Musicología

El clarinete antes de Weber (I): los primeros compositores

Federico Calabuig Alcalá del Olmo

jueves, 12 de julio de 2007
El empleo del clarinete en la composición e interpretación musicales fue en Alemania prácticamente inmediato tras el momento, sucedido entre 1690 y 1700, en que Johann Sebastián Denner (1655-1707), constructor de instrumentos de viento de Nuremberg, viniera a crear, a partir del chalumeau de origen francés, un instrumento de siete orificios y dos llaves en el registro sobreagudo, de unas tres octavas de extensión y lengüeta en la parte alta de la embocadura, que ya puede identificarse como el nuevo instrumento [leer ¿Maestros menores?].

La divulgación del instrumento no tendría lugar, sin embargo, hasta que entre 1710 -modificación de las posiciones de orificios y llaves que permiten más agilidad en el registro agudo por Jacob Denner (1681-1735), hijo del creador del instrumento- y 1740 -la introducción de la tercera llave por el constructor de órganos e instrumentos Fritz Barthold- fuese objeto de las mejoras que lo configurarían como un instrumento standard a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.

En la primera mitad del Settecento ya se produjeron las primeras piezas concertantes para el instrumento solista, todavía de características barrocas. Según Albert Rice (The Baroque clarinet, Clarendon Press, Oxford, 1992) existen intervenciones concertantes atribuidas al clarinete en concerti grossi publicados en fecha tan temprana como 1728, debidos al ingenio de Johann Valentin Rathberger (Oberelsbach, 1682-Balz, Coburgo, 1750). Según Rice el primer concierto para clarinete conocido fue compuesto en 1733 por el compositor italiano Giuseppe Antonio Paganello y aparece intitulado como “Concerto para clareto”, aunque Paul Everett (‘Early double clarinet concertos from Italy’ en Saxophon&Clarinet, diciembre de 1999) apunta que la particella solista es más propia de un chalumeau que de un clarinete. En contraposición, Everett apunta a dos conciertos compuestos en la década de 1720 y destinados a dos solistas como primeros conciertos conocidos, ambos concebidos para ser interpretados por el instrumento diseñado por Jacob Denner: uno de compositor desconocido y otro debido, al parecer, al trompetista y compositor Giovanni Chinzer (Florencia, 1698-1757?), también conocido con Chintzer, Ghinzer o Kinzer, miembro de la Compagnia dei Musicisti de Florencia hasta 1740.

Los compositores celebres de la Alemania de la época barroca tardía, sin olvidarse de los precedentes chalumeau, también comenzaron a experimentar con el atractivo sonido del nuevo instrumento, entonces denominado usualmente clarion por su cercanía tímbrica a la trompeta y por su similitud a la misma de la forma acampanada de la terminación de su caña o cuerpo. Tanto Georg Philipp Telemann en alguna sinfonía como Georg Friedrich Haendel y Johann Adolf Hasse en oberturas y en algunas de sus óperas respectivas, emplearon clarinetes.

Sin duda los primeros clarinetistas fueron oboístas que compaginaban la interpretación de su tradicional instrumento con la del recién creado, haciendo uso de éste cuando la composición requería su intervención. El propio Jacob Denner es el primer ejemplo entre ellos. Otros oboístas conocidos que desempeñaron el papel de primeros clarinetistas fueron el virtuoso bohemio itinerante llamado Monsieur Charles y, sobre todo, Johann Reusch, para quién probablemente fue compuesta en 1750 la primera serie conocida de conciertos en los que se encomendó al instrumento labores de solista. Estos conciertos (MWV 6), probablemente obra de encargo, se deben al prolífico compositor tardobarroco alemán Johann Melchior Molter (Eisenach, 1696-Karlsruhe, 1765), Kapellmeister sucesivo del conde de Baden-Durlach en Karlsruhe y de Eisenach.

Pero es en la segunda mitad del siglo, cuando el instrumento se configura como una de las señas de identidad del estilo galante, el momento en que el instrumento recibe un impulso definitivo, llegando su éxito a ser arrollador a finales de dicho siglo, cuando dicho estilo se transforma definitivamente en el estilo clásico vienés.

El éxito definitivo del clarinete y su extensión generalizada se produciría, sobre todo, por dos hechos: en primer lugar, la popularización de su uso por las bandas militares de todos los países centroeuropeos, de las que, como veremos, salieron notables virtuosos del instrumento; y, en segundo lugar, su consagración como instrumento individualizado de la orquesta galante a partir al menos de 1759, gracias a la institucionalización en los atriles de la Hofkapelle de Mannheim [leer La llamada ‘Escuela de Mannheim’] de la separación entre clarinetistas y oboístas en las personas de Johann Franz Hampel y Johann Michael Quallenburg, miembros de la citada Capilla.

Mannheim será, pues, el primero de los centros musicales del clarinete en el siglo XVIII, pero a dicha ciudad sucederán, siempre dentro del mismo siglo y por diversas vicisitudes, París y Berlín. Las tres ciudades marcarán el destino futuro del clarinete al ser centros de educación del instrumento y poder generar, por ello, escuela. Además de estos tres grandes polos de imanación del uso del instrumento, otras ciudades (Wurzburg, Sondeshausen, Munich, Viena...) jugarán un papel menor en su expansión, centrado fundamentalmente en haber contado en algún momento con clarinetistas residentes cuyo virtuosismo les hizo adquirir fama que les ha permitido pasar a la posteridad.

La historia del clarinete como instrumento solista y de orquesta comienza precisamente en la Hofkapelle de Mannheim. Los miembros de la misma, y especialmente su Kapellmeister Johann Wenzel Anton Stamitz (Nemecky Brot, 1717-Mannheim, 1757) [leer La llamada ‘Escuela de Mannheim’], son los primeros compositores que se esfuerzan de forma generalizada en dar protagonismo e intervención solista al instrumento. El primer concierto con papel solista asignado al instrumento que es obra de alguno de los compositores de la famosa Escuela de Mannheim, el Concierto en si bemol mayor compuesto a mediados de los cincuenta del siglo ilustrado, se debe precisamente al viejo Stamitz.

El primer clarinetista alemán relevante dedicado íntegramente a su instrumento resultó ser Jacob Tausch, histórico clarinetista de la Hofkapelle de Mannheim incorporado a la orquesta inmediatamente después de Hampel y Quallenberg y creador de una saga de clarinetistas sobre la que luego volveremos. Los miembros de la primera generación de compositores de la famosa Escuela de Mannheim [leer La llamada ‘Escuela de Mannheim’] hicieron destinatario al viejo Tausch de sus piezas concertantes para el instrumento.

Ya en la segunda etapa de la Hofkapelle de Mannheim, la correspondientes al Konzertmeister Christian Cannabich (Mannheim, 1731-Frankfurt, 1798), formaron parte de la misma otros clarinetistas de postín: además de Quallenberg y el viejo Tausch, su hijo Franz Wilhelm Tausch (Heidelberg, 1762-Berlín, 1817), clarinetista de la orquesta desde sus años mozos, Georg Friedrich Fuchs (Mainz, 1752-París, 1821) y Peter von Winter (Mannheim, 1754-Munich, 1825). Todos ellos fueron destinatarios de las piezas para clarinete creadas por los compositores de esta segunda generación de la Escuela. Entre ellas merece destacarse el famoso Concierto en si bemol mayor de Ludwig August Lebrun (Mannheim, 1752-Berlín, 1790), el famoso virtuoso oboista de la Hofkapelle, pero sobre todo las debidas a Karl Philipp Stamitz (Mannheim, 1745-Jena, 1801), hijo de Johann Wenzel Anton, quien también fue miembro de la Capilla como segundo violín durante sus años de aprendizaje en Mannheim, y que acabó siendo un consumado compositor de piezas para el clarinete. Luego volveremos sobre él.

Georg Friedrich Fuchs fue el hijo de un criado de la corte que recibió enseñanzas musicales en el colegio de los Jesuitas de Mannheim, donde diversos miembros de la Hofkapelle impartían sus conocimientos a cambio de que los alumnos más avanzados hicieran suplencias en los servicios religiosos y en las funciones de ópera de la corte. Se tiene constancia de que fue alumno del kapellmeister Cannabich. Probablemente recibió enseñanzas de clarinete de alguno de los virtuosos de la capilla, pero como no era hijo de ninguno de ellos, a los que en general se reservaban los accesits (puestos subordinados de los pretendientes a los puestos titulares), decidió probar fortuna en la milicia, formando parte y dirigiendo una banda militar del Regimiento 'Royal Deux Points' del ejercito francés, con sede en Alsacia y Lorena, a cuyo mando se encontraba el duque Christian IV von Pfalf-Zweibrücken (Bischweiler, 1722-castillo de Herschweiler-Pettersheim, 1775), notable melómano, primo del Príncipe Elector y amigo personal de Louis XV de Francia gracias a sus estancias invernales en su palacio parisino, corte de los palatinos en la Ciudad de la Luz.

En 1784, al regreso de su participación en la Guerra de la Independencia americana, Fuchs se licenció y viajó por Europa, recibiendo lecciones de Joseph Haydn en Viena. Finalmente se instaló en París donde ejerció de clarinetista, maestro y compositor, ingresando en 1795, junto con Lefèvre y Blasius -a los que inmediatamente nos referiremos-, como uno de los primeros inspectores del Conservatorio cuando éste fue creado. A él se debe, al menos, una sinfonía concertante para clarinete, trompa y orquesta, y tríos y cuartetos con intervención de su instrumento.

Por su lado, Peter von Winter, hijo de un brigadier del ejercito palatino, fue alumno en Mannheim del músico y teórico Georg Joseph Vogler (Pleichach bei Würzburg, 1749-Darmstadt, 1819), más conocido como el abate Vogler, uno de los personajes que, como veremos, más actuó como nexo de unión entre clarinetistas y compositores del instrumento, al haber sido maestro, entre otros, de Carl Maria von Weber (Eutin, 1786-Londres, 1826) y de Heinrich Joseph Bärmann (Potsdam, 1784-Munich, 1847). Winter tocó en la Hofkapelle como violinista meritorio desde la temprana edad de diez años, pero, gracias a su corpulencia, pronto lo combinó con la interpretación del contrabajo. En 1778 von Winter marchó con la Hofkapelle a Munich cuando el Principe Elector Karl Theodor fue nombrado Duque de Baviera [ver Mundoclásico 5/12/2006], teniendo en la capital bávara una carrera meteórica como director de orquesta (Vizekapellmeister en 1787, Kapellmeister en 1798), como fundador del academia musical bávara de conciertos en 1811 y como compositor de ópera y singspiel.

La historia no le deparará, sin embargo, la fortuna de ser ni el director ni el solista de los más famosos conciertos románticos para el instrumento, los que compondría en 1811 el ya citado Carl Maria von Weber, que precisamente se estrenarían por el también mencionado Heinrich Joseph Bärmann y la Capilla Real en Munich el mismo año. Von Winter se dedicó principalmente a la composición de óperas y singspiel, por lo que en su corpus compositivo figuran pocas obras destinadas a nuestro instrumento, siendo las más conocidas entre aquéllas su Concierto para clarinete, su Concertino para clarinete, violonchelo y orquesta, y su Sinfonía concertante en si bemol mayor para violín, clarinete, trompa, fagot y orquesta.

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