras, así como bibliografía y dicografía recomendada.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi.

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