Está claro que la relación de Frans Brüggen (Amsterdam, 1934) con la Real Filharmonía de Galicia va viento en popa: este año han sido dos conciertos seguidos –el de la semana pasada, a base de Johann Sebastian Bach y su prole– en los que uno y otra se han entendido estupendamente y se han aplaudido a la recíproca. Y está claro también porqué: a la orquesta le viene bien, por variar y siempre que no abuse, que se siente delante un gurú del historicismo y les haga tocar sin vibrato y con ataques ásperos en todos los atriles; y al maestro le prueba haber encontrado una nueva orquesta que absorbe sus conceptos como una esponja. Seguramente, la mejor lección que sacan los instrumentistas de la Real Filharmonía cuando tocan con Brüggen es el desarrollo de la capacidad –necesidad– de escucharse unos a otros. Brüggen cuida ese aspecto al…
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