De pie aclamaron los oyentes al pianista ruso, residente en Estados Unidos, Kirill Gliadkovsky, al final del magnífico recital que brindó, el domingo, en el Teatro Nacional (TN), en el segundo de los conciertos de gala del Festival de Música Credomatic. No era de extrañar, pues el desempeño de Gliadkovsky fue un derroche de virtuosismo y musicalidad: sonido pulido y graduado, ora brillante y potente, pero nunca martillado, ora suave y grácil; dedos ligeros; fraseo fluido y ligado, en un programa que combinó piezas conocidas y otras no tanto, quizá ejecutadas por vez primera en el país.Entre éstas, la pieza inicial, el difícil e imponente Preludio y fuga en sol sostenido menor opus 29, del ruso Serguei Ivánovich Tanieyev (1856-1915), en su tiempo un pianista virtuoso e importante teórico y pedagogo (Serguei Rajmáninov y Alexander Scriabin…
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