Con el concierto del sábado se daba cuenta del segundo de los cuatro episodios que a lo largo del mes de mayo el Palau dedica a la obra orquestal de Ravel, ciclo que, como se sabe, tiene a Lorin Maazel como único director. No pudiendo asistir a la primera entrega de la serie, y aunque no esté muy bien escribir sobre lo no escuchado, recabé informaciones solventes acerca de lo ocurrido, y éstas me aseguraron que el nivel de las versiones de La valse, Ma mère l’oye y Cuadros de una exposición ofrecidas por Maazel y la Orquesta Filarmónica de Israel (OFI) fueron de estimable altura. Por eso acudí a la cita sabatina seguro de que los músicos perdonarían mi infidelidad y me resarcirían por la ocasión perdida. Pero, vaya por Dios, mi ilusión no se llegó a saciar, todo lo contrario que la del público, que alcanzó niveles de hartazgo y casi de…
Comentarios