Noche de contrastes en el Auditorio, tanto en la temática y estilo de las obras programadas como en la interpretación de las mismas. La sesión dio inicio con el Concierto para violonchelo y orquesta nº 1, op. 107, de Dmitri Shostakovich.Enrico Dindo, el solista, nos ofreció una lectura singular de esta bella y difícil obra: sobria, rigurosa, pero no exenta de energía, dramatismo y desesperación. El violonchelista italiano hizo gala de una elocuente y portentosa técnica y un sonido delicioso (particularmente en el registro agudo, de una dulzura excepcional) embellecido por su delicadísimo vibrato. Sin duda, lo menos bueno fue la cadencia que precede al finale, en la que hubo cierta precipitación (sobre todo en el pizzicato) y las dobles cuerdas y los portamenti no fueron del todo claros. Aún así, muy poco que reprochar a este Shostakovich…
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