España - Canarias

Engañosa simplicidad

Pedro Egidio

jueves, 8 de febrero de 2007
Las Palmas de Gran Canaria, viernes, 2 de febrero de 2007. Auditorio Alfredo Kraus. Festival de Música de Canarias. Mozart: Música Masónica. Raquel Lojendio, Geor Zeppenfeld, Steve Davislim, Gustavo Peña. Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana. Orquesta Sinfónica de Tenerife. Victor Pablo Pérez, director.
Pedro Egidio.

Una de las obligaciones prácticas que tiene cualquier Festival de Música que se precie, es de presentar una programación sujeta a un concepto determinado y con una dosis de afán de educación al público. El  tiempo libre del público estará siempre mejor empleado, en términos musicales, cuando se le presentan obras revestidas de un concepto o propósito determinado, que no busca otra cosa que ampliar sus horizontes musicales.

El Festival de Música de Canarias tuvo, desde esta perspectiva, la feliz ocurrencia de planificar un concierto que presenta la Música Masónica de Mozart, en un formato secuencial, de acuerdo con el orden y secuencia de los ritos de la masonería en la época de la composición de las obras.

Simultáneamente, los organizadores programaron una interesante conferencia antes del concierto, a cargo de dos conocidos académicos: Pedro Álvarez Lázaro y Ricardo Pinilla Burgos, ambos miembros del Instituto de investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería, de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, que sirvió, para el publico interesado, poner dentro de un contexto histórico-religioso, la génesis de las obras y su significado extra musical.

Ciertamente que no todas las obras programadas tienen una misma calidad musical, pero ello no es tan importante considerando que el propósito buscado era una unidad temática, lo que sí se logro, también en el ámbito de la ejecución de las mismas.

La escritura de Mozart es muy peculiar desde la perspectiva de la escritura para los vientos de madera, los cuales, ante una correcta ejecución, deben sonar de una manera dulce pero melancólica a la vez, característica  compositiva que era siempre subrayada por maestros de la talla de Wilhelm Furtwaengler y Karl Bohm. Este equilibrio sonoro ideal pone inmediatamente en evidencia el carácter trascendente de las obras y el hecho que el compositor, de esta manera, también buscaba trascender  las barreras de la tonalidad.

La batuta de Víctor Pablo Pérez es eficaz, pero no se le puede exigir el exaltado nivel de los Maestros nombrados anteriormente. Por ello, las piezas de la primera parte del concierto, en especial los Adagios K. 410 y K.411 sonaron poco diferenciados y algo planos. Ciertamente, en ambos casos, ello no es imputable a la escritura Mozartiana que, en ambas obras, consigue logradísimos resultados. Ello viene a corroborar, una vez mas, que la aparente simpleza de este compositor es muy engañosa, y que exige un sonido muy limpio y depurado, a la vez que una batuta (o una organización musical) del mas alto nivel para resaltar sus cualidades mas permanentes.

La Orquesta Sinfónica de Tenerife (formación reducida) lució un bello sonido y cultivadas dinámicas, que acoplaron bien con el Coro de Cámara del Palau de la Música Catalana, que canto con mucho oficio y entusiasmo, pero sonando a veces, y en los registros mas altos de las voces masculinas, algo sobre-enfático.  

La segunda parte del programa, con selecciones de La Flauta Mágica y la Cantata K623 elevó el nivel de entrega de los intérpretes, logrando entusiasmar en una mayor medida al público asistente. Los cantantes cumplieron su cometido con corrección, destacándose entre ellos el tenor Steve Davislim (de importante carrera mozartiana internacional) de bello fraseo y timbre pleno y brillante, y el bajo Georg Zeppenfeld, de voz noble y profunda.

Al final, el público, satisfecho y más ilustrado, aplaudió largamente a los intérpretes.

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