Los días de abono confluyen desde diversos puntos de La Coruña unas cuantas filas de cabezas blancas, que se van uniendo como afluentes de un río que desemboca mansamente en el Palacio de la Ópera -por cierto, considero urgente un estudio demoscópico sobre los abonados de la Sinfónica antes de nuestra desaparición por razones vegetativas-. El jueves 8, estas apreciadas y albas cabezas parecían moverse a mayor velocidad de la habitual. ¿Habría habido tormenta aguas (canas) arriba? Pensando que sólo se tocaba una obra y teniendo en cuenta que quien no llegara a tiempo se perdía todo el concierto, podríamos creer que la aceleración era causada sólo la prisa. Pero la verdad es que el concierto era muy atractivo: una gran sinfonía de Bruckner dirigida por Eliahu Inbal es un regalo que ningún buen aficionado puede despreciar, incluso los más…
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