El concierto de la orquesta Berliner Philharmoniker fue excepcional en todos los sentidos esta tarde en la gran sala auditorio de la Filarmónica de Berlín. A punto de cumplir 99 años el director Herbert Blomstedt, desplazándose en andador y con un asistente a su lado, subió al podio para dirigir con admirable firmeza y precisión la Sinfonía nº 7 en mi mayor de Anton Bruckner, única obra de la velada y quizá la más accesible de todas sus sinfonías.
Lo melódico pasa a primer plano en esta composición; las superposiciones rítmicas que complican el desarrollo están presentes al igual que en las obras hermanas, pero son mucho menos llamativas. En la temporada pasada, y con motivo del bicentenario del nacimiento de Bruckner, Blomstedt dirigió aquí la Novena con la Filarmónica de Berlín, destacando la radicalidad sonora de esta obra tardía, que…
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