He aquí el pistoletazo de salida para la nueva temporada de Orquesta Sinfónica de Castilla y León, en un concierto donde pudimos gozar de un programa variado y arriesgado. El asunto empezó con la Impresión nocturna para orquesta de cuerdas, obra muy hermosa de Andrés Gaos que se inscribe, según cuentan las notas de Xoán Carreira, en la moda de componer para este tipo de formación promovida por el director y mecenas Paul Sacher. Esa música, fácil de escuchar pero en absoluto adocenada, tuvo una respuesta de la OSCYL apreciable en cuanto a afinación, pero el sonido permaneció en la superficie: le faltó más corazón y garra. Hay oficio pero no entusiasmo. Los primeros violines deberían plantearse salir de su estatismo y contagiarse por un director que tenía las ideas claras e hizo lo imposible por arrastrar a los profesores. Los resultados,…
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