A Guidon Kremer le debo una. Hace algo más de un año tocó en el Palau de la Música de Valencia el Concierto de Sibelius junto a la dirección de Yaron Traub. Si la versión de la obra programada fue estupenda, el regalo que nos ofreció el solista, la Chacona de la Segunda suite de Bach, me conmovió hasta el tuétano. Diversas circunstancias impidieron que pudiera escribir entonces sobre lo que aún recuerdo con un agradecimiento estremecido: una de las más emocionantes experiencias musicales que he vivido. Quede así saldada, aunque tarde y torpemente, aquella deuda.Kremer sigue magnífico. Y eso que no es un violinista recién salido de la adolescencia ni luce una sonrisa tan angelical como perversa ni viste ajustado o transparente. Sí, al parecer, Kremer, que cumplió el pasado febrero sesenta años, no es precisamente una Lolita. A pesar de…
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