Tras la histórica Sinfonía nº9
de Gustav Mahler interpretada en su último concierto de abono, que constituyó
todo un acontecimiento para la ciudad al ser abordada por primera vez de forma
íntegra, la Orquesta de Córdoba se enfrentaba a otro de los grandes programas
de la temporada, probablemente el más completo e interesante en cuanto a mero
diseño. Y es que el conjunto sinfónico cordobés se adentraba aquí en un terreno
poco complaciente: tres partituras que obligan a afinar el control del sonido y
a sostener la intención sin apoyos retóricos.
El concierto comenzó con el Requiem
para cuerdas, una de las obras más significativas del catálogo de Tōru
Takemitsu, que desde el inicio situó a la cuerda en un punto de equilibrio
entre concentración y fragilidad. La lectura se desarrolló entre la evidente
voluntad de claridad y homogeneidad en el…
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