Noche de gala en el Villamarta, pues compartían escenario uno de los más grandes bachianos del momento, el veterano Ton Koopman, y una joven cantante que ha demostrado en muy pocos años ser capaz de llegar a la mayor altura en el repertorio barroco, Magdalena Kozená. Una unión llena de atractivo y morbo, ya que la política de las casas discográficas (él es artista exclusivo de Erato, y ella de Deutsche Grammophon) no nos permite disfrutar de la unión de su arte más que en directo. Un gran tanto para los responsables del teatro jerezano, aunque hemos de reprocharles seriamente el haberle dado mucha mayor relevancia, en la tipografía de carteles, folletos e insertos publicitarios, a la presencia de la mezzo -sin duda gran estrella- que a la de quien es una de las figuras más respetadas y relevantes en la historia de la interpretación…
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