Seguramente, el de Santiago de Compostela es un caso sinfónicamente único: en un país cuya tradición orquestal es más bien flojucha, y en una ciudad que -por más que contemos como residentes a los estudiantes y a los peregrinos- no llega a los cien mil vecinos, resulta que tenemos una orquesta de calidad notable. Cierto es que, a doce años de su fundación, a la Real Filharmonía de Galicia le sigue costando cuajar entre los compostelanos como parte cotidiana de su vida cultural -aunque también es un hecho que esa distancia se va reduciendo año a año-, posiblemente a causa de un pecado original cuya interpretación dejo a los exégetas de las escrituras más o menos sagradas.El caso es que la Real Filharmonía ofrece cada curso una amplia temporada de conciertos -ronda las dos docenas de eventos- en el Auditorio de Galicia, con una…
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