Me habrán leído ustedes más de una vez defendiendo el carácter secular de las sinfonías de Anton Bruckner, y recordarán que huyo como de la peste cuando alguien me vende una de estas obras pregonando dimensiones catedralicias y sonoridades organísticas. Y sin embargo, cuando conocí el programa del Festival Via Stellae de este año, me atrajo desde el primer momento la posibilidad de escuchar la Sinfonía en mi mayor en una iglesia, no tanto por la excepcionalidad de la obra –más aún en el marco de un certamen que apenas se asoma al siglo XIX-, cuanto por el morbo de comprobar cómo suena el Bruckner sinfónico en el ámbito de un templo religioso.Feliz idea, pues, la de los organizadores del Via Stellae, que otros muchos debieron compartir, pues las localidades dispuestas para el evento se ocuparon todas sin excepción (el concierto era…
Comentarios