España - Canarias

Un Tristán totalmente entregado

Pedro Egidio

viernes, 9 de febrero de 2007
Las Palmas de Gran Canaria, domingo, 4 de febrero de 2007. Auditorio Alfredo Kraus. Festival de Música de Canarias. Wagner: Tristán e Isolda. Intérpretes: Deborah Polaski, John F. West, Falk Struckmann, Franz-Joseph Selig, Michaela Schuster. WDR Sinfonieorchester de Colonia, Bychkov.
Se estrenó en Canarias esta gran opera del compositor germano, dentro del contexto del Festival de Música. A pesar de ello, el publico no respondió en forma a esta cita ineludible (tanto por la importancia de la obra como por el alto nivel de la representación), observándose no solo un aforo bajo al inicio de la representación, sino un nivel de deserción importante a lo largo de la misma.

Ello debería llevar a plantearse a los organizadores del evento una seria reflexión no solo el que programar, sino el como programar y como ofertar los conciertos y eventos que nutren un calendario musical bastante extenso. Nos parece que el Festival de Música (en este caso) tiene la obligación de ir mucho mas allá de lo que esta habituado en términos de difusión y publicidad. Ciertamente, en este caso, de muy poca ayuda fueron las notas al programa escritas con un lenguaje y una conceptualidad que estuvo de moda solo hasta los años 20 del siglo pasado, cuando aun era necesaria una lucha para “imponer”  el gusto wagneriano; hoy, es necesario un enfoque mas acorde con la rigurosidad de la musicología moderna (que está en permanente mutación) para no caer en hipérboles algo fatuas y carentes de sentido contemporáneo.

La interpretación de la obra estuvo  cargo de la Orquesta de la WDR de Colonia, bajo la batuta de Semyon Bychkov. La formación instrumental no defraudó, mostrando un sonido lleno y amplio, muy cuidado y homogéneo en cada una de las familias instrumentales, teniendo la capacidad de, en los momentos cruciales, respirar con los cantantes y subrayar los aspectos impalpables del drama (no debemos perder de vista que en las operas de Wagner el peso de la comunicación dramática cae por partes iguales en tre las voces y la orquesta).

La batuta de Bychkov fue de una gran flexibilidad, dominando en todo momento las masas orquestales y prestando la debida articulación y apoyo a los cantantes que, en una obra tan larga, necesitan vitalmente un director de orquesta que entienda no solo de respiración y de los aspectos técnicos del canto, sino el mas difícil arte  de delinear y subrayar los estados anímicos a través de tempos y dinámicas infinitamente flexibles.  Solo en el Tercer Acto se noto en falta un mayor rigor en el control de las dinámicas durante el “delirio” de Tristan, sonando la Orquesta, en algunos momentos, como  un brioso corcel desbocado. Es que, a la postre, es muy difícil entender lo más simple: la profundidad del drama y el sufrimiento no tiene un equivalente directo en los decibelios orquestales.

De los cantantes, que formaron un conjunto homogéneo, podemos destacar la Brangania de Michaela Schuster, una de las últimas alumnas de la destacada Astrid Varnay, poseedora de una voz de bello timbre y extraordinario decir, además de una gestualidad corporal muy mayestática. El Rey Marke de Franz-Joseph Selig confirma que este joven bajo alemán va en la senda de convertirse en el sucesor de Kurt Moll en este repertorio, con una voz de gran belleza y majestuosidad en toda la gama de dinámicas. Solo se nota alguna carencia en el registro agudo, deficiencia que de seguro subsanara con el desarrollo de su carrera.

Deborah Polaski y John F.West fueron una pareja  protagónica de gran formato, aunque sus medios canoros ya acusan los años de unas carreras dedicadas casi exclusivamente a Wagner.  Polaski presento una Isolda de gran porte, majestuosa en interpretación y voz, pero cuyos medios vocales fueron disminuyendo notoriamente en el Segundo y Tercer Actos.  Así y todo puso en relieve la gran interprete de Isolda que ha sido, mostrando una detallada comprensión de los turbulentos estados de animo que asolan su ser desde el mismo inicio de la opera. Su Liebestod, momento tan esperado por el publico, estuvo algo carente de la intemporalidad y la dimensión ultra-terrena que el compositor exige pero que es tan difícil de conseguir al término de una larga presentación.

John F. West luchó contra un catarro que casi lo llevo a cancelar la función; pero donde el interprete de probadas tablas suplió algún defecto vocal con una interpretación totalmente entregada y justa en los distintos momentos de la ópera. Su Tercer Acto fue de antología por su intensidad interpretativa, característica sobresaliente de su canto no siempre regular y ordenado.

Una gran función, quizás la cota mas alta de la presente edición del Festival de Música de Canarias.

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