Una temporada tan extraña e intensa como la que está llevando a cabo la Orquesta Sinfónica de Castilla y León debe ofrecer, por fuerza, pequeños remansos de relax, porque la saturación de conciertos no permite a la mente estar abierta al cien por cien a ejercicios intelectuales de satisfactorios efectos pero pesadas digestiones. Juzgamos, pues, muy adecuada la programación de obras de la aceptación popular de Carmina Burana, cuyo oscuro entorno de creación ha ido diluyéndose desde finales de los años 60, como muy bien explica Maruxa Baliñas en el programa de mano, para dar paso al naturista y casi jipi disfrute de sus suculencias. Y eso que antes se programó Le gabbie de Danae, de la joven Alessandra Bellino, composición francamente bella y sugerente en sus sutiles pinceladas tímbricas, que tienen como principal espejo la lluvia de oro…
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