España - Canarias

Afanes de mero lucimiento

Pedro Egidio

miércoles, 7 de febrero de 2007
Las Palmas de Gran Canaria, jueves, 1 de febrero de 2007. Auditorio Alfredo Kraus. Festival de Música de Canarias. Shoenberg: Gurrelieder. Monica Groop, Susan Anthony, John Treleaven, Klaus-Narr, Michael Volle, Agustín Prunell-Friend, Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Orquesta Sinfónica de Castilla y León, Coro Filarmónico Eslovaco, Coro de la Ciudad de Bratislava, Pedro Halffter.
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Los Gurrelieder de Schoenberg se cuentan entre sus obras más asequibles al público en general.  La atonalidad solo empieza a ser esbozada de una manera experimental, pero muy inteligente y creando interesantes efectos. El mismo compositor, comentando sobre esta obra, decía que ella contenía el germen de todo lo que seguiría y explicaría el tratamiento revolucionario que dio a sus composiciones mas adelante en su carrera compositiva.

El Festival de Música de Canarias programó, y con mucha razón, esta obra maestra que aún no se conocía en el Archipiélago. Es por ello una lastima que la ejecución musical distara, en sus resultados, de exponer con exactitud la maestría de la obra.

Schoenberg experimenta en su escritura con los vientos de madera y de metales. Es por esta razón que la plantilla orquestal llama a un contingente importante de estos instrumentos; lo que no se entiende es que Pedro Halfter haya decidido, al mismo tiempo, duplicar, virtualmente, el numero de instrumentos de cuerda, resultando en una orquesta gigante que fue incapaz de subrayar e ilustrar el interesante contrapunto experimental del compositor.

Por otra parte, nos parece que la responsabilidad del programador (en este caso el Festival de Música) debería poner freno a los afanes de mero lucimiento que buscan ciertos maestros locales al programar obras de gran formato para las cuales no están capacitados de dirigir ni siquiera a un nivel básico. La batuta de Pedro Halfter, ya bien conocida por sus falencias, es incapaz de dominar y graduar planos sonoros y de construir transiciones musicales plausibles, cosa que especialmente en esta obra son defectos capitales.

Así las cosas, la obra se transformo en una orgía de planos sonoros que oscilaban entre el pianísimo y el fortísimo, olvidándose de la definición de "música de cámara para gran orquesta" que se le da a este opus. De este maremagnun conviene disculpar a ambas orquestas, ¡Qué buenos vasallos si tuvieran buen señor!.

Los solistas, en este contexto, hicieron lo que pudieron sus limitadas capacidades canoras, destacándose solo la  contralto Mónica Groop, de bello timbre e intencionalidad precisa.  Los Coros Eslovacos y de Bratislava cumplieron su labor con justeza.

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