Seis años después de su último paso por el Festival santanderino (en aquella ocasión bejo el mando de Riccardo Chailly), la Royal Concertgebouw Orchestra repitió visita, esta vez con el renombrado Bernard Haitink a la batuta, y con un programa binomial Wagner/Debussy.De este último interpretaron una versión quizás no muy poderosa ni tumultuosa de El Mar, pero sí vibrante y grande, de una brillantez tímbrica, un colorido y una respuesta orquestal apabullantes. Los Seis epígrafes antiguos -en la orquestación del compositor holandés Rudolf Escher- resultaron muy cálidos, elegantes, tremendamentes sugerentes y sensuales, en una lectura modélica en la que todos los acentos, matices, timbres y emotividad, sobre todo de la madera, fueron puestos en juego por Haitink, en una lección de refinamiento y sensibilidad.Pero previamente, la Royal…
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