Radu Lupu llegó a Valencia convaleciente de una reciente operación. Ese fue el motivo de que suspendiera su actuación en Alicante tres días antes. Entre quienes no lo supieran, los más observadores quizá intuyeran que algo no era del todo normal en el cruce de miradas y gestos entre solista y director antes de comenzar el concierto o en el hecho de que el asiento que utilizaba el pianista tenía respaldo (algo no del todo inhabitual en Lupu). Para todos los demás, la evidencia de las anomalías se hizo patente cuando Lupu se detuvo en seco en el final del primer movimiento, manifestando gestos de dolor, aparentemente como si hubiera padecido un calambre, en la mano izquierda. Lo mismo ocurrió, por dos veces más, ya bien avanzado el tercer movimiento.Todos sufrimos con el pianista y suspiramos cuando la obra llegó a su fin. Porque a pesar…
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