España - Canarias

A pesar de Rattle, valió la pena

Pedro Egidio

lunes, 5 de marzo de 2007
Las Palmas de Gran Canaria, lunes, 26 de febrero de 2007. Auditorio Alfredo Kraus. 23 Festival de Música de Canarias. Orquesta Filarmónica de Berlín. Simon Rattle, director. Antonin Dvorák: Sinfonía n. 7. Thomas Adès: Tevot. Leos Janáċek: Sinfonietta. Ocupación: 90%
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Evidentemente una gran expectación reinaba en el Auditorio Alfredo Kraus para el primer concierto de la prestigiosa orquesta alemana.  Años de negociaciones cristalizaron su presentación dentro de la presente edición del Festival de  Música.  Sin duda, la visita valió ampliamente la pena, a pesar que su titular, Sir Simon Rattle, confirmó, a mi juicio, las criticas cada vez mas frecuente de la prensa especializada en Alemania, Austria y Suiza, que la orquesta es mejor que su director.

La obra de Dvorák presentó a la Orquesta en etapa de precalentamiento. Obviamente la prueba acústica de la sala no fue lo suficientemente detallada. Los tuttis sonaban saturados, algún detalle orquestal no emergía nítido de una lectura que se caracterizó por su linealidad y falta de poesía. Por algún motivo, la sección de violas de la orquesta nunca emergió como una entidad sonora con voz propia, sonaron, a través de las diversas obras, algo apagadas y probablemente ello se debió a la concepción del director de orquesta.  Dvorák exige una flexibilidad y una precisión rítmica, siempre fluctuante, que permita apreciar su escritura de tintes netamente bohemios. Ello se consigue rara vez, prefiriéndose, por desconocimiento o comodidad, asentar las interpretaciones sobre la indudable riqueza tímbrica de la obra. Así las cosas, los solistas de viento de la Orquesta se lucieron a gusto, especialmente la flauta y el oboe, pero se echó en falta una trascendencia más allá de las notas de la partitura.

Con la obra de Adès -estreno en España- se consiguió ajustar el sonido de la Orquesta a las condiciones acústicas de la sala y, por lo tanto, la formación berlinesa pudo asentar aún más su peculiar sonoridad germana y brillante a la vez, consiguiendo una mayor flexibilidad en las transiciones dinámicas, en la redondez del sonido, y en la individualidad tímbrica de los grupos instrumentales diversos.  La obra de Adès no me parece que sea lo mejor de este joven y muy promisorio compositor. De gran exigencia técnica, especialmente por la alta tesitura de la escritura para los violines, obtuvo una interpretación flexible y ajustada, pero sin marcar un sello indeleble entre el público asistente. Al transcurrir de la música, existía la sensación de una continuidad de la escritura que no parecía tener punto de partida ni de llegada.

Finalmente, la Sinfonietta de Janáċek, cuya lectura se constituyo en lo mejor del concierto. En su versión original, con nutrida escritura para trompetas, trompas, tubas wagnerianas y otros metales. Impresionante despliegue de sonoridades que causaron un verdadero impacto por la redondez del sonido y la ausencia de estridencia (trampa más habitual de lo que se cree).  La orquesta lució gloriosa las diversas familias instrumentales dando una interpretación de una rotundidad difícilmente superable. Rattle aquí si estuvo en su elemento, y como prueba existen en su amplia discografía excelentes testimonios de su Janáċek.  Ritmos cambiantes, dinámicas fluctuantes y contrastes tonales fueron ofrecidos con gran precisión y meticulosidad.

El concierto termino así con una nota muy alta, lo que desató la algarabía generalizada del público, que premió a los intérpretes con prolongadas ovaciones.

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