Alemania

Liebst du mich noch Tamino? Ossia una Flauta Mágica muy de hoy en la ciudad de las Flautas......

Eduardo Benarroch
lunes, 19 de febrero de 2007
Berlín, domingo, 28 de enero de 2007. Komische Oper. Die Zauberflöte. Dirección de escena: Hans Neuenfels. Productora asociada: Nelly Danker. Escenografía y vestuario: Reihnard von der Thannen. Ayudante de escengrafía y vestuario: Kathrin Hauer. Iluminación: Franck Evin. Georg Zeppenfeld/James Cresswell, Sarastro; Adrian Strooper/Peter Lodahl, Tamino; Valentina Farcas/Maria Bengtsson, Pamina; Eleonore Marguerre, Reina de la Noche; Sinéad Mulhern, Primera Dama; Christiane Oertel, Segunda Dama; Caren van Oijen, Tercera Dama; Tom Erik Lie, Papageno; Claire Wild, Papagena; Thomas Ebenstein, Monostatos; Andreas Conrad, Primer hombre en armadura; Carsten Sabrowski, Segundo hombre en armadura; Klaus Kuttler, Sacerdote. Domeni Grundel, Felix Walz, Jan Scheidl, Tres niños. Elisabeth Trissenaar, Marie-Louise; Ludwig Blochberger, Franz; Alexander Hildenreich, Xaver. Dirección musical: Markus Poschner. Dirección del coro: Robert Heimann. Aforo: 100%
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La pregunta del título (¿Todavía me amas, Tamino?) es una pregunta que toda pareja muy enamorada se hace de vez en cuando, en forma harto desesperada cuando existe alguna circunstancia que conspira a que una parte de la pareja no se comunique con la otra, y que uno o el otro se crea que no es amado. Es una situación muy típica de los profundamente enamorados, de lo que Ortega y Gasset llamaba con alguna razón, ese “estado de imbecilidad temporaria” que es el amor total y profundo en su etapa inicial. No hay razón para que 'Pamina' crea que 'Tamino' no la ama, excepto que en ese momento él no puede decírselo porque justamente está probando su amor por ella de una manera que ella no conoce y de la que ella no participa. Y ahí entra en juego el estado de "imbecilidad temporaria" de Ortega y Gasset, 'Pamina' asume la peor posibilidad, o sea que 'Tamino' ha cesado de amarla y esa es su gran excusa para cantar una de las arias mas bellas del repertorio, ‘Ach, ich fuehl’s ...’ y como es una gran aria valdría la pena la angustia teatral, pero en la Komische Oper hay dos cosas que son primordiales a la casa, la verdad y la fidelidad al espíritu de la obra.

Ya que esto último es un concepto muy vago que depende mucho de la visión teatral del regiesseur, ¿cuál es entonces el espíritu de La Flauta Mágica? o mejor dicho, ¿cuántos espíritus se pueden encontrar en ella? La respuesta debería ser: ¡tantos como hayan regiesseurs de talento! y Hans Neuenfels es uno de ellos.

Pero no hay que olvidar que esta nueva producción ha tenido lugar en Berlín y en particular en la Komische Oper, donde hasta hace pocos años había un regiesseur llamado Harry Kupfer a cargo de la dirección artística. Y fue al mismo Kupfer, con quien estudié durante muchos años esta fascinante ópera, quien a través de los últimos diez años ha producido esta obra en esta casa nada menos que tres veces. Tres producciones extraordinarias y totalmente diferentes una de la otra, una misma obra con tres conclusiones dramáticas diferentes. ¿Quién puede olvidar la visión de 'Pamina' entrando al mundo de la Utopía esperando a que 'Tamino' la siga?


Maria Bengtsson y Peter Lodahl
Fotografía © 2007 by Monika Ritterhaus

Pero tampoco hay que olvidar que la Deutsche Oper también posee una excelente producción de La Flauta Mágica firmada por otro excelente regiesseur, Günter Krämer y, para los interesados en la tradición, la Staatsoper posee una versión de August Everding basada en los diseños de Karl Friedrich Schinkel de 1816.

No hay otra ciudad en el mundo que se ocupe de esta obra como lo ha hecho y lo sigue haciendo Berlín y por lo tanto cuando hay una nueva producción hay que prestarle mucha atención para pasarle el mensaje al lector.

Sería facilísimo caer en las muchas trampas que presentó Hans Neuenfels, solo habría que mencionar su visión de la Flauta, o del Glockenspiel, pero eso es una distracción divertida pero superficial.


Fotografía © 2006 by Monika Ritterhaus

Por razones varias y no siempre bien justificadas en la dramaturgia, Neuenfels escoge recrear los diálogos y para eso introduce tres nuevos caracteres, su esposa y famosa actriz de teatro Elisabeth Trissenaar bajo el nombre de ‘Marie-Louise’, y sus dos ayudantes ‘Franz’ y ‘Xaver’, que de paso son algo muy especial y vale la pena ir a ver esta producción sólo para ver lo que hacen. Antes de que los puristas cesen de leer, hay que considerar esta forma de pensar. La idea de una especie de factotum femenino con voz ronca y expresiva, es atractiva, y además lleva el peso de las transiciones entre escenas y contribuye a alivianar la acción. En cambio la idea de Neuenfels de justificar sus cambios dado que muchos cantantes se sienten incómodos con los recitativos revela total despreocupación por la realidad. Cualquier cantante mozartiano de hoy, y desde hace muchos años, sabe como alternar entre el recitativo y el canto sin problema alguno.

Así que vayamos a los méritos reales de tal innovación y al concepto de la producción. El concepto es relativamente simple. En una sociedad actual obsesionada por lo artificial y por el sexo cuatro jóvenes tratan de buscar pareja, las presiones son tremendas, ¿lograrán su meta o no?

Entre tanto, Neuenfels no deja títere con cabeza y presenta a la ‘Reina de la Noche’ como Nina Hagen, una cantante pop famosa en este país por sus locuras. Para resaltar la artificialidad de tal carácter la ‘Reina de la Noche’ hace su primera entrada como semi-borracha, pierde una mano durante su primera aria, se quita su peluca revelando una calvicie total y luego cae como muerta sobre el piso y al ser levantada pierde una pierna sobre el escenario, que procede a moverse por si sola ..., una desintegración total de un carácter fascinante.

Parte de los nuevos recitativos nos indican que ‘Papageno’ se masturba cinco veces por día, cosa que el joven ‘Tamino’ admira mucho porque nunca ha logrado hacerlo ..., y otra parte de esos nuevos recitativos indican una fijación con el racismo, el cliché y el prejuicio a otras razas, en este caso la negra.

La acción se mueve a ritmo vertiginoso y a cada paso nos sorprendemos por la imaginación de este regiesseur, por momentos ‘Pamina’ aparece en una caja transparente pero no es ‘Pamina’, sino que es uno de los ayudantes de ‘Marie Louise’, y si en el papel parece una locura, en el teatro es un espectáculo fascinante y convincente.


James Cresswell
Fotografía © 2007 by Monika Ritterhaus

La figura de ‘Sarastro’ aparece en una silla de ruedas empujada por un hombre de negro con cabeza de león y dos jóvenes leones a sus pies...., para Neuenfels (al igual que para Konwitschny en su gran producción en Stuttgart, que recomiendo a todo lector de Mundoclasico.com), la vieja generación ha caducado y solo les resta morir, y en este caso ‘Sarastro’ también muere y eso da paso a una solución parcial del dilema del amor en una sociedad sujeta al abuso sexual.

Al final (y luego de muchas vicisitudes dramáticas) ‘Tamino’ y ‘Pamina’ triunfan en su batalla contra el establishment, y son premiados el uno con el otro y con un futuro quizás feliz. Pero no es posible ignorar lo que indica la música, quizás la más bella y conmovedora de todo Mozart, y toda producción inteligente que he visto la deja que se exprese sola sin interferencias escénicas. ¿Y qué dice la música? Todo se explica en el ‘andante’, y por una vez es una palabra muy adecuada que nos dice mas que una indicación musical, porque este andante es una especie de ‘levántate y anda’, ... o quizás, ‘el camino está libre para ustedes’, ... algo que nos recuerda el tercer acto de Die Frau ohne Schatten, que no por nada estaba basada en Die Zauberflöte. Me explico, el andante comienza luego de una larga fermata, y lo hace en una tonalidad serena y llena de dignidad, una tonalidad segura, fa mayor. Y es Pamina quien dice las primeras palabras, “Tamino mío! que felicidad!” ... Tamino enseguida exclama, "Pamina mía! que felicidad!", y es ahí donde Mozart revela algo muy especial que ha preparado para esta pareja, algo tan delicado y sereno que nada se podrá interponer en el sendero de estos dos jóvenes. La orquesta comienza un lento ¾ con seis notas (corcheas) por compás que marca ese sendero y el ritmo a seguir a paso seguro, marcado por el leve y discreto pizzicato de los contrabajos. Para esta pareja no hay ya barreras para que sean felices, la música los ha unido y el resto lo deberán hacer ellos, juntos para siempre.


Maria Bengtsson y Peter Renz
Fotografía © 2007 by Monika Ritterhaus

En cambio para 'Papageno' las cosas no resultan tan fáciles, el hombre que había preferido casarse con la 'Papagena' anciana a vivir de pan y vino y que había exclamado "no soy un héroe"... (no lo busquen porque no está en el diálogo original), recibe con júbilo a su nueva y joven y deliciosa 'Papagena' quien se vuelve cada vez más encinta durante el dúo para al fin dar luz a pedregullos estériles. El futuro de esta pareja es mucho más incierto porque no han pasado por las pruebas de los otros.

Hay también pistas políticas además de filosóficas, es bien sabido que Neuenfels es un francófilo y esa es la razón por la cual la escena final del primer acto cierra con el coro vestido de campesinos franceses con una baghette bajo el brazo y una botella de vino.

Y cuando el final de la ópera nos está por dejar con un gusto amargo en la boca, reaparece el coro vestido de franceses y así Neuenfels nos indica que el triunfo de la hermandad y de la razón logrará mucho más que la artificialidad y lo transitorio publicitado por la media.

Tuve que ver esta producción dos veces para poder analizar tantos detalles de una realización multifacética y siempre interesante, que da resultado cuando el espectador posee una mente amplia y deja de lado sus prejuicios.

Vi dos elencos, ambos dirigidos por Markus Poschner con gran energía y muy buen sonido por parte de una orquesta que se caracteriza por su flexibilidad en todo repertorio. Su interpretación tuvo buen pulso dramático, condición esencial para esta obra.

Hubo dos excelentes 'Sarastros', ambos de voces profundas y convincentes, tanto George Zeppenfeld como James Creswell satisfacieron ampliamente las necesidades dramáticas y vocales del rol.

Por su parte Peter Lodahl me gustó mucho como el 'Tamino' inocente y caricaturesco pero su canto no me convenció tanto como Adrian Strooper en Diciembre. Strooper supo conservar la línea de canto más pura que Lodahl, quien tendió a forzar y a perder foco.

Maria Bengtsson es una excelente cantante a quien ya he visto en otros roles mozartianos en esta casa además de 'Pamina' y siempre con éxito. Es una de esas cantantes que se entregan al papel y lo hacen suyo y todas sus intervenciones fueron no solo convincentes sino conmovedoras. 'Ach ich fuehl’s' llegó muy profundo al corazón de este espectador. Valentina Farcas en diciembre cantó una 'Pamina' más lírica pero no menos bien cantada. Elenore Marguerre fué la 'Reina de la Noche' en ambas ocasiones, con una coloratura electrizante y precisa, una voz excelente y una de esas caracterizaciones que quedarán el el recuerdo por su originalidad.

Tom Erik Lie interpretó un 'Papageno' lleno de deseos sexuales, que al final son su perdición y de su 'Papagena', también su figura alta y delgada sirvió para ayudar a este expresivo cantante actor. Claire Wild fué su encantadora 'Papagena' y los roles más pequeños fueron interpretados por excelentes cantantes de la casa con bonhomia y con musicalidad.

No hubo baches en ninguno de los dos elencos y el triunfo de esta producción sirvió para demostrar que el público que colmó la sala, y entre ellos muchos niños en ambas ocasiones, no se dejó distraer por lo superficial o lo supuestamente escandaloso. Y a quienes buscan el sensacionalismo les contaré que La Flauta Mágica es un largo pene hueco curvo en forma de cuerno de caza contenido en una caja de madera, y el Glockenspiel es una serie de testículos colgantes, nada de ello escandalizador para los niños ni para un público adulto.

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