La idea de que sólo las grandes urbes son las que pueden acceder a las manifestaciones, digamos menos mayoritarias de la cultura, es una idea tan nociva como en extinción. Al menos, esa es la sensación que nos produce contemplar como Huelva, una pequeña ciudad de vida cultural prácticamente nula asiste cada año, por obra y gracia de su entusiasmado director artístico, Eduardo Polonio, a cinco días donde conciertos de música electroacústica, muestras de instalaciones sonoras, y hasta perfomances se dan cita en un oasis cultural que bien merecería mucha mayor atención.De esta forma, el ciclo Confluencias, subtitulado Arte y tecnología al borde del milenio viene a llenar la carencia que en cuanto a creación contemporánea presenta una ciudad como Huelva. Es una pena sin embargo, que a excepción de los dos periódicos locales, y de este…
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