Al margen de la eterna disputa sobre la mayor o menor religiosidad de la obra, lo cierto es que el Requiem de Verdi da mucho juego en las perspectivas posibles para su interpretación. Otra cuestión es la dificultad para decir algo nuevo y el riesgo de que el resultado no sea óptimo.
Aldo Ceccato ha optado por ofrecer una visión especialmente contrastada de esta misa de difuntos. La introducción (el ‘Requiem’ propiamente dicho) fue de una lentitud sorprendente; además, el maestro optó porque el coro susurrara las primeras palabras en vez de cantarlas en pianissimo como indica la partitura. Personalmente no comparto esta perspectiva, aunque la hubiera asumido mejor si el resto de los tiempos marcados como lento no hubieran llegado a suponer una caída de tensión. Es verdad que puntualmente se consiguieron efectos bellos, como durante el ‘Lux…
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