• España - Madrid 08/07/2019

    Verdi y sus cantantes

    El primer personaje que se menciona en el reparto es el Conde (imagino que por jerarquía en la escala social). Aquí fue justicia, porque el mejor de todos fue Tézier que no sólo repitió su magnífica interpretación de París hace tres años, sino que la mejoró, con una facilidad y naturalidad en el canto, un dominio de la respiración y del legato, un color y una extensión como yo no escuchaba desde McNeil (1963) y Cappuccilli (1968) en el Colón de Buenos Aires. Y no digo que sea menos bueno que ellos, sino que se habla de tú a tú.
    Jorge Binaghi 19/07/2019
  • Reino Unido 29/06/2019

    Una parábola del erotismo

    La aglomerada vitalidad de pasiones en negro ejecutada sobre la tarima fue contrapunteada con la mejor proyección de videos que recuerdo haber visto desde el Tristán e Isolda visualizado por Bill Viola en París.
  • Suiza 30/06/2019

    La sorna del destino

    Por momentos aquello parecía más una obra de Brecht y Weill que de Verdi y Piave, pero sinceramente creo que la transformación es un acierto: el truculento argumento de La forza dudo que resista ser narrado en voz alta sin provocar la hilaridad de la mayoría de los presentes, por lo que el salto conceptual hasta contarlo como una especie de comedia enloquecida no resulta especialmente chirriante.
    Jesús Aguado 18/07/2019
  • España - Euskadi 22/06/2019

    Bieito reverdece Mendi-Mendiyan de Usandizaga

    Esta Mendi-Mendiyan producida por el Teatro Arriaga recuerda algo tan elemental como la importancia de dotar de escena a algo concebido originalmente con escena. Esto es importante tanto desde la perspectiva patrimonial de la cultura vasca y euskaldun, al tratarse de una ópera en euskera, como en la dimensión musical, al disfrutarse de los tiempos y ritmos de algo que no sólo se interpreta, sino que sucede: eso es ópera.
    Joseba Lopezortega 18/07/2019
  • Italia 19/06/2019

    Sin sal ni pimienta y muy aguado

    Wilson cantó una excelente Ariadna, bien interpretada en sus dos vertientes de cantante caprichosa y trágica de escena. La voz está en un gran momento y ningún agudo ni grave la puso en dificultad y el centro es ancho y cálido. Personalmente fueron los suyos los únicos momentos en que me interesé por lo que veía. Lo que hizo Strauss con el dios Baco (y el tenor que lo representa) es de juzgado de guardia. Koenig tiene el mérito de resolverlo sin incidentes, con voz bastante fea y voluminosa, pero fraseando fue tan insulso como la dirección de orquesta.
    Jorge Binaghi 17/07/2019