Al pobre Jean Sibelius le han caído muchos palos prácticamente desde el momento en que se murió en 1957 -e incluso antes-, y casi todos desde las vanguardias musicales que le sucedieron a lo largo del siglo XX, y aún en el siglo XXI. Tachada de conservadora y retrógrada, pasando por todos los epítetos despectivos que ustedes quieran, su música nunca ha sido bien aceptada por los gurús de la modernidad. Y el silencio del compositor en sus últimas décadas de vida -supuestamente porque el propio Sibelius se daba cuenta de que su obra ya no encajaba en aquel tiempo (aunque lo cierto es que en eso tuvo que ver el acohol y el tabaco más que otra cosa)- no ha hecho más que incrementar ese desprecio.
Por eso el concierto de esta noche tenía un doble valor reivindicativo: no es tanto que Esa-Pekka Salonen (Helsinki, 1958) como director finlandés…
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